Mientras el año pasado se deforestaron un poco más de 100 mil hectáreas de bosques en el Amazonas, grupos de científicos, organizaciones y comunidad campesina trabajan en contra reloj para sacar adelante iniciativas que protejan los ecosistemas y les brinden posibilidades de vida justa. Varias de ellas tienen como protagonista al cacao, que usamos en el desayuno, en el postre y hasta en mascarillas. (Lea Oladosu Adenike, la activista africana que lucha por la justicia climática)
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Sin embargo, hoy Colombia apenas está entre el el top 10 de los productores mundiales muy por debajo de Brasil o Ecuador. Por eso, en la COP 26, que se realiza en Glasgow (Escocia), se han discutido proyectos que unen certificaciones internacionales, procesos comunitarios y ciencia para convertir a nuestro país en una potencia de cacao. (Lea Calentamiento global alcanza niveles “sin precedentes” en los últimos 24.000 años)
Parece una oportunidad ahora que los países que lideran la producción como Costa de Marfil, Ghana o Indonesia están enfrentándose a un problema: la degradación de suelos. ¿La razón? Apostaron por dinero rápido sacrificando bosques, es decir, deforestaron miles de hectáreas para aumentar la producción.
Wendy Arenas es una de las abanderadas en América Latina en potenciar esta materia prima. Lleva años intentando convencer a los campesinos de zonas cercanas al Amazonas para que cultiven cacao en el modelo agroforestal, es decir, acompañado de otras plantas para construir corredores biológicos, proteger el agua y poder cobrar bonificaciones en los mercados internacionales gracias a esto y reemplazar, entre otras, la siembra de hoja de coca.
Una de esas iniciativas arrancó con la firma del acuerdo de paz, se llama Cacao, Bosques y Paz apoyada por The World Cocoa Foundation, The Food and Land Use Coalition y Tropical Forest Alliance. Casi el 90% de la industria cacaotera del país hace parte de la iniciativa que busca “identificar cuáles eran esas alternativas productivas sostenibles que se podían empezar a implementar en los municipios, que hoy llamamos PDET (Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial) “, explica.
En la COP 26 se han presentado las cadenas de valor que se están implementando para el cacao colombiano. En el Amazonas, cuenta Arenas, el único producto que cuenta con una de estas cadenas es la cocaína pero poco a poco se ha ido fortaleciendo el proceso que nace con unos productores empoderados que siembran de manera sostenible, unos compradores que pagan un precio premium por la calidad del producto y un acompañamiento técnico y científico para aplicar las mejores prácticas. Prefieren contar con menores extensiones de producción pero en mejores condiciones. La diferencia la paga un comprador comprometido con este tipo de procesos.
Para demostrarlo existen las certificaciones internacionales como la de Rainforest Alliance, la cual asegura la trazabilidad del producto. Para Mauricio Galindo, director en Colombia de esta organización, el cacao no solo debe ser exquisito, verde, agroforestal sino que debe demostrar que no deforesta. Se trata de un proceso de empoderamiento de las comunidades para pensar en el largo y no en el corto plazo. Aunque suena fácil ha llevado años y múltiples recursos de cooperación nacional e internacional para posicionar un producto que, dicen ellos, es de lujo así en Colombia parezca convencional.
La genética del cacao
En el Amazonas hay información escondida esperando a ser encontrada antes de que sea demasiado tarde. Por eso el proyecto Grow Colombia, financiado por el Reino Unido, lleva un poco más de tres años analizando el cacao desde una perspectiva científica y otra económica.
Martha Vives es docente de la Universidad de Los Andes y coinvestigadora del equipo de Grow que está estudiando la genética del cacao. Comenta que el cuello de botella de este árbol es lo poco que sabemos sobre su biodiversidad ecológica. En la venta comercial se utilizan unas pocas variedades pero en América Latina y puntualmente en el Amazonas se sabe que están los hermanos, primos y familiares lejanos del cacao que consumimos a diario y es posible que guarden secretos que pueden ayudarnos a mejorar la producción.
“Con esta presión tan grande que hay sobre el Amazonas sabemos que esa diversidad podría llegar a perderse, entonces este es un esfuerzo grande por conocer y preservar. El cacao cultivado hoy en día tiene algunos problemas como la resistencia a enfermedades y la absorción de cadmio”, ambas situaciones que ponen en alerta a la producción nacional, comenta la científica.
Ella y el equipo lograron recoger 280 muestras de 45 especies diferentes en colecciones biológicas nacionales e internacionales, todas de la misma familia, Theobroma. “Logramos recolectar representantes de toda la diversidad de la tribu, las 45 especies que la representan. El primer paso era contar con muestras de tejidos de cada una para luego poder empezar a extraer el ADN y caracterizar los genes que pueden ser de interés para resistencia a patógenos y el metabolismo del cadmio”, dice Vives.
La economía del cacao
Entre estos esfuerzos, hay otro actor que tiene un importante papel: la Tropical Forest Alliance (TFA), una plataforma que promueve el diálogo entre el sector privado, los gobiernos y las organizaciones de la sociedad civil para movilizar la acción a una economía de bajo impacto y fortalecer las cadenas de valor de, entre otros productos, el cacao.
“Nosotros tenemos que entrar durísimo y ser más ambiciosos. El mundo debe tener cacao solo en arreglo agroforestal y nosotros no estamos sacando ventaja donde ya la tenemos”, comenta Arenas.
Pero realmente, ¿qué tanto estamos dispuestos a cambiar para proteger el medio ambiente y apostarle a un tipo de producción distinto?
Para Silvia Ferrini, docente de la Universidad de East Anglia y Universidad de Siena e integrante de Grow Colombia y su equipo, después de superar múltiples dificultades para acceder a los datos de producción de cacao en el país (algunas empresas y cooperativas les decías daban una respuesta negativa a su propuesta), lograron acceder a la información de 275 campesinos de Montes de María. El objetivo era conocer si estaban dispuestos a pagar el costo de una producción más verde al disminuir su producción y recuperarlo a través de apoyos gubernamentales o primas premium de los mercados.
“Revisamos número de trabajadores, uso de pesticidas y encontramos que la producción en Colombia sigue siendo muy tradicional, lo que es genial para la biodiversidad. En Montes de María no han cambiado a monocultivo de cacao, entonces hay una mezcla de bosques salvajes, y ese es nuestro modelo, el modelo agroforestal”, dice Ferrini. Además, encontraron que con las plantaciones con modelos agroforestales aumentan en cuatro o cinco puestos de trabajo por finca,
Los datos que hallaron indican que la pérdida al aplicar este modelo (que cuida los suelos y hace más resiliente al sistema ecológico en general) es de unos 16 kilogramos de granos de cacao por año, lo que equivale a una compensación de unos 100 mil dólares, aproximadamente.
“Pero el potencial de captura de carbono que tienen los bosques que se plantan con el cacao y la vida salvaje que se mantiene; eso es una compensación muchísimo mayor. Entonces se deben pensar en mecanismos para equilibrar la economía de los productores”, asegura.
Para Ferrini la guerra en Colombia cuidó los bosques, por lo que la mayoría está como hace 50 años. Por eso necesario utilizar el conocimiento acumulado en ese tiempo para tomar mejores decisiones y no repetir los mismos errores que otros.
*Docente de la UManizales. Enviado especial del proyecto GROW Colombia, financiado por el Global Challenges Research Fund como parte del año UKCOL 2020 - 2021.