29 Nov 2014 - 2:37 a. m.

Manual para entender nuestra biodiversidad

El documento, elaborado por el Instituto Humboldt, insiste en la necesidad de que el desarrollo vaya de la mano con una política ambiental.

Redacción Vivir

Bastaron unos días después de que el Gobierno presentara el Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2014-2018 para que empezaran a llover críticas sobre su blanda apuesta ambiental. Mientras algunos columnistas pedían no dejar a la deriva los páramos y humedales, aparecieron campañas en las redes sociales para pedir a Simón Gaviria, director del Departamento Nacional de Planeación, no descuidar la protección de estos ecosistemas tan importantes para la supervivencia de la biodiversidad colombiana.

Ahora, una semana más tarde, un informe elaborado por el Instituto Humboldt y presentado ayer refuerza esa exigencia: “No podemos creernos esa historia de que como vamos, vamos bien. Sin ser alarmistas, la situación del país es dramática. Es hora de que entendamos que desarrollo y biodiversidad tienen que ir de la mano”.

Tales palabras, de Juan Carlos Bello, coordinador del programa de gestión de información de esa entidad, resumen el objetivo de este libro titulado Biodiversidad 2014. Estado y tendencias de la biodiversidad continental de Colombia. “Queremos que este documento nos ayude —al Gobierno, a los tomadores de decisión, a la sociedad civil— a entender y repensar el país que habitamos. Porque en un futuro vamos a tener que replantear los esquemas de adaptación, de mitigación y nuestros modos de vida”.

Pero ¿por qué no estamos bien? Las respuestas a esa pregunta son múltiples. En el texto, resultado del trabajo de 59 personas de 11 entidades, hay cientos de cifras (ver infografía) que dan cuenta de cómo se han ido deteriorando poco a poco nuestros ecosistemas. Ejemplos sobran: el 65% de las coberturas boscosas del país han sido transformadas; por culpa de los cultivos de coca se deforestaron 250.000 hectáreas entre 2001 y 2012, y 33 especies de mamíferos continentales se encuentran amenazadas.

Sin embargo, como dijo Brigitte Baptiste, directora del Instituto Humboldt, este informe, que se presenta anualmente, no sólo se trata de cifras, sino que “es un intento para mostrarles a los colombianos en qué país viven, y sobre todo para que el Estado se mueva en el camino que queremos”.

Porque, como demuestra el libro, la ruta elegida hasta el momento parece ser la equivocada. “La desarticulación entre los marcos normativos mineros y ambientales es evidente”, se lee en un aparte. O, en palabras de Eugenia Ponce de León Chaux, asesora de Bosques y REDD+, en la presentación del tercer capítulo: “Cada vez hay menos espacio para lo propositivo en la gestión ambiental. Es muy difícil lograr la aprobación de normas que amplíen el espectro de la protección del ambiente o que impongan requisitos a las actividades que se relacionan con los motores de pérdida de biodiversidad”.

La muestra de ello está en que 36.000 hectáreas de los títulos mineros otorgados en 2013 estaban en parques nacionales naturales y otras 150.000 dentro de territorios considerados como páramos. Entonces, se pregunta el viceministro Pablo Vieira en el prólogo del informe, ¿cómo puede Colombia transformarse en un país más competitivo y equitativo sin ocasionar el deterioro irreversible de su biodiversidad? El reto aún está presente.

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