4 Jul 2020 - 2:00 a. m.

Los “pulmones” marinos que esconde La Guajira

Estos ecosistemas ocupan menos del 0,1 % del fondo del océano y al año pueden capturar hasta 83 millones de toneladas métricas de carbono en el mundo. En Colombia hay 661,3 km2, el 81 % de ellas en La Guajira.
Paula Casas Mogollón

Paula Casas Mogollón

Redactor Vivir

Las tierras áridas de La Guajira, además de ser el hogar de especies vegetales como los cactus, trupillos y cardones, o de animales marinos como las tortugas, se han convertido en el refugio del área de pastos marinos más grandes del país, con 661,3 km2, el 81 % del total nacional, según el libro Praderas submarinas de Colombia, recientemente publicado por el Banco de Occidente. Sus aguas turbias, la cantidad de polvo del desierto que reposa al final del mar y el fuerte oleaje han hecho la mezcla perfecta para la construcción de sedimentos más finos, en los que se acentúan extensas praderas submarinas.

Desde la costa se reflejan en el mar unas manchas extensas de color verde oscuro que contrastan con el intenso tono azul del agua. La pigmentación de esas zonas es tan oscura, que en ocasiones se llega a confundir con desechos asentados en el fondo del agua. Esas sombras son praderas submarinas, comúnmente llamadas pastos marinos, uno de los ecosistemas más productivos, biodiversos y relevantes, pero también uno de los más ignorados, pues no goza de la popularidad de los emblemáticos manglares o de los coloridos arrecifes de coral.

Las praderas submarinas, que cubren solo el 0,1 % de los fondos marinos, han acaparado la atención de los científicos, ya que ofrecen diversos servicios ecosistémicos, siendo el tercero más relevante a escala mundial. Además de brindarles protección a especies de flora y fauna, como las algas y tortugas marinas, desempeñan un papel fundamental en la protección de la costa contra la erosión, pues reducen la turbulencia ocasionada por el oleaje. Pero su mayor beneficio está en la capacidad de retención de grandes cantidades de dióxido de carbono, una cualidad que contribuye a mitigar el calentamiento global. Al año pueden capturar hasta 83 millones de toneladas métricas de carbono en el mundo y evitar que la temperatura del planeta aumente 2° Celsius desde la era preindustrial.

Sus raíces y hojarascas en descomposición pueden capturar el dióxido de carbono de manera más rápida y eficaz que los bosques tropicales, incluso hasta 35 veces más veloz, según datos del Instituto de Recursos Mundiales. “Una hectárea de pradera puede producir 100 mil litros de oxígeno al día, por lo que son como los pulmones del mar. Esa misma hectárea puede atrapar hasta 830 kg de carbono al año, la misma cantidad que emite un carro al recorrer casi 15 mil km”, explica Juan Manuel Díaz, biólogo de la Universidad de los Andes y director científico del libro, en el que se presenta el más reciente informe del estado de estos ecosistemas en el país.

En la actualidad, 159 países tienen pastos marinos en sus costas. En Colombia todos están en el Caribe y ocupan una extensión de 661,3 km2, distribuidos en La Guajira, Santa Marta y el parque Tayrona, la costa continental central, las islas de la plataforma continental, el Urabá chocoano y el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina.

Pocos datos se han recolectado del estado de conservación de las praderas submarinas en Colombia, pero según los informes recopilados por Díaz, todo parece indicar que se han reducido en el transcurso de las últimas ocho décadas y que las causas de esa disminución están ligadas, principalmente, al crecimiento de la población de personas y al aumento de actividades antrópicas en las costas. Además, los impactos causados por fenómenos naturales y el cambio climático también han sido determinantes en la afectación a estos ecosistemas.

En el transcurso de los últimos 80 años la tasa de desaparición de estos ecosistemas se ha acelerado. Uno de los más recientes estudios, publicado en 2009 en la revista PNAS y liderado por la investigadora y bióloga Michelle Waycott, determinó que antes de 1940 la pérdida de estos ecosistemas era del 1 % anual y después de 1980 pasó a ser del 5 %. “Alrededor del 30 % de la cobertura de pastos marinos del mundo se ha perdido en el transcurso de los últimos 150 años. Tan solo entre 1980 y 2000 se perdieron casi 33 mil km2”, se señala en la investigación.

Para el caso de Colombia solo hay un estudio, de 2003, en el que quedó documentado el proceso de la disminución, hasta casi llegar a su extinción, de las praderas de la bahía de Cartagena y sus costas aledañas, entre 1940 y 2001. “De los cerca de 8,5 km2 que existían en 1940, tan solo 0,76 km2 subsistían para 2001. Una disminución del 92 %. La mayor reducción se produjo entre 1940 y 1950, principalmente por la gran cantidad de sedimentos transportados por el agua dulce hacia la salada tras la reapertura del Canal del Dique”, aclara Díaz.

Al igual que los pastos marinos de las bahías de Cartagena, las obras de dragado, el relleno de playas y la construcción de una marina para yates llevaron a que en los últimos 50 años desaparecieran las praderas de Santa Marta y el Rodadero. Díaz dice que, además de estos daños provocados por el desarrollo en estas zonas, las hélices y las anclas de las embarcaciones también han provocado grandes afectaciones en estos ecosistemas. En la península de Barú, en las islas del Rosario, San Bernardo y en San Andrés ya se reflejan esos impactos negativos.

Estos ecosistemas, poco a poco, han ido calando y tomando relevancia en la legislación colombiana. En el Plan Nacional de Desarrollo de 2010-2014 se habló por primera vez de su protección y conservación. La ley impuso restricciones a actividades de minería, exploración y explotación de hidrocarburos, acuicultura y pescas industriales en las praderas submarinas. Y para 2018, el Ministerio de Ambiente declaró la primera protección para pastos marinos: los pastos de Sawairu, La Guajira, que representan el 83 % de los pastos marinos del país y son el hábitat de especies en estado crítico, como la tortuga marina.

En cinco áreas protegidas del país están reunidos 180 km2 de praderas submarinas, lo que representa el 27,2 % de todo ese ecosistema en el Caribe. Para implementar otras medidas que impulsen su conservación, diferentes autoridades ambientales del país, en la actualidad, han adelantado estudios de zonificación de las praderas marinas para poder impulsar este servicio ecosistémico y convertirlo en un aliado de Colombia en su lucha contra el cambio climático.

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