6 Jun 2019 - 2:00 a. m.

Planificación, conservación y monitoreo: las exigencias hídricas de Antioquia

Hace dos semanas, Medellín fue el escenario del Primer Encuentro por el Agua de 2019. Este evento reunió a personajes de la academia, líderes sociales, empresas, corporaciones regionales y representantes del Gobierno para hablar sobre la gobernanza de las cuencas Porce y Nare, vitales para la región.

-Redacción BIBO

Caras conocidas se dieron cita, el pasado 22 de mayo, en Medellín para hablar sobre el agua. Se trataba de representantes de la academia, líderes sociales, voceros de empresas y de corporaciones autónomas, algunas empresas de la región y voces del Gobierno se sentaron en el séptimo Encuentro por el Agua que se realiza en Antioquia. Esta iniciativa, organizada por El Espectador, Isagén, Bavaria y WWF, repasó los retos hídricos de las dos cuencas más importantes del departamento: el río Nare y el Porce.

Ambas cuencas fueron la mejor excusa para poner sobre la mesa el tema de gobernanza. Porque, coincidieron los organizadores, “cada vez hay más presión sobre nuestros recursos y será un esfuerzo titánico lo que nos alejará de los índices que se van deteriorando, de los puntos rojos en el mapa”, insistió José Manuel Sandoval, director del Centro Nacional del Agua de la ANDI.

Esa apuesta sobre el agua ha sido permanente desde los últimos años. Tanto es el seguimiento que en agosto de 2018, cuando se llevó a cabo el Encuentro por el Agua en Medellín, los participantes señalaron como grandes preocupaciones los índices de riesgo y adaptación de cambio climático que presentan ambas cuencas. La calidad de sus aguas y la eficiencia de sus instrumentos de ordenamiento territorial.

De ahí que la metodología de estos eventos haya mutado. ¿Con qué objetivo? Para que aparezcan los resultados y alumbren las buenas acciones desde gobernanza hasta conservación. Por eso este Encuentro por el Agua arrancó, después de las bienvenidas e intervenciones, con una encuesta sobre la percepción de los 44 participantes acerca del estado de las cuencas del río Nare y el río Porce.

Así que, bajo la moderación de Carmen Candelo, directora de Gobernanza de WWF Colombia, las personas convocadas realizaron un “diagnóstico sobre cómo ven estos recurso hídricos, como si fuesen doctores”, explicó ella. El resultado de esta primera encuesta, desarrollada mediante la aplicación online Pigeonhole, dejó una pila de desaciertos y bajas percepciones.

Pero entre los pobres resultados, tres puntos fueron los que generaron mayor preocupación. En esta ocasión, los puntos más críticos para los representantes del agua fueron la armonización de los instrumentos de planificación, la conservación de ambas cuencas y el grado de implementación de sistemas de monitoreo. Ese trío de urgencias motivó a que los participantes se reunieran en mesas de trabajo, cinco en total, con el fin de generar un diálogo y un compromiso colectivo frente a la realidad del Nare y del Porce.

¿Qué hacer para que ambas cuencas estén mejor?

Teniendo en cuenta que, pese a las altas presiones que sufren ambas, la cuenca del río Porce y el río Nare tienen sus propias singularidades. Por eso, la primera cuenca fue el tema tratado en la mesa número uno, donde se examinaron doce proyectos que están avanzando en la región en cuanto a articulación. “Salvo por el proyecto de adopción y seguimiento del plan de seguimiento del acuífero del Valle de Aburrá, que si bien está formulado no se ha adoptado, y otros dos proyectos que no han tenido implementación: el de reducción del riesgo por desabastecimiento hídrico y el de incorporación de los lineamientos del Pomca”, aseguró la mesa. Ese último impase se da porque el Pomca (Plan de Manejo y Ordenamiento de una Cuenca) acaba de ser formulado y aún no se ha incorporado en el Plan de Ordenamiento Territorial.

Esos tres, entonces, se convierten en prioridad para el Porce. Para conseguir sus articulaciones, los participantes sostuvieron que hacen falta estrategias como el fortalecimiento de control y vigilancia de las autoridades ambientales, especialmente en conservación. También la apropiación de las comunidades frente a los ecosistemas estratégicos como veedores, estrategias de compensación a la comunidad y, por último, mayor conocimiento de incentivos tributarios y económicos para impulsar la participación.

El Nare, por su parte, exige otras prioridades. En cuanto a esta cuenca, la mesa dos afirmó que su mayor preocupación es el agujero negro que existe entre corporaciones ambientales, Gobernación y municipios. Un ejemplo de ello son los Planes de Desarrollo Territorial (PDT), “que van a los municipios que muchas veces no pasan por la Gobernación ni autoridades ambientales”, explicaron.

Ese mismo inconveniente se cuela dentro de la zonificación de los Pomca sobre el uso del suelo, a sabiendas de que el uso del suelo ya fue determinado por el Plan de Ordenamiento Territorial. Así que, cómo cambiar el uso del suelo en áreas donde la conservación es determinante.

De hecho, el punto de restauración y rehabilitación de áreas por el uso intensivo del suelo fue sugerido dentro de la discusión como una urgencia para el Nare en su parte alta. Ya que “tiene una alta presión en parcelaciones y usos agrícolas y esa era una de las justificaciones de por qué hay que hacer ajustes desde el ordenamiento territorial”, señalaron los participantes.

De la misma manera, las otras mesas dejaron por sentado sus reflexiones frente a temas como instrumentos financieros, servicios ecosistémicos y Objetivos de Desarrollo Sostenible bajo la lupa de ambas cuencas. En esa línea, los participantes insistieron en que la acción de priorizar implica generalizar en un territorio con demandas distintas.

Sin embargo, para completar este análisis, sus sugerencias fueron: en la región deben existir más instrumentos financieros, como pagos por servicios ambientales y los fondo de agua, al igual que transferencias al sector eléctrico y recursos municipales y departamentales para la protección de fuentes hídricas. No obstante, según los paisas, las principales barreras para desarrollarlos son informalidad en la tenencia de la tierra, el seguimiento y monitoreo de todos los instrumentos y las limitaciones de recursos en los fondos disponibles, entre otros.

Porque, en la medida en que se cumplan, podrá contarse con servicios ecosistémicos como agua potable y energía, regulación del agua y sostenibilidad vista desde el enfoque del ciclo de nutrientes, fotosíntesis, purificación de agua y tratamiento de residuos. Incluso, se habló con determinación del servicio ecosistémico de recreación y ecoturismo, como un tema de auge en la región y poco estudiado a escala mundial.

Cumpliendo con esos puntos, concluyó el evento, la palabra “gobernanza” adquiere otro tinte. Más aun con miras a lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible, pendientes a cumplirse antes de 2030, la región de Antioquia, con sus cuencas del Nare y el Porce, resume los compromisos de agua y saneamiento, acción por el clima y ecosistemas terrestres. Ese paquete bajo la luz de la apuesta nacional de Colombia como un territorio sostenible, gracias a la articulación y actividades en el marco de la estrategia verde y la economía circular con conservación.

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