16 Sep 2015 - 10:53 a. m.

Los estragos de la sequía en el país

Cuando aún faltan seis meses para que el fenómeno de El Niño llegue a su fin, en 300 localidades ya hay racionamiento de agua y en algunas ciudades hay cortes parciales de luz.

Jesús Fragozo Caro, Fabio Posada Rivera, Olga Garzón Roa

No llueve en el Caribe 
AÑORANDO LA LLUVIA
 
Édinson Romero (37 años) ha perdido dos hectáreas de fríjol y dos de maíz. Él es un campesino de Codazzi, municipio del Cesar, que desde hace cuatro años reside en una finca de la vereda El Milagro, en la serranía del Perijá, y ha padecido los efectos del invierno y la sequía. “En 2010, cuando llegué con mi esposa y mis tres hijos, la lluvia acabó con todo; pero hace más de un año que no cae una gota de agua. Estoy tratando de salvar parte del cultivo de café”, dice.
 
Así como en Cesar, La Guajira y el Atlántico padecen condiciones secas por los efectos de El Niño, asegura el meteorólogo del Ideam Daniel Usuche. Los niveles de agua de los ríos Magdalena, Aracataca y Ranchería —mientras tanto— han disminuido, según la hidróloga María Constanza Rosero.
Germán Ipuana (57) es un indígena wayuu que afirma que desde hace más de tres años no llueve en La Guajira. Él y su familia sobreviven gracias a un pozo que, a duras penas, abastece a más de 50 personas que forman parte de la comunidad La Playa, en Maicao. “He perdido cultivos de yuca, maíz y ahuyama, y también animales. Me toca vender chivos flacos para conseguir plata, mientras el Gobierno se hace el de la vista gorda”, sostiene Ipuana.
 
“El país todavía no se ha tomado en serio El Niño, porque no hay un plan para mitigar los efectos. Las autoridades esperan a que ocurra el fenómeno para empezar a actuar, cuando se supone que ya deberíamos convivir con El Niño”, agrega Iván León Luna, experto en oceanografía y geología de las costas y catedrático de la Universidad del Atlántico.
La sequía, sin embargo, no sólo afecta a los campesinos. En Valledupar, por ejemplo, la temperatura llegó a 40 grados durante ocho días de agosto; fue la ciudad más caliente de todo el país el mes pasado, según el Ideam. “En algunos municipios del Cesar, como en El Copey, La Jagua de Ibirico y La Paz, hay alerta roja por incendios forestales”, dice el director de la Oficina de Gestión del Riesgo de ese departamento, Juan Felipe Bermúdez. En La Guajira no llueve desde hace tres años; los jagüeyes están resecos. Y en Atlántico, Bolívar y Magdalena hay riesgo de desabastecimiento de agua.
 
En el Valle del Cauca 
CORTES DE AGUA, INCENDIOS Y LA ENERGÍA MÁS CARA
 
La intensa ola de calor por el fenómeno de El Niño, que, según el Ideam, se prolongará hasta marzo del próximo año, afecta el Valle del Cauca y su capital, famosa por la definición que hiciera de ella el poeta Eduardo Carranza: “Cali es un sueño atravesado por un río”. Debido a las fuertes temperaturas, hay quienes dicen que el sueño se está convirtiendo en pesadilla.
Una de las afectaciones más sensibles es el aumento en las tarifas de energía, especialmente en Cali, donde el alcalde, Rodrigo Guerrero, denunció una posible estrategia de especulación de la cual sería víctima la ciudad por parte de los generadores energéticos.
 
Su queja se desprende de una vieja debilidad estructural de Emcali, la empresa de servicios públicos de la capital vallecaucana que provee telefonía, agua y energía a buena parte del área metropolitana conformada por los municipios vecinos: Jamundí, Candelaria, Palmira, Yumbo y Dagua. La entidad vendió su participación accionaria en varios proyectos de generación de energía y se quedó por fuera del negocio.
 
Por esa razón, de la energía que comercializa Emcali, el 70% lo compra a largo plazo y el 30% restante sale a conseguirlo en la bolsa, lo que la expone a la fluctuación de los precios que están sujetos al comportamiento del mercado.
 
Debido al prolongado verano, las generadoras de energía han subido significativamente los precios del kilovatio que venden. Según Emcali, en los primeros meses de 2015 compraron a $200 el kilovatio, pero con el paso de los meses y la disminución de las lluvias, el mismo kilovatio cuesta ahora $260, lo que obligará a subir la tarifa que pagan los caleños a partir de octubre.
Por su parte, en Ansermanuevo, Restrepo, San Pedro, Sevilla, Toro y Vijes, fue declarada la alerta roja en agosto y empezó a aplicarse racionamiento de agua por seis horas diarias para contrarrestar la disminución de las fuentes hídricas.
 
