5 Dec 2020 - 2:14 p. m.

¿Por qué no estamos hablando del suelo?

Mary Lou Higgins*

Mary Lou Higgins, directora para WWF en Colombia, hace una reflexión en el Día Mundial del Suelo 2020.

En días recientes, el presidente Iván Duque anunció el nuevo compromiso de Colombia de reducir en 51% sus emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) proyectadas para 2030. Una meta que celebramos, por ser lo suficientemente ambiciosa para cumplir el Acuerdo de París, pero que requerirá del compromiso de todos los colombianos. Desde las industrias más grandes hasta los hogares más pequeños, porque todos, de alguna manera, generamos o contribuimos a la emisión de estos gases. Y ahí es donde la riqueza natural nos da otra oportunidad. Esta vez con las soluciones basadas en la naturaleza: acciones que se apoyan en los ecosistemas y los servicios que estos proveen para responder a desafíos como el cambio climático, la seguridad alimentaria o el riesgo de desastres. (Lea: Colombia se compromete a reducir en 51% la emisión de gases de efecto invernadero para 2030)

En ese contexto, es clave el suelo de los bosques, humedales, sabanas, páramos y manglares, así como el de los agro ecosistemas, pues será ese entramado de vida del que dependa en gran parte si logramos o no cumplir la meta del 51%.

Para eso, necesitamos un cambio profundo en la forma en la que ocupamos el territorio y producimos en él, transitar hacia una agricultura regenerativa, y priorizar la restauración de los ecosistemas de suelos. Se estima que en ellos, globalmente hay más carbono orgánico que en la atmósfera y toda la vegetación juntos, y que el 25% de la biodiversidad planetaria vive allí. Sin embargo, solo hemos identificado al 1% de esta comunidad de organismos que mantiene los suelos saludables y fértiles. (Lea: Los suelos colombianos están enfermos)

Históricamente, la tierra --y los territorios-- ha sido causante de guerras (Colombia, lo sabe muy bien). Luchamos por ella y seguimos sin cuidarla, sin cultivar el más básico de los bienes y aquel que nos brinda todos los servicios para nuestra supervivencia.

Los suelos son parte esencial del ciclo del agua: la almacenan, la regulan y la filtran, mejorando la seguridad alimentaria y nuestra resiliencia a las inundaciones y sequías. A la vez, hacen parte del ciclo del carbono y del nitrógeno, fundamentales para la vida en el Planeta, y a la vez claves para la mitigación del cambio climático. Los suelos guardan carbono que si sale a la atmósfera calentaría aún más la Tierra y aceleraría el cambio climático. A pesar de esto, 52% de las tierras agrícolas en el mundo están degradadas, y en Colombia, el IDEAM estima que 40% del país sufre algún nivel de degradación de los suelos.

La raíz del problema está en la forma como producimos. Sabemos que ésta afecta la estructura y fertilidad de los suelos, que los compactamos y oprimimos en exceso con la maquinaria pesada y cuando no rotamos lo suficientemente el ganado. Insistimos en usar de manera desbordada fertilizantes solubles y pesticidas que afectan los ciclos naturales de los nutrientes y la diversidad de organismos que viven bajo tierra. Y, como si fuera poco, convertimos ecosistemas naturales para darles usos agrícolas, otra causa del cambio climático y de la pérdida de biodiversidad.

En este Día Mundial de los Suelos, es urgente que miremos dónde estamos parados, pues pensar en la biodiversidad de los suelos es pensar en un Planeta sano. Veamos el suelo integralmente, no como un sustrato para modificar o extraer minerales, sino como un ecosistema vivo, como una fuente de vida. Detengamos la conversión de ecosistemas naturales, especialmente los que son ricos en carbono como los bosques, sabanas, humedales y páramos.

Globalmente, las sabanas y pastizales como los de la Orinoquia representan entre 20-34% del almacenamiento de carbono de los ecosistemas terrestres. Y, cuando un páramo se convierte en potreros, ese suelo puede perder hasta el 40% del carbono que almacena, sin hablar del impacto que las actividades mineras pueden tener en la alta montaña.

Necesitamos políticas que incentiven y valoren sistemas productivos que regeneren y protejan los suelos y su biodiversidad. En 2015, Francia se planteó que, para lograr las metas en reducción de emisiones, debía pensar en agricultura climáticamente inteligente, aquella donde a través de ciertas prácticas como mantener cubiertos los suelos, es posible incrementar el contenido de carbono en estos en un 0.4% al año. Invertir para lograr este llamado 4 pour mille de los franceses sería una gran innovación comparado con nuestro ¡4 por 1000 del sistema financiero!

Los beneficios climáticos que provee, su rica biodiversidad, el rol que juega en la producción y regulación hídrica, y demás servicios del suelo, son razones suficientes para tomar acciones y políticas contundentes (incluida una NDC mas enfocada en ello). ¿Habrá algún impedimento para que el suelo sea declarado como sujeto de derechos? ¿Si ya hay ríos que lo son, y si los suelos son los que nos mantienen vivos, no tendría sentido? Celebremos este Día Mundial de los Suelos con propuestas y compromisos. Así aseguraremos un futuro más verde, equitativo y resiliente.

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