¿Qué ha pasado en el mundo tras cinco años del Acuerdo de París?

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Aunque el 2020 pretendía ser un año decisivo para la acción climática y la lucha contra el calentamiento global, la crisis por el coronavirus ha hecho el camino más difícil. Organizaciones internacionales le piden a los países tomar medidas urgentes y más ambiciosas para limitar el aumento de temperatura de la Tierra, ya que el mundo todavía se dirige a un aumento de temperatura de más de 3°C en este siglo.

El 12 de diciembre de 2015, tras dos semanas de negociaciones frenéticas de la comunidad internacional reunida en París, se cerraba la Conferencia sobre el Clima (COP 21) como un evento histórico: casi la totalidad del planeta se había puesto de acuerdo y se comprometía a limitar el aumento de la temperatura en la Tierra. Representantes de 195 países reconocieron que el aumento de la temperatura era responsabilidad del hombre y que detener la crisis climática no podía lograrse con acciones unilaterales; por lo que adoptaron un acuerdo global para ponerle freno al calentamiento desencadenado con sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Nunca tantos países se habían movido hacia la misma dirección para enfrentar el fenómeno del cambio climático.

Entre las metas trazadas, la principal establecía que el aumento de la temperatura media de la Tierra debía permanecer a final de siglo “muy por debajo de los dos grados” con respecto a los niveles preindustriales y, de ser posible, a 1,5°C. Para esto, todos los países firmantes debían limitar sus emisiones y elevar flujos financieros para caminar hacia una economía baja en GEI. Aunque el Acuerdo de París abrió un camino, los negociadores sabían que no era suficiente por sí solo para lograr el principal objetivo, por lo que se establecieron mecanismos de revisión al alza de los compromisos cada cinco años.

El 2020 pretendía ser el año de la ambición y la acción climática, en el que repuntaría la lucha internacional contra el calentamiento global. Sin embargo, la crisis por el coronavirus ha hecho el camino más difícil. Por un lado, impidió que se llevaran a cabo diversos espacios de negociaciones climáticas, desde las conferencias de las Naciones Unidas sobre el Océano y la Biodiversidad, hasta la misma COP26 que esperaba celebrarse en noviembre pasado en Glasgow (Reino Unido) – y que fue aplazada para el 2021 – en la que los países tenían que exponer sus nuevos y más ambiciosos planes de recorte de emisiones de gases de efecto invernadero. Por otro, la perturbaciones sociales y económicas en todo el mundo aminoraron de forma pasajera las presiones sobre el clima que se venían ejerciendo ya que, acertadamente, la respuesta económica inmediata por parte de la mayoría de los gobiernos se ha centrado en financiar medidas de rescate destinadas a salvar vidas y proteger a las empresas.

¿Anula esto el casi medio siglo que lleva la Organización de las Naciones Unidas (ONU) luchando contra el cambio climático? Los avances que se han hecho desde la Cumbre de la Tierra en Estocolmo, en 1972, pasando por los acuerdos de Montreal y Kioto, hasta llegar a París, han sido fundamentales en la lucha contra el calentamiento global, pero cada vez se hace evidente la necesidad de tomar acciones más urgentes y ambiciosas. La acumulación de GEI en la atmósfera sigue en aumento.

“En 2014, nos dirigíamos hacia un mundo entre + 4ºC y + 6 ºC para finales de siglo”, recordó Christiana Figueres, responsable sobre el clima de la ONU durante la COP21. Desde entonces, la primera serie de compromisos de los Estados firmantes permitieron reducir estas previsiones entre +3°C y +4°C.

Qué ha pasado en cinco años

En 2015, cuando se anunció el Acuerdo de París, el mundo estaba lleno de expectativas. Sin embargo, cinco años después, la sensación que prevalece es que se ha perdido mucho tiempo y no se ha hecho lo suficiente. Todavía estamos excavando y quemando combustibles fósiles a un ritmo frenético, y el planeta nos manda -más seguido que nunca- nuevas señales de alerta.

