Imagen del cocodrilo del Orinoco en la Estación Roberto Franco, de la Universidad Nacional.
Foto: Sergio Silva Numa
El pasado 25 de diciembre, el biólogo Andrés Felipe Aponte tuvo que madrugar a recoger el cadáver de un caimán llanero en pleno centro de Villavicencio. Mientras otros dormían o celebraban, Aponte fue en su Chevrolet Vitara, herencia de su papá, a extraer el cuerpo de una hembra de unos 100 kilos. Llegó a las 6 a.m. pasadas, una hora nada inusual en su jornada de trabajo. Parqueó y se dirigió al pozo 34 para comprobar que el agitado 2025 cerraría con la muerte de un cocodrilo del Orinoco. Andrés Quirós, su colega, acudió en su ayuda: si había...

Por Sergio Silva Numa
Editor de las secciones de ciencia, salud y ambiente de El Espectador. Hizo una maestría en Estudios Latinoamericanos. También tiene una maestría en Salud Pública de la Universidad de los Andes. Fue ganador del Premio de periodismo Simón Bolívar.@SergioSilva03ssilva@elespectador.com
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