25 Jul 2018 - 3:00 a. m.

Los rincones amazónicos que la ciencia apenas está conociendo

Un impresionante inventario biológico en la nueva zona de ampliación del Parque Nacional Chiribiquete encontró 1.676 especies, entre las que se encuentran 32 posibles nuevas especies para la ciencia.

Helena Calle/Infoamazonia

Gracias a la entrega de las armas por parte de los excombatientes de las FARC que controlaron la zona del Chiribiquete, entre Meta y Guaviare, desde los años 80, la ciencia por fin pudo entrar a explorar las maravillas de ciertas zonas que no habían sido documentadas en casi 400 años de diarios de campo por exploradores y etnobotánicos maravillados.

Es el caso del rio Itililla, en Calamar (Guaviare); el río Tunia (entre La Macarena, Meta, y Calamar, Guaviare, dentro del resguardo Yaguara Chiribiquete), y en el río Yarí (San Vicente del Caguán, Caquetá).

En esta zona, en donde no existía un solo registro biológico, se adentraron investigadores del Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas Sinchi, el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional, la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible y la Universidad Javeriana, entre 2016 y 2017.

La investigación permitió obtener por primera vez los datos de 1.676 especies, entre las que se encuentran 32 posibles nuevas especies para la ciencia y 57 nuevos registros para Colombia. Un registro nada modesto, si tenemos en cuenta que cada inmersión duró apenas 20 días.

Se registraron 1.450 especies de plantas, 360 de las cuales no estaban documentadas para el Parque Nacional Serranía del Chiribiquete (que se sumarian a la colección de 1.802 especies de flora que tiene el Sinchi) y 51 nuevos registros para Colombia. También hay una nueva especie para la ciencia: Moutabea chartacea. Las especies en peligro son el cedro y la ceiba toluá, cuya comercialización está restringida desde 2009, pero que es muy apetecida y los madereros la hacen pasar por otras especies.

También se encontraron 43 especies de briofitos (es decir, musgos y otras plantas que crecen a ras del suelo), entre los cuales hay tres nuevos registros para la Amazonia y dos ejemplares con muy pocos registros en los herbarios del país. Además fueron registradas 410 especies de aves, 22 de las cuales son migratorias. De las registradas, hay 12 especies amenazadas que entran en la Lista Roja de la UICN, cinco en estado de vulnerabilidad y siete casi amenazadas.

La riqueza de anfibios fue de 53 especies, y a pesar de que no se registraron especies amenazadas, el estudio es explícito en decir que toda la información que se recolectó es importante, porque hay un profundo desconocimiento sobre esta parte de la Amazonia colombiana. De hecho, cuatro especies son nuevas para la ciencia, aunque aún no han sido descritas.

En cuanto a mariposas diurnas, se identificaron 293 especies, el 9 % de toda la diversidad del país. También se registraron 62 nuevas especies para la Amazonia colombiana y siete nuevos registros para el país. También se colectaron 181 individuos de arácnidos.

En mamíferos se registraron 30 especies. Especialmente abundantes fueron las lapas, los manaos, los cerrillos y las dantas, todas especies importantes en la Amazonia, sobre todo dentro de los rituales de cacería. Aunque parezca extraño, los científicos vieron dantas gordas, de buen tamaño. Esto indica una baja presión de caza, pues este mamífero es muy vulnerable a la sobreexplotación dadas sus bajas tasas reproductivas.

Por último, se registraron 216 especies de peces y se encontraron además 15 especies que son posibles nuevos registros para la Amazonia o posibles especies nuevas para la ciencia.

Para Alexander Urbano, ictiólogo de la Universidad Javeriana que participó en la expedición, “los peces eran realmente singulares. Hay una nueva especie para el Parque Chiribiquete, y en la zona del Alto Vaupés encontramos una especie nueva y tres especies más verdaderamente raras, que pueden ser nuevas para la Colombia o nuevas para la ciencia. Están en proceso de clasificación”.

En total, sumando todos los grupos estudiados, se registraron 28 especies amenazadas, una en peligro crítico (el Tapirus terrestris), 11 vulnerables, ocho en peligro y ocho especies casi amenazas.

“Encontramos ríos muy sanos, muy poco contaminados. También encontramos especies que solo creíamos que vivían en la Orinoquia, y aunque las hipótesis varían, hay una que cada vez cobra más sentido: la captura de cabecera”. Según explicó Urbano, los cambios geológicos hacen que ciertos ríos atrapen a otros. “No está probado, pero estos hallazgos le podrían dar sustento a este tipo de hipótesis”.

Este inventario fue clave en el pliego de razones por las cuales el Parque Nacional Chiribiquete fue ampliado de 2.781.419 a 4.268.095, hace dos semanas, logrando así un corredor biológico que protege el corazón de la región.

Pero hay otra razón por la cual este inventario es tan importante: la posible presencia de pueblos en aislamiento voluntario cerca de la zona de investigación. La cuenca de los ríos Tunia y Yarí es, al igual que el resto del Parque, un centro de convergencia y referente cultural para los pueblos indígenas de la Amazonia y los Llano Orientales, particularmente los tepuyes y chorreras en donde hay arte rupestre.

