15 Feb 2018 - 3:00 a. m.

“No es un sueño de ambientalistas. Es una política de competitividad”: director de la Misión de Crecimiento Verde

Crear instrumentos económicos y financieros, transformar la educación y crear incentivos ambiciosos para las empresas, son algunas de las tareas que le esperan a Colombia para aumentar, de manera sostenible, sus ingresos con base a recursos naturales.

Pablo Correa / @pcorrea78

A los ambientalistas que por años se han empeñado en proteger los recursos naturales, les ha llegado un gran aliado en esa tarea: economistas que creen que el futuro del país depende sobre todo de proteger y saber aprovechar de manera sostenible el capital natural.

Uno de ellos es Hernando José Gómez, director de la Misión de Crecimiento Verde, una iniciativa liderada por el Departamento Nacional de Planeación y a través de la cual se busca definir los insumos y lineamientos de política pública para orientar el desarrollo económico del país hacia el 2030.

Gómez, exdirector de Planeación Nacional, exasesor de Asuntos Cafeteros y excodirector del Banco de la República, dice en esta entrevista que sabemos dónde estamos y a dónde queremos ir, pero lo difícil va a ser definir el cómo.

¿Cómo ha sido la experiencia de liderar la Misión de Crecimiento Verde?

Ha sido muy interesante. No esperaba que estos temas tomaran tanta fuerza. Sabía que el fenómeno de La Niña de 2010 nos obligaba a adaptarnos a la variabilidad climática y en el Plan de Desarrollo de 2014 se incluyó la necesidad de una política sistemática en este sentido. Creo que fue muy positivo que los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y el proceso de acceso a la OCDE con sus buenas prácticas nos obligaran a darnos cuenta de la necesidad de esto.

La profundización de los fenómenos de El Niño y La Niña ha hecho que la gente se despierte y se dé cuenta de que en muchas zonas del país se pone en peligro la disponibilidad de agua. En ese sentido, la realidad es tozuda y obliga a cambiar.

¿Qué es exactamente crecimiento verde?

Es lograr un desarrollo sostenible en el tiempo. Que no sea simplemente hacer una explotación de recursos una sola vez. También un desarrollo que sea incluyente para que sea sostenible en términos sociales. Y que ayude a preservar el capital natural del país. El capital natural son sus fuentes de agua, la calidad de su tierra y todos los otros recursos naturales.

Detrás de este cambio hay una gran tarea para los economistas. Hemos vivido sin conectar nuestro sistema económico a la naturaleza.

Llevo 40 años casado con una bióloga. Habíamos tenido muchas conversaciones sobre este tema, pero nunca se habían convertido en parte directa de mi trabajo como economista. Ahora estamos en una situación en la que si queremos exportar a nuevos mercados nos exigen una trazabilidad de los productos. Las exigencias en el mundo son cada vez mayores. Y por otro lado, los fenómenos ambientales nos muestran las implicaciones que tiene la degradación del medio ambiente. No sólo se trata de que se pierda una especie o sufra un ecosistema, sino de los efectos en las personas.

Estamos en medio de una campaña política. Hay miradas muy distintas frente al desarrollo económico del país. ¿Cómo garantizar que el siguiente presidente no tire a la basura las propuestas de crecimiento verde?

Somos conscientes del cambio de gobierno. Esta misión ha hecho un esfuerzo por involucrar al sector privado, la academia, las regiones y los medios. Estamos buscando una masa crítica de padrinos y madrinas que le exijan a cualquier gobierno que incluya esto.

Hay candidatos más sensibles y otros menos. Estamos buscando trabajar con los más opcionados. Hablando con sus equipos, para explicarles de qué se trata. Esto no es un sueño de unos ambientalistas. Es una política de competitividad a largo plazo.

Aquí el tema fundamental es que sabemos dónde estamos y a dónde queremos llegar, pero no sabemos cómo hacer esa transición. Es una decisión que tenemos que tomar como sociedad. Siempre habrá unos pocos en negación, pero hay que incluir al mayor número de personas posibles para que adopten poco a poco las nuevas reglas de juego, nuevas condiciones y desarrollos. Eso no es simple. Necesitamos muchos instrumentos económicos y financieros que hoy no tenemos, para lograr el cambio. Necesitamos conocimiento que no tenemos. Definir qué tipo de políticas nos van a permitir llevar al máximo de actores económicos en esa dirección y al mínimo de oponentes. No todo va a ser gana-gana. Habrá perdedores, pero a esos tenemos que compensarlos.

¿Cuáles son los sectores más reacios a un cambio económico como este?

En todos los sectores hay gente abierta y cerrada. El problema muchas veces es de información, de diálogo. El cambio debe ser lo más consensuado y dialogado posible. Pero no puedes parar procesos por culpa del que nunca va a cambiar. Hay que buscar masas críticas que dan legitimidad política y social al cambio.

¿No vamos muy lento?

Este proceso necesita ambición. Un ejemplo es el transporte eléctrico. Creo que Minhacienda hizo bien en abrir el cupo exento de arancel para vehículos eléctricos, pero sólo para importar 40.000 vehículos en 10 años. Debió ser 40.000, pero ya. Se necesitan acciones ambiciosas que no requieren demasiado dinero.

¿Cuál es el cronograma que imagina para este cambio hacia la economía verde?

El diagnóstico y las propuestas que vamos a presentar se deben convertir en una política antes de que termine este gobierno. Una vez se define el Conpes, se tiene que definir cómo lograrlo. Eso implica una serie de acciones, de decretos, de reglamentaciones. Hay una cosa en la que debo ser claro: Colombia debe dejar su dependencia de productos básicos, porque varían demasiado en el tiempo.

Esos productos tienen un problema de sostenibilidad y de variabilidad que nos generan problemas de recesión complicados como los que vimos con la caída de precios del petróleo. Necesitamos generar un sector agropecuario que compita con productos que conquisten mercados externos. Necesitamos desarrollar industrias nuevas que aprovechen la bioeconomía.

Tenemos que poner los pies en la tierra: aprovechar la biomasa y la biodiversidad. Aquí se va a seguir produciendo carbón y petróleo por muchos años, pero con estándares altos para evitar las peores implicaciones. Hay una frase que me gusta mucho: la edad de piedra no se acabó porque se acabó la piedra. La era de los combustibles fósiles se debe acabar, porque tenemos alternativas mejores.

Las empresas que sobreviven son las que se adaptan a las nuevas circunstancias. Hace 70 años, General Electric producía neveras y hoy es el gran productor de molinos de energía eólica.

Usted ha dicho que el sistema educativo también debe cambiar, ¿por qué?

En esto hay que sensibilizar desde el colegio. Es indudable. La gente se empieza a enamorar del tema desde pequeños. Parte de los retos que tenemos es cambiar esa educación que se creó para la revolución industrial y ahora necesitamos gente pensante. Los medios también son muy importantes. Hay que dar mucha información al consumidor.

¿A nivel personal como lo ha transformado involucrarse con estas ideas?

Ahora pienso mucho en la urgencia de esto. Los colombianos no somos los mayores emisores de gases de efecto invernadero, pero no podemos quedarnos sentados esperando a que otros solucionen el problema. Esto obliga a mirar a largo plazo. ¿Dónde vamos a estar en 50 años? Si no tomamos medidas ya, no lo vamos a lograr.

 

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