3 Jan 2021 - 2:00 a. m.

La pandemia es un síntoma, no la enfermedad

Colombia y el mundo comienzan el nuevo año en medio de tres grandes retos globales: la pandemia del COVID-19, el cambio climático y la pérdida de la biodiversidad. Los tres tienen algo en común: son un potente llamado de atención a repensar nuestra relación con la naturaleza y el impacto que estamos teniendo sobre el planeta.

Cristián Samper, presidente y CEO, Wildlife Conservation Society

El coronavirus responsable del COVID-19 tiene su origen en algún animal, por ahora las pistas apuntan a los murciélagos, y antes de saltar a los humanos debió habitar en algún hospedero intermediario. Es una zoonosis, como muchas otras enfermedades que han marcado nuestra historia. Existen miles de virus que han evolucionado en otras especies animales, que se pueden transmitir ocasionalmente a los seres humanos o animales domésticos. (Lea: La pandemia que nos cambió la vida)

¿Cómo saltó a los humanos? Las sospechas por ahora recaen en el consumo de animales silvestres en China. Se nos olvida con frecuencia que los mercados de vida silvestre existen en muchos países en Asia, África y América Latina, y muchos otros virus están esperando su oportunidad de saltar. Tarde o temprano tendremos que afrontar un COVID-23 o 25. Esta pandemia no es la primera, ni será la última, pero podemos reducir la probabilidad de que vuelva a surgir controlando el tráfico de vida silvestre y reduciendo la deforestación, ya que incrementa el contacto entre humanos, animales silvestres y virus.

Más que una enfermedad, la pandemia es un síntoma. La verdadera enfermedad es la crisis ambiental planetaria y una de sus facetas más preocupantes es el cambio climático. Es un cambio más lento y gradual, pero que tendrá consecuencias más serias que la pandemia a largo plazo. Hemos visto cómo desaparecen los glaciares en las montañas, se incrementan las sequías e incendios, cómo aumentan la frecuencia e intensidad de los huracanes. En este caso la causa principal ha sido la revolución industrial y el uso de combustibles fósiles.

Pero la segunda causa que recibe menos atención es la deforestación y la expansión de la frontera agrícola, que pueden aportar hasta el 20 % de los gases de invernadero. Por fortuna muchas naciones y empresas están tomando cartas en el asunto, y este año hemos visto nuevos compromisos para reducir las emisiones hasta la neutralidad de carbono en el año 2050 por parte de la Unión Europea y muchas naciones. Colombia no aporta tanto al problema, pero sufre las consecuencias y puede ser una parte importante de la solución. Debemos promover el uso de energías renovables, reducir la deforestación y promover las soluciones basadas en la naturaleza. (Puede leer: Camilo Solano, un músico tratando de entender la pandemia)

La pérdida de la biodiversidad es la otra faceta preocupante de la crisis ambiental. Colombia cubre menos del 1 % de la superficie terrestre y marina del planeta, pero alberga más del 10 % de las especies conocidas. Somos un país megadiverso y esta riqueza natural es nuestro gran patrimonio y una ventaja comparativa para el futuro. Un informe reciente de expertos convocados por las Naciones Unidas indica que podemos perder un millón de especies este siglo. Nuevamente la causa principal es la deforestación y la transformación de hábitats, así como la sobreexplotación y el cambio climático. Nuestra gran biodiversidad es una gran responsabilidad, no solo con el futuro de Colombia, sino con el planeta. Tenemos que proteger los ecosistemas naturales a través de áreas protegidas, reducir las tasas de deforestación, transformar los sistemas de producción agrícola y consumo de alimentos, y reducir el cambio climático.

El año 2021 va a ser crucial para afrontar la crisis ambiental más allá de sus síntomas y, por tanto, una oportunidad para cambiar el modelo de desarrollo. En el plano internacional, tenemos dos encuentros globales que pueden trazar una nueva ruta. La reunión de la Convención sobre Diversidad Biológica de las Naciones Unidas tendrá lugar en China y la reunión preparatoria se llevará a cabo en Colombia, en la cual se adoptarán las nuevas metas globales para la próxima década. Colombia puede liderar este proceso y mostrar sus propios logros, retos y compromisos a futuro. La segunda reunión clave es la de la Convención de Cambio Climático que se llevará a cabo en Glasgow, en noviembre, en la cual se presentarán los nuevos compromisos nacionales para reducir las emisiones. El reciente compromiso de Colombia para reducir las emisiones en 51 % para el 2030 es una meta importante que requerirá el compromiso de muchos sectores de la economía.

Pero además de los compromisos globales, necesitamos compromisos personales y soluciones locales. Cada uno de nosotros puede aportar a estas soluciones a través de nuestras decisiones: los alimentos que consumimos, las cosas que compramos, el transporte que utilizamos, los lugares que visitamos, los líderes que elegimos a través de nuestros votos. Necesitamos construir un modelo de desarrollo distinto, en que el ambiente sea un eje central, en el que podamos construir ciudades más sostenibles, promover la bioeconomía, acelerar la transición a energías renovables y proteger la biodiversidad de Colombia. Es nuestro gran patrimonio y un aporte al cambio climático y a prevenir la próxima pandemia. (Le puede interesar: Fernando Ruiz y Martha Ospina, líderes de la pandemia)

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