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27 Mar 2022 - 2:00 a. m.

Paula Caballero, la colombiana que hizo de los ODS una agenda mundial

Desde 2011 empezó a cocinar la idea de lograr una hoja de ruta global atravesada por la sostenibilidad. En entrevista con El Espectador, explica por qué los Objetivos siguen siendo una guía para conseguir un mundo vivible en 2050.
María Mónica Monsalve

María Mónica Monsalve

Periodista Vivir
Paula Caballero, directora ejecutiva regional para América Latina de The Nature Conservancy.
Paula Caballero, directora ejecutiva regional para América Latina de The Nature Conservancy.
Foto: Cortesía

En 2015, la Organización de las Naciones Unidas hizo oficial la agenda que debía seguir el mundo, desde entonces hasta 2030, para lograr un futuro vivible y equitativo: los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Aunque siguen siendo un concepto ajeno para muchos, gran parte de las políticas de los países, incluido Colombia, así como las de varias empresas, se han alineado a estos 17 Objetivos que tienen como centro replantearnos la forma en que nos hemos desarrollado a costa de la naturaleza, pero con la premisa de no dejar a nadie atrás.

Los ODS, de alguna manera, se convirtieron en una versión actualizada de sus sucesores, los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), pero bajo la lupa del mundo actual, en donde la crisis climática lo cubre todo.

Pero lo que pocos saben es que la cuna de estos ODS no fue solo Colombia, sino que fueron propuestos por la colombiana Paula Caballero, quien en ese momento trabajaba en la Cancillería, y hoy es directora ejecutiva regional para América Latina de The Nature Conservancy (TNC).

En este especial dedicado a los ODS, El Espectador entrevistó a Caballero para conocer su perspectiva actual sobre estas metas.

¿Qué estaba sucediendo en ese mundo, antes de 2015, que la llevó a pensar en los ODS?

Se juntaron varias experiencias. Venía de trabajar muchos años con el PNUD, a nivel de Latinoamérica, ayudando a los gobiernos y a autoridades locales y comunidades a desarrollar proyectos para presentarlo ante el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF). En ese trabajo pude ver de primera mano cómo necesitábamos cambios urgentes en el manejo de los recursos naturales. Luego llegué a Cancillería y a los 10 días participé en la negociación de las metas Aichi de biodiversidad, lo que me confirmó que sí era posible, como comunidad internacional, generar un marco o una métrica para el desarrollo. Estuve más adelante en negociaciones de cambio climático, con sus crisis y victorias, y todo eso me ayudó a fraguar en mi mente el tema.

¿Y cómo pasó su idea a ser presentada por Colombia ante la ONU que finalmente la adoptó?

Fue un proceso hiperlargo. Nos decían que a Colombia no le interesaba la pobreza, porque quería acabar con los ODM, porque apenas era 2011 cuando sugerimos la nueva agenda. Ese año se sumó a la propuesta Guatemala y Perú, y se fue cocinando o marinando la idea. Pero fue muy difícil. La ONU tiene agendas separadas para el cambio climático, el desarrollo y la biodiversidad, carriles distintos con sus propios esquemas, y nosotros queríamos unir esos dos primeros carriles bajo los ODS. Hubo consultas y reuniones en Colombia y Nueva York para lograr la confianza de otros países. Pero, finalmente, logramos su negociación.

¿Siente que el mundo de 2015 es distinto al actual? ¿Siguen los ODS siendo pertinentes?

Son más pertinentes que nunca, aunque no creo que sean tan bien conocidos como deberían ser, porque siguen estando en la burbuja de la ONU o del desarrollo. Pero pensaría que son una herramienta muy útil, porque los ODS son como un lenguaje común, una gramática del desarrollo. Con ellos sabemos en qué y cómo avanzar en las sendas del desarrollo sostenible, integrado y equitativo. Los ODS obligan a pensar en un prisma del desarrollo. Si estamos hablando de transporte, de salud o de áreas protegidas, si uno tiene ese prisma de los ODS en la cabeza, ya la conversación ocurre en otro nivel. Claro, falta que el sector privado y las organizaciones de la sociedad civil los apropien más, pero hay avances.

Los ODS son una propuesta muy interesante. ¿Pero en realidad cómo se pueden llevar a la práctica?

