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Más hidrocarburos no son la solución para Colombia

Ante la propuesta de ampliar la exploración de hidrocarburos en Colombia, planteada por De la Espriella, esta columna cuestiona el impacto que esto podría tener en la seguridad energética.

Guy Edwards y Matt Huxham*

05 de agosto de 2026 - 09:00 p. m.
Opinión
Foto: El Espectador
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Al asumir el cargo este mes, ante la amenaza de un Súper El Niño y un desalentador déficit fiscal, el presidente electo Abelardo de la Espriella ha prometido una nueva ronda de contratos de petróleo y de gas, así como reiniciar los proyectos piloto de fracking.

Presentado como una estrategia para impulsar el crecimiento económico y fortalecer la seguridad energética, el compromiso ha sido bien recibido por la industria colombiana de combustibles fósiles, la cual ha criticado la decisión del presidente Petro de suspender el otorgamiento de nuevos contratos y los proyectos piloto de fracking. El presidente electo acierta al centrarse en la seguridad energética y el déficit fiscal. Sin embargo, es probable que su estrategia no logre los resultados esperados.

Un Súper El Niño, intensificado debido a la crisis climática, podría causar sequías y socavar la capacidad de las plantas hidroeléctricas, afectando la seguridad del suministro eléctrico. Durante este periodo, se necesitará una mayor contribución de todas las demás fuentes de generación eléctrica de Colombia como el gas natural, carbón y energía solar.

Sin embargo, emitir nuevos contratos de hidrocarburos mañana no mejora la seguridad energética de hoy o del próximo año. Los proyectos de petróleo y gas operan en plazos multianuales y el interés de las empresas petroleras e inversionistas ni siquiera está garantizado. Los crecientes mercados de Guyana y Brasil, en comparación con las decrecientes reservas de petróleo y gas convencional de Colombia, probablemente son más atractivos. Durante las últimas décadas, se invirtieron miles de millones de dólares en actividades de exploración que dieron lugar a escasos descubrimientos y pobres retornos.

Es poco probable que la suspensión de nuevos contratos por Petro haya tenido un impacto significativo en la tendencia a la baja a largo plazo de la producción de petróleo. Tampoco la firma de nuevos contratos petroleros mejorará la seguridad energética, dado que Colombia exporta alrededor de la mitad de su producción y depende de Estados Unidos para importar gasolina y diésel desde hace más de una década.

Las medidas por el lado de la demanda, como la eficiencia energética, el almacenamiento y la respuesta flexible de la demanda, deberían priorizarse como las únicas opciones que podrían movilizarse lo suficientemente rápido y a escala para mejorar la seguridad energética.

Una investigación de Ember y Transforma muestra que reemplazar el 30% de los calentadores de agua a gas y el 10% de las estufas de gas por electrodomésticos eléctricos en los hogares, combinado con una reducción del 14% en el uso de gas en la industria mediante medidas de eficiencia energética, reduciría la demanda en una cantidad equivalente a 1,5 veces el déficit de gas proyectado para 2030. Esto evitaría importaciones de gas por un valor de 190 millones de dólares.

Las medidas por el lado de la demanda reducirían el costo de la energía más allá del fenómeno de El Niño actual, lo cual es esencial dado que Colombia perdió su autosuficiencia de gas en 2024 por la caída de la producción y el aumento de la demanda. La creciente exposición a los costosos precios del mercado global ha impulsado al alza los precios regulados del gas y la electricidad y ha contribuido a una mayor inflación.

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Es poco probable que nuevos contratos de gas natural, por sí solos, reduzcan la necesidad de importaciones, la inflación o mejoren la estabilidad macroeconómica. En el caso de aumentar las importaciones de gas o firmar nuevos contratos, los consumidores se llevarán la peor parte dada la necesidad de pagar el costo de las nuevas importaciones de gas y la infraestructura de gasoductos durante décadas, mientras que la deuda relacionada podría desincentivar la descarbonización.

Un sistema energético más electrificado y eficiente que incremente la seguridad energética y proteja a los consumidores de la volatilidad de los precios del mercado global y de los eventos de El Niño solo será posible si Colombia acelera la financiación y la construcción de proyectos de energías renovables no convencionales. Tras importantes avances durante los gobiernos de Duque y Petro, el país está mejor posicionado, aunque su tremendo potencial solar y eólico apenas comienza a aprovecharse por múltiples retos.

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La electrificación en el sector del transporte también ofrece beneficios para los consumidores y las finanzas públicas, especialmente dado que Colombia es uno de los mercados de vehículos eléctricos de más rápido crecimiento en la región. Según Carbon Tracker Initiative y POLEN Transiciones Justas, una transición rápida hacia los vehículos eléctricos en Colombia podría ahorrarle al país 40.000 millones de dólares en costos acumulados de importación de combustible para 2050, fortaleciendo la balanza de pagos, además de ofrecer una mayor seguridad energética y menores costos para los consumidores.

Las exportaciones de petróleo siguen siendo una fuente clave de ingresos fiscales, dividendos y regalías. Sin embargo, aumentar la dependencia de un activo en declive aumenta el riesgo de transición a medida que los mercados de exportación adoptan las energías renovables y los vehículos eléctricos.

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Más bien, se necesita una diversificación económica para aprovechar el potencial de Colombia en varias áreas, incluyendo las energías limpias, el turismo sostenible, la agricultura, la reindustrialización de bajas emisiones de carbono y la conservación de la naturaleza. Estas áreas podrían generar inversión, ingresos y empleo, al tiempo que reducen la contaminación y protegen los ecosistemas.

Ya se están logrando avances. Según la Asociación Colombiana de Agencias de Viajes y Turismo (ANATO), el turismo generó alrededor de 11.000 millones de dólares en divisas en 2025, superando los ingresos por exportaciones de café y carbón. Y en 2025, las exportaciones no minero-energéticas, como los productos manufacturados, agroindustriales y agrícolas, representaron más del 50% de las exportaciones de Colombia. Para profundizar esa diversificación, el nuevo gobierno podría continuar trabajando con el Banco Interamericano de Desarrollo y otros socios en la estructuración de la Plataforma País de Colombia, una estrategia para atraer decenas de miles de millones de dólares en inversión hacia estas áreas.

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Continuar diversificando la economía y apoyar una transición energética gradual y justa para alejarse de los combustibles fósiles es una apuesta sólida para la estabilidad macroeconómica, la seguridad energética y el desarrollo sostenible de Colombia. Los últimos dos gobiernos lograron avances sobre los cuales la administración de De la Espriella puede seguir construyendo.

*Guy Edwards es codirector de la Red de Investigación de América Latina y el Caribe en la Universidad de Sussex e investigador de la Red de Ciencias Sociales del Clima (CSSN por sus siglas en inglés). Matt Huxham es fundador de la consultora Eunoia Insight y analista especializado en los cambios estructurales de las economías que dependen fiscalmente de los combustibles fósiles. Los autores quisieran agradecer los valiosos comentarios de tres colegas colombianos.

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Por Guy Edwards y Matt Huxham*

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