De acuerdo a la investigación del difunto investigador Roberto Franco, con motivo de la primera ampliación del Parque Chiribiquete, en 2013, es posible que entre la década de los 20 y los 90 del siglo XX, haya habido presencia de comunidades familiares de los pueblos uitoto y carijona, entre las cuencas de los ríos Tunia y Yarí.

Por la integridad de estos pueblos, en ningún informe oficial aparece su ubicación aproximada, pero gracias a su presencia, la zona está blindada. La Ley de Víctimas los declara sujetos de especial protección “y les garantiza el derecho de permanecer en condición de aislamiento” hasta que decidan lo contrario, y un decreto firmado por el presidente Santos les reconoce el mismo derecho y marca pautas para su protección.

Aunque este inventario biológico fue clave, hay otras zonas de estudio que no hacen parte de la ampliación, pero que también fueron exploradas a profundidad recientemente por la ciencia. Es el caso de la Serranía de La Lindosa, la última frontera entre el Parque Nacional Chiribiquete y la deforestación en la Amazonia colombiana.

En un inventario rápido realizado en octubre de 2016 por más de 80 científicos naturales y sociales del Chicago Field Museum, la Universidad Javeriana, la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Norte y el Oriente Amazónico (CDA), el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas Sinchi, la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS) y otras instituciones encontraron 884 especies de plantas, 89 de peces, 30 de anfibios, 56 de reptiles, 226 de aves y 48 de mamíferos medianos y grandes. En total, se registraron 1.333 especies, pero se estima que en esa área puede haber 2.613.

La zona se encuentra a casi una hora de San José del Guaviare, el tercer municipio más deforestado del país en 2017, según los datos mas recientes del IDEAM. “El motor más agresivo de deforestación en esta zona es la ganadería extensiva, sin duda”, dice Alejandra Salazar, antropóloga de FCDS, que ha acompañado los inventarios sociales; es decir, a las comunidades que usan esa biodiversidad a la que los científicos tanto añoraron asomarse.

El inventario de las zonas aledañas al Chiribiquete hace parte de un proyecto mas ambicioso: el Cinturón Verde de la Amazonia, una apuesta para crear un corredor de áreas protegidas que, como parches, protejan la Amazonia de la mano de quienes viven ahí. Que todas las áreas giren al rededor de un centro biológico y espiritual, que sería la intocable serranía.

Según el documento del Chicago Field Museum, así como en otras zonas de la Amazonia los pobladores de esta región han vivido las bonanzas económicas, comenzando con la explotación del caucho, pasando por el mercado de pieles de animales y luego el cultivo de la coca. Hoy en día, la principal actividad productiva es la ganadería extensiva de doble propósito (carne y leche) realizada en praderas con pastos introducidos y mejorados, que la población ha ido integrando y escalonando por más de una década para reemplazar la economía cocalera. El ganado de carne es transportado vía terrestre y vendido principalmente en Villavicencio y Bogotá. La leche es vendida a queseras locales, las cuales producen un queso de alta calidad, una pequeña parte del cual es consumida en el ámbito local y la mayoría es vendida en Villavicencio y Bogotá.

Este comercio es posible gracias a la interconexión vial de esta región con el centro del país. En la mayoría de las fincas se siembran cultivos de maíz, plátano y yuca para el autoconsumo.

Salazar cuenta que en las reuniones que sostuvo en las veredas con los cerca de 6.000 campesinos, casi todos ganaderos, hubo un consenso general en que había que proteger la zona, “así tocará hacer sacrificios individuales”, como dejar la ganadería a un lado para dar paso a otras maneras de sobrevivir, como el turismo. “Pero ninguna de las iniciativas turísticas para avistamiento de pájaros o visita a las pinturas rupestres está formalizada”.

El turismo ecológico se está desarrollando principalmente en la Serranía de La Lindosa, beneficiando económicamente a finqueros propietarios de lugares con atractivos turísticos y a operadores turísticos de San José del Guaviare, según el Chicago Field Museum y FCDS.

Cabe recordar que la Serranía de La Lindosa fue declarada Área Arqueológica protegida en mayo de este año. Además de proteger la herencia cultural y chamánica de las pinturas rupestres, esta es la última frontera entre la deforestación que avanza en la Amazonia, que ya alcanzo las 144.147 hectáreas en la región.

Sin embargo, y según el Sinchi, esta área de conexión se encuentra en un buen estado de conservación con casi el 90 % de su extensión cubierto de bosque. El abanico de nuevas especies revelado hoy confirma las corazonadas de científicos sobre la diversidad en la región que no habían podido ser probadas. Por ahora, y poco a poco, se crea una franja natural entre la Serranía de La Macarena, el Parque Nacional La Paya, la reserva Indígena Nukak, la Serranía de La Lindosa, Cerro Azul y Cerritos, y en medio, el corazón de la Amazonia.

 

*Infoamazonia es una alianza periodística entre Amazon Conservation Team, Dejusticia y El Espectador.

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