Los informes científicos son cada vez más alarmantes: este año se registró un número récord de tormentas en el Atlántico -incluidos huracanes consecutivos de categoría 4- sin precedentes en América central; los incendios forestales consumieron vastas áreas en Australia, Siberia, Estados Unidos y América del Sur; y las lluvias en África y Asia desplazaron a 10 millones de personas.

El calor también llegó a niveles sin precedentes en el Ártico y en el océano. En el Ártico siberiano se registraron 38°C, la temperatura más alta conocida en cualquier lugar al norte del Círculo Polar Ártico; y el 80% del océano experimentó al menos una ola de calor en el 2020. Este año ya se convirtió en uno de los tres años más cálidos registrados, según un informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), y esta década es también la más cálida de la historia. “En pocas palabras”, como aseguró hace unos días el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, “el estado del planeta está roto”, y “las políticas climáticas no están a la altura de lo que nos jugamos”.

Aunque cada vez son más los países que le apuestan a lograr cero emisiones netas para 2050, todavía están lejos las acciones concretas. Las concentraciones atmosféricas de CO2 y otros gases siguen en aumento. Según el último Informe de Brecha de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero 2020, publicado el miércoles por la Oficina de las Naciones Unidas para el Medioambiente (PNUMA), en el 2019, y por tercer año consecutivo, las emisiones mundiales de GEI aumentaron y se situaron en un máximo histórico. Desde 2010 las emisiones que causan el calentamiento global han registrado un crecimiento promedio anual de 1,4%, pero en 2019 el aumento fue más pronunciado y llegó a un 2,6%.

A lo largo de la última década, los cuatro emisores principales China, Estados Unidos, los 27 integrantes de la Unión Europea, el Reino Unido y la India han contribuido al 55% de las emisiones totales sin el cambio de uso de la tierra. Los siete emisores principales (los anteriores más la Federación de Rusia, el Japón y el transporte internacional) han supuesto el 65% de las emisiones, mientras que los miembros del G20 generan el 78% del total, señala el informe.

A pesar de la mayor eficiencia energética y la propagación de las fuentes de energía bajas en carbono, las emisiones siguen incrementándose. Sin embargo, los expertos explican que sigue siendo posible limitar el calentamiento a +1,5°C. Para esto, los países tendrán que poner muchos más esfuerzos para llegar a la neutralidad de carbono en 2050.

La pandemia, una oportunidad de recuperación verde

Según el informe del PNUMA, las emisiones de CO2 podrían descender en alrededor de un 7% en el 2020 (un rango de 2% a12%) en comparación con los índices del 2019 a causa del apagón de la Tierra que provocó la pandemia de COVID-19. Sin embargo, los científicos calculan que el recorte de emisiones en 2020 se traduce en una reducción de tan solo 0,01°C en el calentamiento global para 2050. Esto quiere decir que, a pesar de la caída de las emisiones de GEI causadas por “el parón” de la pandemia, el mundo todavía se dirige a un aumento de temperatura de más de 3°C en este siglo.

Sin embargo, la crisis puede convertirse también en una oportunidad para la acción climática. Si se impulsa una recuperación sostenible de la pandemia se podría reducir hasta 25% las emisiones de GEI previstas para 2030, acercando al mundo al logro del objetivo del Acuerdo de París de limitar el calentamiento a 2°C.

Además, hay un creciente número de países que se han comprometido a lograr cero emisiones netas a mediados de siglo y las fuentes de energía bajas en emisiones siguen creciendo. Según la Agencia Internacional de Energía, cerca del 90% de la capacidad de energía instalada este año alrededor del mundo fue de energías renovables, y para 2050 se espera que esta sea la principal fuente de energía desplazando al carbón.

Una mirada a los países

Hasta el momento de finalización del informe del PNUMA, 126 países que producen cerca del 51% de las emisiones globales de GEI habían adoptado, anunciado, o estaban considerando metas de neutralidad de emisiones. Sin embargo, para que sean factibles estos anuncios, los compromisos deben traducirse en políticas y acciones sólidas y ambiciosas a corto plazo, ya que ninguno de los 58 países más contaminantes está en la trayectoria adecuada para cumplir con el Acuerdo de París contra el cambio climático.

