29 Mar 2020 - 12:48 a. m.

La contaminación lumínica amenaza la biodiversidad

La contaminación lumínica también provoca el declive de las luciérnagas, especie en la que la función de la luz es la búsqueda de pareja, y el exceso de luz artificial impide que se encuentren y bloquea su sistema de comunicación.

- Natalia Molina - EFE Verde

Desorientación, trastornos de la rutina, desplazamiento a otros hábitats, desajustes en la cadena trófica o mortalidad, son algunos de los efectos negativos que la contaminación lumínica provoca sobre la fauna y que hacen peligrar el equilibrio de ecosistemas y la pérdida de biodiversidad. (Lea: Las luciérnagas están en peligro de extinción: la pérdida de hábitat, principal amenaza)

La contaminación lumínica “es como un pesticida más en la práctica”, explicó Alejandro Sánchez de Miguel, astrofísico en el Departamento de Calidad del Cielo del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA). Además, se ha convertido en uno de los factores más importantes de la llamada “apocalipsis de los insectos”, es decir, la pérdida “en los últimos 25 años de alrededor del 75 % de los insectos”.

Este tipo de contaminación representa una alteración significativa en la cadena trófica al ocupar los insectos una posición intermedia, la atracción de estos hacia la luz de los burgos provoca que otras especies se trasladen fuera de sus hábitats. "Esto supone un factor de riesgo adicional” tanto para los animales como para la salud humana, ya que pueden ocasionar “plagas agrícolas o enfermedades”", aseguró Sánchez de Miguel.

Los seres vivos que han evolucionado sobre la Tierra lo han hecho “bajo un régimen de luz y oscuridad” que con la iluminación artificial se ha visto trastocado, ha señalado por su parte el biólogo de la Estación Biológica de Doñana, Airam Rodríguez, un impacto que “se empezó a estudiar en torno al 2006”. (Puede leer: Medio millón de especies de insectos se extinguirán, advierten científicos)

No obstante, “hay muchos animales de hábito nocturno que viven con alta contaminación lumínica y apenas perciben que es de noche”, ha explicado el titular en el área de Zoología de la Universidad de Valencia, Joaquín Baixeras. Sin embargo, los sistemas de navegación y sensorial, así como el ritmo cronobiológico de las especies nocturnas están adaptados a bajas condiciones de luz, según Baixeras, y el efecto “más negativo” que tiene esta clase de contaminación es “la mortalidad directa”.

Especies afectadas

En esta situación se encuentran aves como la pardela cenicienta en Canarias, concretamente en Tenerife -entre el 20 de octubre y el 10 de noviembre- se rescatan 2.800 polluelos que caen deslumbrados, contó Rodríguez, a pesar de que “se estima que esta cantidad solo representa el 60 % de los ejemplares”.

Las crías de tortuga marina se desorientan por la luz y cuando eclosionan del huevo en las playas, se dirigen hacia tierra en lugar de al mar, y muchas “acaban deshidratadas, engullidas o atropelladas”, según Rodríguez.

La contaminación lumínica también provoca el declive de las luciérnagas, especie en la que la función de la luz es la búsqueda de pareja, y el exceso de luz artificial impide que se encuentren y bloquea su sistema de comunicación. (Le puede interesar: La lucha de las aves por mantener su canto entre el ruido de las ciudades)

“Los insectos viven muy poco tiempo” y en ese periodo deben “alimentarse y reproducirse”, si se introduce “un factor de interferencia tan grande como es la luz” se les “obliga a desviar su atención hacia estos focos”, señaló Baixeras. Los polinizadores nocturnos podrían ver reducidas sus colonias, lo que afectaría a la polinización de las plantas y, con ello, se disminuiría la cantidad de frutos y semillas disponibles.

Deterioro de la biodiversidad

Rodríguez considera que esta contaminación hace “una limpieza de genotipos” con “un efecto en cascada” que conlleva “un deterioro de la biodiversidad al perderse especies, individuos y las relaciones surgidas entre los ejemplares”. La luz artificial ha provocado, asimismo, cambio de hábitos como sucede con los cernícalos primilla en la Giralda de Sevilla que alimentan a los polluelos durante más tiempo, mientras ir a cazar a los pastizales les supondría volar entre 20 y 40 kilómetros”, según Rodríguez.

Se deben adoptar medidas como alumbrar “lo esencial”, es decir “mucho menos” de la iluminación que hay en la actualidad, según Baixeras, lo que contribuiría de manera significativa a proteger la biodiversidad, aclaró Baixeras. En esa misma línea, Rodríguez apuesta por sistemas con sensores de personas y de baja intensidad, mientras Sánchez de Miguel pide apagar el alumbrado ornamental.

“Hay que reducir la cantidad de luz de forma científica” y propone la realización de “informes de impacto ambiental” donde “biólogos y ambientalistas evalúen cómo paliar este tipo de contaminación y sus efectos negativos en la pérdida de biodiversidad, concluyó. (Podría leer también: El confinamiento desploma la contaminación en Europa)

Comparte:
X