Si uno se pone a mirar, sobre todo en Latinoamérica, todos los países tienen compromisos climáticos, de biodiversidad, un plan nacional de energía y planes de equidad, que, en su mayoría, están ligados al uso del suelo. Pero lo que dice un sector, por ejemplo, es que ese suelo se debe proteger, mientras el otro que debería usarse para minería y, al final, los usos se traslapan. Eso no funciona. Lo que serviría es una planeación estratégica, donde los ODS sean un faro para todos los sectores. Ha sido difícil, porque hay una inercia enorme desde la política, sobre todo porque son cambios que trascienden los cuatro o seis años electorales de la mayoría de los países en la región, y a nosotros nos cuesta planear a largo plazo. Pero los ODS son un plano para comenzar.

¿Cómo afectó la pandemia del covid-19 a los ODS?

Si algo, la pandemia evidenció por qué los ODS transcriben la realidad de una manera que sea más accionable. Todo indica que fue un evento zoonótico, que se genera por toda una suerte de malas prácticas y una pésima relación con la naturaleza y los recursos naturales. Además, es un evento que se da en una ciudad, pero se expande por todo el mundo y va a tener unas secuelas socioeconómicas transgeneracionales. Entonces, si algo, la pandemia lo que está mostrando es que la única manera de ver el desarrollo es que un solo incidente puede cambiar el mundo. Siempre he dicho que, si un gobierno elige un solo indicador de los ODS, por ejemplo, nutrición infantil o seguridad hídrica, y lo aplica a todo el gobierno, cambia la manera de accionar, parecido a lo que la pandemia demostró. Habrá un efecto domino, pero positivo. Ahora, ningún gobierno lo ha hecho, pero estoy convencida de eso.

Colombia fue la cuna de los ODS. ¿Cree que ha asumido liderato para ejecutarlos?

Bueno, van dos gobiernos, de partidos muy diferentes, que han estructurado su Plan Nacional de Desarrollo a partir de los ODS. Entonces, hasta ahora, los ODS han sido una política de Estado. Y eso muestra un liderazgo y una apropiación muy grande. En Colombia un tema clave es que los ODS se han bajado mucho a terreno y es en el territorio donde son importantes. Claro, en todos los temas siempre habrá rezagos. Simplemente miremos Medellín y Choco, es solo un pedazo de Colombia, pero con diferencias garrafales.

¿Hay un ODS que le genere más preocupación o que considere más clave que otros?

Siempre he dicho que la mamá de todos los ODS es el 12: consumo y producción. Si resuelves eso, avanzas mucho. Si cambias los patrones de producción en el sector agropecuario o en transporte, esto va a tener un impacto trascendental en todos los otros ODS. Si cambias las decisiones que hacemos como consumidores, como el tipo de transporte que elegimos, qué comemos, cómo nos vestimos o qué tipo de políticos escogemos, porque ese también es un tipo de consumo, creo que habrá consecuencias positivas. Si hay un ODS que pueda cambiar el mundo, diría que es el ODS 12, porque además tiene un llamado universal, al individuo, la autoridad local, la comunidad, la industria, los gobiernos, todos tenemos una capacidad de acción.

Los ODS hacen parte de la agenda 2030. Es decir que quedarían solo ocho años para cumplirlos. ¿Cuál es su sensación ante esto?

Hay que entender que 2030 es solo un hito. No podemos seguir pensando a tan corto plazo y pensar que vamos a volver a cambiar las metas de desarrollo en cuatro o 15 años. Claro, no vamos a cumplir para 2030 con todos los ODS, como no sucedió con los ODM, pero hay que seguir. La gran diferencia, claro, es que en 2030 no vamos a tener que negociar unos nuevos objetivos, porque el marco es bastante fuerte para el largo plazo. Debe funcionar parecido a los compromisos de cambio climático, que se están pensando a 2050. Necesitamos mirar desde ya qué país queremos en 2050, su comunidad, el tipo de políticas, los usos de suelo. ¿Cómo queremos que un colombiano que en ese entonces tenga 15 o 25 años se sienta? La pregunta no debe ser si vamos a cumplir los ODS para 2030, sino si estamos encarrilados para el mundo que necesitamos en 2050. El 2030 será un alto en el camino para ver cómo vamos. Sí, nos faltan años luz para cumplir, pero yo sigo siendo optimista. El cambio climático, la pandemia y las comunidades que hicieron un retroceso en temas de pobreza, todos son factores suficientes para volver a meterle entusiasmo y pasión a los ODS.

Este texto hace parte del gran especial de aniversario de los 135 años de El Espectador, que analiza cómo podemos tener un futuro más sostenible. Encuentre aquí el especial completo.

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