23 Jul 2020 - 10:00 p. m.

Listo el primer atlas de primates de Colombia

Gracias a más de 1.900 registros captados por científicos y ciudadanos durante cinco años, el Instituto Humboldt publicó un documento que muestra cuál es la situación de los micos del país. Hoy hay 38 especies, diez de ellas endémicas. Varias están en algún grado de amenaza.

Sergio Silva Numa / @SergioSilva03

Cada vez que el Ministerio de Ambiente y el Ideam presentan las cifras de deforestación en Colombia reviven las preocupaciones por la gran cantidad de bosque que pierde el país. Pero es difícil imaginar qué esconden esos números que se repiten año tras año. Una buena manera de entender la dimensión del problema es dirigir nuestra atención a los parientes más cercanos que tenemos los humanos en el reino animal: los primates.

En Chocó, por ejemplo, donde creció más la tala ilegal en 2019 (más de 14 mil hectáreas), vive la marimonda del Chocó (Ateles fusciceps). Hoy está en peligro crítico de extinción. En el sur de Caquetá, el departamento más deforestado del país, está el mico bonito del Caquetá (Plecturocebus caquetensis). También está en peligro crítico. Es además endémico: únicamente está en Colombia y habita un territorio que no forma parte de ningún área protegida. Es como cargar una condena, dice desde Vancouver, Canadá, Francisco Henao.

Saber con precisión que ese primate está en serios aprietos, como el tití cabeciblanco (Saguinus oedipus), que se mueve entre el Caribe y el Darién, o que Cauca es el departamento en el que hay mayor número de especies de micos, implicó un esfuerzo de casi cinco años. El resultado fue presentado ayer por el Instituto Humboldt: el primer Atlas de primates de Colombia.

Henao es biólogo y candidato a doctor en zoología en la Universidad de British Columbia (Canadá). También es miembro de la Asociación Primatológica Colombiana y fue quien coordinó ese trabajo en el que participaron científicos, estudiantes y ciudadanos, quienes aportaron datos y registros desde diversas partes del país. Tiene una buena manera de resumir esa titánica tarea: “Hicimos ciencia abierta, transparente y colectiva”.

En números eso quiere decir que cientos de personas ayudaron a robustecer una base datos sobre los micos de todo el país. Reunieron 1.913 registros nuevos que fueron reunidos en SiB Colombia, el portal donde se encuentran la mayoría de registros biológicos de las especies. Luego, con ayuda de modelos matemáticos en los que cruzaron variables como temperatura, precipitación o cobertura de la tierra, construyeron unos mapas de distribución que, poco a poco, fueron refinados por primatólogos que han estudiado por años estos animales. “BioModelos” es el nombre de ese sistema colaborativo que permite trazar la distribución de determinadas especies.

Tras ese trabajo hay una larga lista de nombres, imposible de condensar en un párrafo. Se trata de las grandes ligas de la biología y la primatología: Thomas Defler, quien lleva más de cuatro décadas estudiando los micos colombianos y hace 10 años hizo la primera compilación de las distribuciones; Pablo Stevenson y Andrés Link, investigadores de la Universidad de los Andes; Claudia Castillo-Ayala y Scott Nielsen, de la Universidad de Alberta (Canadá); Xiomara Carretero-Pinzón, del Proyecto Zocay; Diana Guzmán-Caro, de la Asociación Primatológica Colombiana, y Jorge Velásques-Tibatá, de The Nature Conservancy.

“Lo valioso de este trabajo es que participaron múltiples actores y combinamos el conocimiento humano con técnicas de machine learning. Así pudimos definir dónde se concentran las especies de primates, que es una herramienta muy valiosa para la ciencia. También es útil, por ejemplo, para identificar cuáles son las especies que tienen mayores dificultades o cuáles podrían priorizar las autoridades ambientales”, explica Elkin Noguera, PhD en ciencias biológicas y coordinador de BioModelos del Instituto Humboldt.

Las principales dificultades, en pocas palabras, son cuatro: la expansión de la frontera agropecuaria, la expansión de infraestructura, la explotación de minerales y la extracción de madera. En otras palabras, las 38 especies que hay en Colombia (10 de ellas endémicas) dependen exclusivamente de la conservación de bosques y selvas.

Sin embargo, las noticias no parecen alentadoras. “El atlas nos muestra que la pérdida del área de distribución de los primates endémicos es un patrón recurrente en los departamentos. Algunas de ellas han perdido entre un 8 y 68 % de su distribución potencial y natural en el país”, dice Noguera.

El atlas también revela otro desafío. Como apuntan Henao y Pablo Stevenson en la introducción, pese a que han habido grandes avances en el conocimiento de los primates colombianos, aún hay grandes vacíos. La muestra es que para más de la mitad de las especies se han publicado menos de 10 estudios. Eso contrasta con lo que ha sucedido con dos de las más populares: el Mico churuco (Lagothrix lagothricha), que está en toda la Amazonia, y el aullador rojo (Alouatta seniculus), que se puede encontrar en casi todo el país. Para cada una de esas especies se han hecho más de 100 publicaciones.

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