La ruta para reducir nuestro CO2

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Detrás de la propuesta para disminuir 20% las emisiones de gases a 2030, hay un riguroso trabajo científico que muestra alternativas para lograr la meta. El Gobierno decidirá si las acoge.

A principios de esta semana el presidente Juan Manuel Santos y el ministro de Ambiente, Gabriel Vallejo, dieron a conocer una noticia que el país estaba esperando hacía meses y que será clave en la planeación de nuestro desarrollo en las próximas dos décadas. Colombia, dijeron, se compromete a reducir el 20% de sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) para 2030. Su propuesta se sumará a las intenciones que ya han presentado varias naciones ante la ONU antes de que arranque la convención de cambio climático en París en diciembre. Suiza, por ejemplo, se comprometió con una reducción de 40%, México con una que oscila entre 25% y 40% y Estados Unidos con una de 26%.
 
Para explicar por qué Colombia optó por lanzar ese número, Eduardo Behrentz, decano de Ingeniería  de la Universidad de los Andes, traza a un plano con una curva ascendente que tras alcanzar su pico vuelve y desciende. En la punta, cuenta, están los países desarrollados como Japón y EE.UU., que tienen una economía consolidada y a su vez emiten altas cargas de GEI.
 
“Eso lo que evidencia es que el desarrollo económico genera bienestar, pero inmediatamente produce demanda de energía. Y cuando se consume energía se produce CO2. Es inevitable. Siempre hay una carga ambiental. Pero economías fuertes como la japonesa ya lograron estabilizarse. Entonces pueden crecer, pero al tiempo disminuir sus emisiones. La mala noticia es que Colombia apenas está en la mitad de la línea que asciende. Es decir, está desarrollándose y eso implica producir más contaminación”, dice.
 
Behrentz, ingeniero civil y Ph.D. de la U. de California, dirigió el estudio que encargó el Minambiente para saber cuál compromiso presentar en la convención climática de diciembre y que crea una ruta para quebrar esa dinámica desarrollo/emisión de CO2. Junto a él participaron varios profesores de las facultades de Ingeniería y Economía, estudiantes, funcionarios del Ministerio y el Ideam y representantes de varios sectores productivos. En total, más de 200 personas han estado reuniéndose desde 2011 para saber hacia dónde debe mirar el país en los próximos 20 años si quiere evitar que el cambio climático le coja ventaja.
 
Para planear esa meta de manera consensuada (que el Gobierno llamó Estrategia Colombiana de Desarrollo Bajo en Carbono) estuvieron reuniéndose esos cuatro años con cuatro actores de la economía nacional: el agropecuario, el de residuos, el energético y el de transportes, representados por asociaciones como Fedegán, Asocaña, Asoplásticos, Emgesa, Codensa, Fedepapa, Colmotores, Fedearroz y varias universidades y entidades como la Unesco y el PNUD.
 
Tras varias discusiones crearon un inventario del CO2 que emitió cada uno en 2010 y trazaron un plan para disminuir esa cantidad en 2040. “Usamos las metodologías del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) e hicimos talleres y mesas de conciliación. Entonces podíamos tener un representante del gas natural sentado frente a un activista de la bicicleta. Con ellos planeamos el futuro e identificamos las medidas factibles que puede tomar cada sector”, cuenta Behrentz.
 
Saltándonos los detalles técnicos y las ecuaciones matemáticas, los investigadores crearon unas nuevas curvas (llamadas MACC), que muestran el costo/efectividad de la diferentes opciones de mitigación. Y bajo un escenario pensado en 2040, donde posiblemente Colombia crezca 4% anualmente y la población alcance los 60 millones de habitantes, le dijeron al Gobierno y a cada actor qué debe hacer.
 
Por ejemplo, para el caso del gremio agropecuario, que es el que más emisiones de CO2 genera en el país, debe pensar, entre muchas otras cosas, en hacer un pastoreo racional, en implementar mejores prácticas de fertilización, en hacer una micronivelación en los cultivos de arroz. De no hacerlo, las 60 millones de toneladas de CO2 que hoy produce se transformarán en más de 90 millones de toneladas. El 90% del total lo origina la actividad ganadera, por la fermentación entérica y las emisiones asociadas al estiércol.
 
Para el caso del sector de residuos, que es el segundo que más daño causa al medio ambiente, las fuerzas se deben concentrar en reciclaje. Compostaje, aprovechamiento energético de residuos sólidos y generación eléctrica con biogás de aguas residuales, son algunas de las medidas que Behrentz y su grupo acordaron con las diferentes asociaciones.
 
Lo mismo sucedió con los sectores de petróleo y gas (que incrementarán sus emisiones de 9 millones de toneladas a 17 millones), con el de transportes (que puede pasar de 25 millones de toneladas de CO2 en 2010 a 65 millones en 2040) y con la industria que, esencialmente por la producción de cemento, pasará de 20 millones de toneladas a 75.
 
En suma, como lo dice el documento base que produjo la U. de los Andes, si el Ministerio no se pone las pilas con este tema y no crea políticas de mitigación más ambiciosas que las existentes, en 2050 tendremos emisiones 50% mayores que los niveles actuales. Si por el contrario les presta atención a las recomendaciones, puede dar un paso notable en la región, acorde con sus promesas. Podría, por poner solo una muestra, reducir el 47% de las emisiones de gases de efecto invernadero entre 2010 y 2040.
 
Claro: como dice Behrentz, la estrategia también implica evaluar cuál proceso de mitigación se elige para tener victorias más tempranas, porque muchos, como el del ganado, requerirían procesos inconmensurables. Pese a eso, asegura, el 50% del potencial de mitigación son medidas de costo negativo, es decir, generan ahorros tras hacer una inversión.
 
El tiempo mostrará si este esfuerzo valió la pena y que no, como dijo Samantha Smith, cabeza de WWF, luego de la COP de Lima, se desaprovecha todo el optimismo político y las metas se quedan en promesas. 
 

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