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Lima cambia de paisaje con la COP20

Así se vive una cumbre de cambio climático por dentro.

Lisbeth Fog desde Lima

06 de diciembre de 2014 - 07:24 p. m.
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Cada 15 minutos, doce buses ubicados en cada uno de los seis puntos de encuentro de Lima, Perú, transportan a los participantes de la Cumbre del Clima al ‘Pentagonito’, el Cuartel General del Ejército donde se desarrolla el evento que reúne a más de 10.000 delegados del mundo. Son buses confortables que andan con petrodiesel... no bio. Es un servicio de 24 horas, porque las negociaciones van hasta tarde y siempre son muchos los kilómetros recorridos.

El evento ocurre dentro de inmensas carpas blancas que actúan como invernaderos, como prediciendo lo que sucederá durante el resto del siglo, si no tomamos medidas. Son grandes salones que ocupan 90 mil metros cuadrados de las instalaciones militares, construidas en un tiempo record de seis semanas –según contó Christiana Figueres, secretaria ejecutiva de la Conferencia de las Partes del Convenio Marco de NNUU sobre el cambio Climático. Ella lo llamó valentía… ¿Sería que el dinero llegó tarde –como ocurre frecuentemente en nuestros países- o fue simplemente improvisación?

Lleno de orgullo, el actual presidente de la COP20, ministro de ambiente del Perú, Manuel Pulgar-Vidal dice que su país “es el sitio donde todas las voces serán escuchadas”. Promete inclusión en las discusiones, razón por la cual, en el Jockey Club se realiza la conferencia paralela Voces por el Clima, que refleja la diversidad de iniciativas en cambio climático, específicamente en los temas priorizados en la agenda de América Latina: bosques, montañas y agua, océanos, energía y ciudades sostenibles.

Y más allá, en el centro de Lima, a partir del 8 y hasta el 11 de diciembre se reúnen los movimientos y organizaciones sociales, de trabajadores, campesinos, indígenas, mujeres, ecologistas, algunos de los cuales ya se han visto en los salones de la COP20 exponiendo experiencias y vivencias.

El jefe de la federación del pueblo amazónico Shawi, Ely Tangoa Lancha, por ejemplo, tuvo espacio para denunciar la tediosa tramitología para lograr la titulación de sus tierras, necesaria para defenderse de las grandes empresas que en el norte del Perú, departamento de San Martin, siembran sus cultivos. “El territorio es fuente de vida, es nuestro hermano, es esencial para nuestra identidad. No es una mercancía”, dijo. Y denunció a la empresa de palma aceitera que invade sus cultivos de pancoger.

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En la semana previa a la COP, 900 jóvenes líderes de todo el mundo se reunieron en la COY10, y esta semana, en una de las sesiones de la COP entregaron sus reflexiones de viva voz. “La juventud es el agente del cambio”, es su lema. Reclaman ‘cero deforestación’ y reducir a 1.5 grados la meta y que sea incluso para el año 2050. Las reflexiones “que nos presentan los jóvenes demuestran madurez”, cerró la sesión el viceministro de ambiente del Perú, Mariano Castro. Y si bien en cada COP tienen más presencia, ¿les harán caso los negociadores?

En “el encuentro más numeroso jamás realizado en la ciudad”, Pulgar-Vidal aprovecha para anunciar que a partir de este año, el 8 de diciembre se conmemorará el Día Redd+ y el 11 el Día de la Acción Climática en Lima. Figueres, más ‘paisajista’ advierte: “de Lima deben surgir las “líneas de acción del cambio climático, tan imborrables y perdurables como las líneas de Nazca”.

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Acción es lo que se necesita en Lima para avanzar y llegar a París más fortalecidos. En eso ha insistido el presidente del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, (IPCC), Rajendra Pachauri, con base en los resultados del Quinto informe: al paso que vamos, no lo vamos a lograr porque desde 2010 a hoy, las emisiones de efecto invernadero han aumentado más que en las pasadas tres décadas, dato escalofriante, porque bastantes advertencias y voces de alarma se han alzado.

En seis semanas, después de terminado el evento, la prefabricada infraestructura habrá desaparecido y el ‘pentagonito’ será de nuevo un cuartel de la inteligencia militar... Aquí no ha pasado nada. Pero rumbo a París 2015, el reto es avanzar y consolidar las bases de un acuerdo por el bienestar de los hoy jóvenes y niños, como reclamó el joven representante de Colombia, Mateo Botero. 

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Por Lisbeth Fog desde Lima

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