31 Aug 2018 - 3:00 a. m.

La historia detrás de las increíbles fotografías animales de Pedro Jarque Krebs

Un retrato de la majestuosa batalla entre flamencos caribeños convirtió al peruano Pedro Jarque Krebs en el ganador del concurso Bird Photographer of the Year. Con su cámara al hombro va por el mundo tratando de atrapar la cara oculta de la naturaleza.

Paula Andrea Casas Mogollón

Pedro Jarque Krebs se prepara para una de sus rutinas fotográficas. Alista su cámara —con  un lente teleobjetivo empotrado—, echa mano a una gorra y se carga de lo que más necesita en su profesión: paciencia. El escenario escogido es el zoológico de Madrid. Recorre uno a uno los rincones de la reserva. Necesita, como un paparazzi, atrapar en sus mejores poses a los animales. Serán los protagonistas de sus pinturas; busca  plasmar la fragilidad y la diversidad de las especies, sobre todo de las que están en vía de extinción.  

A su paso, un grupo de flamencos caribeños, en condición de semilibertad, se dividen en dos grupos y se preparan para pelear. Sus imponentes alas rojas toman protagonismo, sus plumas erizadas hacen exótica la batalla y sus extensos cuellos, en forma curva y enredados, sobresalen en el campo. Una nube de tierra, agua y polvo complementa el cuadro. Los sonidos que hacen son fascinantes para Pedro, quien ve la escena como un espectáculo. Se detiene a unos cinco metros y, con su dedo índice, oprime el disparador de su cámara y en un segundo toma alrededor de diez fotos. (Puede ver: Los mejores retratos del mundo animal)

El resultado de su cacería: cuatro flamencos caribeños en la mitad de un enfrentamiento, en el que sus plumas rojas contrastan con el fondo negro, y una nube de polvo y agua ambienta la escena. Los animales parecen pintados en un lienzo. Con este retrato fue ganador de la competencia Bird Photographer of the Year, que se entregó este año en Londres (Reino Unido). Además, hace un año, otra imagen de la misma serie fue reconocida por Sony como la fotografía del año.

Flamencos caribeños, fotografía con la que Pedro Jarque Krebs ganó el Bird Photographer of the Year.  / Fotos: Pedro Jarque Krebs

Pedro comenzó en la fotografía cuando tenía 15 años. Su padre le regaló una cámara, de esas análogas, que se abría en la parte de arriba y mostraba las fotos invertidas. Se sentía fascinado con poder robar un fragmento de tiempo y eternizarlo. Así como lo hizo su compatriota Martín Chambi, al plasmar la cultura de la sociedad peruana de comienzos del siglo XX. Revelando en los cuartos oscuros de la época, de manera empírica, descubrió el poder que tenían los retratos y, guiado por el trabajo del estadounidense Irving Penn, realizó los suyos.

Su sueño era montar un estudio fotográfico para animales, un espacio en el que lograran ser espontáneos. Una idea chiflada, que con el pasar de los años fue derrumbándose. Ahora, su mejor escenario son los zoológicos, los parques naturales, las reservas e incluso los santuarios. Allí trata de hacer un contacto con el hábitat de las especies y, con mucha paciencia, las vigilia. Se acerca en silencio y con mucha cautela para no perturbar. La sesión fotográfica puede durar horas, pero no se retira hasta conseguir su objetivo: plasmar las mejores expresiones de los animales. 

Desarrolló una técnica para poder emular, en sus retratos, un estudio fotográfico. El animal, aislado de su hábitat, es el protagonista. En el proceso de edición, escoge un fondo totalmente oscuro para poder resaltar sus características y biodiversidad, sin perder la naturalidad de cada ejemplar. Confiesa que las fotos más difíciles que ha conseguido capturar son las de las aves. Son muy asustadizas y, en cuestión de un parpadeo, desaparecen sin dejar rastro. 

Oscurecer el fondo para resaltar los rasgos de los animales es una de las técnicas más utilizadas por Pedro Jarque Krebs. Obra: “Maestro de flauta”.

Recorriendo el mundo, su memoria se llenó de instantes inolvidables. Como la vez que un grupo de lobos ibéricos descendieron de una montaña y, de manera estratégica, rodearon al grupo de fotógrafos que lo acompañaban. De manera jocosa cuenta que, por fortuna de ellos, los animales solo tenían curiosidad y no hambre. O, la vez que un chimpancé de un santuario le lanzó una piedra porque se sentía amenazado con la cámara.

También ha tenido tiempo de dejarse cautivar por los paisajes. De los que conoce, el que más recuerda es una zona cerca de la frontera entre China y Mongolia, en donde la temperatura subió hasta los 40 °C. El horizonte estaba cubierto de montañas de hielo, adornadas con grietas. Un lugar inhóspito y remoto. Él se sentía en otro planeta.

Para Pedro hay dos maneras de plasmar el maltrato, la extinción, y diferentes problemáticas que sufren los animales. La primera es exhibiendo la situación más adversa por la que atraviesan, exponiendo su desgracia y evidenciando la desdicha de muchas de estas especies. O la segunda, exponiendo la belleza y diversidad de la vida silvestre, generando empatía con sus graciosas expresiones y mostrando lo vulnerables que son, así muchos de ellos sean salvajes.

Obra: “La secta”. Murciélagos retratados por Pedro Jarque Krebs.

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