Acuavalle, la empresa encargada de la prestación de servicios públicos en 33 de los 42 municipios del departamento, informó que debió aplicar este plan de contingencia porque la escasez en dichas zonas afecta a 30.000 personas.
 
Si el fenómeno de El Niño continúa en ascenso, las poblaciones que dependen del Sistema de Abastecimiento Regional de Agua Potable del Norte del Valle del Cauca, Sara Brut, también quedarían perjudicadas. Este depósito artificial, que no está lleno al tope sino en una cuarta parte, sirve a Bolívar, Roldanillo, Zarzal, La Unión, La Victoria, Obando y el corregimiento de Ricaurte. De ser necesario racionalizar el agua también en esa zona, unas 200.000 personas se verían afectadas.
 
Humberto Swann, gerente de Acuavalle, dijo que el plan por ahora “no es aumentar el tiempo de racionamiento, pero, si la situación empeora, se prevé una segunda etapa de contingencia en la que parte del suministro comenzaría a hacerse a través de carrotanques”.
 
El río Meléndez, por ejemplo, que provee de agua a más de 300.000 personas, registra un caudal de 400 litros por segundo, cuando históricamente suele tener 1.200 litros por segundo. Pero si la falta de agua agobia a los caleños y vallecaucanos, los incendios forestales no dan tregua en la región. En el Valle, sin incluir Cali, ya van 1.380 hectáreas quemadas. Los incendios más preocupantes se han registrado en Medio Dapa (Yumbo) y en la zona rural de Florida.
 
La sequía golpea fuerte en Tolima
“RECUPERAR LA TIERRA LLEVARÁ MÁS DE 20 AÑOS”
 
Muere el ganado y hay desabastecimiento de agua. Según el Ideam, este departamento y La Guajira han registrado las temperaturas más altas del país.
 
El Tolima está que arde. El fuego ha consumido 12.599 hectáreas de bosque tropical, de las cuales 800 corresponden a cultivos, principalmente de café, caña, aguacate, maíz y cacao, y 4.000 hectáreas a pastos. El 80% de los 2.053 incendios forestales se han registrado en los dos últimos meses, según el director del Comité Regional para la Prevención y Atención de Desastres (Crepad), Eduardo Rodríguez.
 
El coordinador de la Unidad Regional de Desarrollo Ganadero de Fedegán, Javier Guzmán, dice que hay preocupación en el sector, pues a la fecha hay 65 animales muertos, 2.500 desplazados y una disminución del 50% en la producción de leche. “En Tolima se producen 400.000 litros diarios, pero ahora vamos en la mitad”.
 
Por esta razón se han tomado algunas medidas, como la instalación de dos bodegas (en Purificación e Ibagué), a través de las cuales se van a subsidiar suplementos alimenticios para el ganado. Actualmente hay 250 toneladas de comida, pero se está solicitando al Gobierno ampliarlas a 3.200, que soporten hasta enero de 2016.
Una de las personas que han sufrido en carne propia la situación es Cecilia Torres, quien cuenta que ha perdido nueve vacas y tiene otras que pueden tener el mismo destino. “Tal vez me las lleve para otro lugar, porque se me están muriendo”, asegura.
 
La ola de calor afecta los 47 municipios del departamento, pero los más perjudicados son El Espinal, Carmen de Apicalá y Ortega. “A mí se me perdió una hectárea de maíz. Ese era mi plante para subsistir en este segundo semestre. Ahora no sé qué hacer. Fuera de eso me tocó prácticamente regalar las tres vaquitas que tenía porque tampoco hay pasto”, dice Rubiel Mendoza, un campesino de El Espinal.
 
En Coyaima, los indígenas han incinerado el ganado muerto debido a la cantidad de cadáveres. Otra parte del ganado se ha vendido. “Es mejor venderlo barato que dejarlo morir de hambre”, dice Aparicio Ducuara, del resguardo de Amayarco.
 
Todo esto, unido a un posible desabastecimiento de agua, llevó a que los alcaldes de El Espinal, Cunday, Dolores, Alvarado, Herveo, Armero, Líbano, Lérida, San Luis, Valle de San Juan, Carmen de Apicalá, Villahermosa y Chaparral declararan la calamidad pública, lo que les permitirá acceder a recursos económicos nacionales e internacionales y hacerle frente al verano.
No obstante, recuperar la tierra dañada llevará más de 20 años, según el director de la Corporación Autónoma Regional del Tolima, Jorge Cardozo, quien advierte que el departamento está soportando un daño enorme de carácter ambiental.
 
El gobierno regional, en cabeza del gobernador Luis Carlos Delgado Peñón, solicitó apoyo al Gobierno Nacional por $1.200 millones a corto plazo y $7.800 millones para restaurar las hectáreas afectadas a largo y mediano plazo.
 

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