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La Ciénaga Grande sigue enferma

Un recorrido aéreo por el municipio de Remolino (Magdalena), deja ver las afectaciones ambientales que dejaron 27 kilómetros de diques construidos de manera ilegal. A la fecha, 30 personas han sido capturadas.

Karen Tatiana Pardo

20 de diciembre de 2015 - 09:15 p. m.
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A inicios de diciembre del 2014, Parques Nacionales dio a conocer una serie de fotografías aéreas que dan cuenta de actividades ilegales desarrolladas dentro de la Ciénaga Grande de Santa Marta. Incendios forestales provocados, deforestación de grandes extensiones de tierras que luego son empleadas para ganadería y agricultura, tala y quema de mangle, maquinaria pesada y 27 kilómetros de diques o terraplenes construidos en el municipio de Remolino (Magdalena) estaban destruyendo uno de los ecosistemas más importantes del país.

Dicha denuncia puso en tela de juicio el papel de control y vigilancia de la Corporación Autónoma Regional del Magdalena, Corpamag, y la mirada pasiva y silenciosa con la que pudo haber trabajado durante los últimos 12 años la administración de Ómar Cabrera Molinares, cuestionado por irregularidades en el manejo de regalías e investigado por omisión.

“No nos alegra su retiro pero tampoco nos entristece. Lleva más de diez años en su cargo como director y han sido años de miseria y malas decisiones para nosotros”, dijo el concejal de Sitionuevo, Aníbal Silvera, durante la visita que hizo el ministro de Ambiente, Gabriel Vallejo, al municipio hace un par de semanas para hacerle seguimiento a la situación.

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Pero aquellas fotografías, que muestran una crisis ambiental que tomó ventaja, eran mucho más que eso. Detrás de ellas se escondía la incertidumbre con la que vivían y siguen viviendo cientos de familias que han visto escasear el agua y morir sus peces. Las mismas que se sienten olvidadas, que han sido víctimas de la violencia y cuyas vidas transcurren entre inundaciones y sequías que ponen en riesgo servicios fundamentales para su subsistencia, como la agricultura y agua para el consumo.

Las advertencias ya se han hecho. La directora nacional de Parques Nacionales Naturales, Julia Miranda Londoño, ha dicho que de no frenarse las actividades ilícitas dentro de la Ciénaga Grande de Santa Marta y en la Isla de Salamanca, estos dos parques podrían desaparecer en los próximos diez años dado que el deterioro ambiental sería irreversible.

A Sandra Vilardy, profesora de la Universidad del Magdalena y una de las mujeres más comprometidas con el estudio y defensa de la ciénaga, le preocupan también otros factores como la sedimentación, la erosión costera, la ganadería bufalina, la construcción de la vía La Prosperidad y de puertos y el calentamiento global que impacta directamente sobre “más de 170.000 habitantes de 11 municipios en donde el 40% tiene necesidades básicas insatisfechas”.

¿Cómo se ve la ciénaga ahora?

Desde el aire, la belleza de este ecosistema, declarado Reserva del Hombre y la Biosfera por la Unesco y sitio Ramsar, es alucinante. El agua salada proveniente del mar Caribe se mezcla con el agua dulce del río Magdalena, luego aparecen algunos riachuelos, zonas de pantano, manglares y aves migratorias.

Después aparecen los famosos diques construidos por la empresa Agropecuaria RHC, que lleva las iniciales de su dueño Rafael Hoyos Cañavera, un comerciante de Montería que, poco a poco, fue transformando a su antojo las fincas Mendegua, Mendegüita y Condazo. Hoy hace parte de los 13 condenados por delitos ambientales que van desde aprovechamiento ilícito de los recursos naturales con daño a zonas protegidas, hasta extracción de especies faunísticas para su comercialización y distribución. También hay 23 judicializados, según datos del Ministerio de Ambiente.

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En octubre, el ministro de Agricultura, Aurelio Iragorri, anunció un plan piloto para la recuperación de la ciénaga que consiste en una inversión de 6 mil millones de pesos para el recultivo de especies acuáticas y la protección del medio ambiente. El plan, que se supone ya debería estar funcionando, irá acompañado de lanchas y asistencia técnica para industrializar la pesca.Pero después de un año, llama la atención que los 27 kilómetros de diques todavía sigan en la Ciénaga Grande. También inquieta que las autoridades ambientales no se hayan percatado de estas actividades ilícitas desde mucho antes que las fotos salieron a la luz pública.

La controversia sigue

Un año después, y con la intención de verificar la información dada por Parques, el pasado 12 de septiembre Corpamag realizó un sobrevuelo por la ciénaga y logró identificar que las afectaciones ambientales también llegan a predios del Santuario de Fauna y Flora, jurisdicción de Parques, por lo que la responsabilidad sería compartida entre ambas entidades.

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Sin embargo, la directora territorial en el Caribe de Parques Nacionales, Luz Elvira Angarita, le dijo a El Espectador que no le han permitido ver la información del sobrevuelo y que “hasta el momento, no hay afectaciones dentro de los predios del Santuario en el lado oriental. Aunque, en el lado sur, se determinó que de los 27 kilómetros de diques construidos, aproximadamente, tres están dentro de la Ciénaga Medegua de manera intermitente.

Por Karen Tatiana Pardo

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