Entre los miembros del G20 (países responsables de cerca del 78% de las emisiones totales de GEI) que se han fijado una meta de emisiones cero netas están: Francia y Reino Unido, que han garantizado por ley su meta para el 2050; la Unión Europea que se propone llegar a las cero emisiones netas de GEI para 2050; China, primer contaminador mundial, que sorpresivamente anunció el 22 de septiembre que se fijaba como objetivo la neutralidad de emisiones de carbono para antes de 2060; Japón y la República de Corea que también han manifestado esta voluntad de emisiones netas de carbono para el 2050; Argentina y México. Por otro lado, países como Estados Unidos (durante el mandato de Donald Trump), Brasil y Australia han tomado decisiones para distanciarse de los esfuerzos climáticos.

Europa

Los países de la Unión Europea dieron un paso adelante en materia climática este viernes y aumentaron su objetivo de reducción de gases de efecto invernadero. En la víspera del quinto aniversario del Acuerdo de París sobre el clima, acordaron reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en “al menos un 55%” para 2030 con respecto a los niveles de 1990, frente al objetivo anterior del 40% con el objetivo de llegar a la neutralidad carbono en 2050.

La Unión Europea también ha sido guía en los planes de recuperación verde. Según el plan de reactivación, cerca de 1,8 billones de euros serán destinados a reconstruir el continente después del coronavirus con un objetivo principal: una Europa más verde. El 30% de ese dinero estará destinado a la transición climática, el porcentual presupuestario más elevado de la historia de la UE. Suecia se encuentra a la cabeza de los esfuerzos internacionales contra el calentamiento global.

Asia

China, el principal emisor de GEI del planeta y responsable de más del 25% de las emisiones mundiales, anunció por primera vez en la historia que se había fijado el objetivo de lograr la neutralidad en carbono para antes de 2060, una noticia que tomó por sorpresa al mundo y que impulsó a otros países a actualizar sus emisiones. Hasta ahora, no ha presentado detalles de su plan para lograrlo.

India, otro de los principales contaminantes, ha llamado por su parte a impulsar una mejor inversión global en el futuro de la energía limpia del país. Su compromiso inicial es reducir la intensidad de carbono entre 33 y 35% para 2030 respecto a 2050, pero no ha anunciado ningún nuevo NDC.

América Latina

La región latinoamericana emite cerca del 10% de las emisiones globales. Brasil y México ocupan el séptimo y el noveno lugar en el mundo, con más de la mitad de las emisiones de la región.

Brasil, el mayor contaminador de la región, parece no ir hacia un futuro con menos emisiones.

Estados Unidos

Aunque EE. UU., el segundo emisor mundial de GEI, desempeñó un papel decisivo en el diseño y negociación del Acuerdo de París firmando su participación en 2015, la “era Trump” estuvo llena de reveses. El país se había comprometido a reducir para 2025 las emisiones entre un 26% y un 28%, pero dos años después el gobierno anunció su intención de retirarse del acuerdo y el 4 de noviembre de este año el país se convirtió en la única nación en retirarse. Además, se impulsó desde el gobierno deshacer regulaciones para combatir el cambio climático.

Tras la derrota electoral de Trump, el presidente electo, Joe Biden, anunció que con su llegada a la Casa Blanca volvería a integrar al país al Acuerdo, y nombró a John Kerry, quien en 2015 firmó por EE.UU. este acuerdo en París, como nuevo representante especial para el clima.

Los firmantes del Acuerdo de París deberán someter antes de fin de año una revisión de sus compromisos de reducción de emisiones de GEI. Hasta ahora, lo han hecho una veintena de países que representan menos del 5% de las emisiones mundiales. Sin embargo, el mundo espera que con la cumbre virtual que tendrá lugar este sábado se de un nuevo impulso a la acción climática.

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