3 Aug 2018 - 1:00 a. m.

Ropa y bienes de lujo: los contaminantes sorpresa de las fuentes de agua

Una investigación acaba de revelar que este tipo de bienes, característicos de las sociedades más ricas, son responsables del 25% de la contaminación que crea zonas “muertas” en mares y ríos.

Redacción Vivir

Al norte del Golfo de México, en donde se encuentran las playas más bellas del mundo, hay, además, una enorme extensión de mar muerto. Allí, en esa zona que alcanza el tamaño de El Salvador, la vida marina es inviable. Pero no siempre ha sido. Los humanos, con nuestras actividades productivas, hemos matada esa zona, y otras 400 en todos los mares del planeta.

¿Cómo? La historia usual empieza en los cultivos agrícolas. En ellos, los campesinos y productores usan fertilizantes cuyos principales componentes son el nitrógeno, el fósforo y el potasio, que, en su mayoría, son absorbidos por las plantas para crecer sanas. Sin embargo, lo que las plantas no absorben se filtra hacia quebradas y ríos que, más tarde, llegan al océano.

Allí, ese exceso de nutrientes hace que cierto tipo de algas crezcan a una velocidad descomunal. El resultado: una invasión incontrolable de algas que le quitan el oxígeno al agua, matando peces, otro tipo de plantas marinas y todo indicio de vida. Ese asesinato ambiental se llama “eutrofización”.

La ropa: el contaminante silencioso

Muchos países son conscientes del rol fundamental de la agricultura para solucionar este problema. Sin embargo, una investigación de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología acaba de demostrar que más del 30% de la eutrofización de mares y ríos es culpa de la producción de ropa y otros bienes de lujo, como muebles.

De acuerdo con la investigación publicada en la revista Nature Sustainability, en 2011 el 35% de la contaminación por eutrofización en los mares, y el 33% de este problema en ríos y lagos, fue culpa de productos no alimenticios. Comparado con datos del año 2000, hubo un incremento del 28%.

“Normalmente pensamos en la producción de comida como el culpable detrás de la eutrofización. No obstante, si estamos tratando de entender y controlar en su totalidad este fenómeno, ignorar las contribuciones de otros bienes de consumo como la ropa o los muebles significa que solo estamos solucionando este problema de manera parcial”, señaló Helen Hamilton, la posdoctora de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología que dirigió la investigación.

¿Cómo medirlo?

Hamilton sabía que, con una globalización creciente, analizar este problema no sería fácil. Es evidente que, aunque por ejemplo en un país como México se producen muchísimos aguacates, buena parte de ellos son exportados a otros países. Así, la contaminación se queda en México, pero el “culpable” de esa contaminación no es México: es el país y quienes consumen sus aguacates.

Por eso, los investigadores necesitaban no solo conocer las fuentes de la contaminación, sino los lugares donde ellas se originan y a qué lugares del mundo van a parar los productos finales.

Para lograrlo, los científicos utilizaron una herramienta de modelado llamada MRIO, que les permitió calcular “la huella de eutrofización” de cada país en el mundo que, tal como deseaba Hamilton, incluye la contaminación interna del país y la contaminación ocurrida en los lugares desde donde importa bienes.

Los más contaminantes

Como en buena parte de otros rankings de contaminación ambiental, el trono se lo llevó Estados Unidos. Si se suma la eutrofización causada por bienes agrícolas y no agrícolas, y se suma la contaminación interna y externa de ese país, se comprueba que es el más contaminante de todos. Y, que desde 2000, la cantidad de contaminantes que arroja a los cuerpos de agua se ha triplicado.

El segundo país más contaminante es China. De acuerdo con Hamilton, esto ocurre por dos razones: una creciente población y, un incremento en la capacidad adquisitiva de los chinos, así como en cambios en su dieta.

De acuerdo con la investigadora, los datos revelaron que en los países donde más se aumentó este tipo de contaminación, fue en aquellos que se enriquecieron, pues la gente tenía más dinero para gastar en bienes “de lujo”. “Considerar el consumo de estos bienes de ropa, textiles o muebles es fundamental para entender este problema ecológico”, explicó la investigadora.

Fue por ello que China se coronó como el país con la huella de eutrofización por causas no agrícolas de los mares del mundo. Su huella es de 8.6 toneladas métricas de equivalentes de nitrógeno.  
Los que “exportan” sus problemas

Al mirar los datos de Europa, se hace evidente porqué la solución a este problema no puede ser nacional, sino que debería abordarse con un enfoque global. Allí, “la vasta mayoría de la contaminación que no tiene que ver con la producción e alimentos ocurre en otras regiones del mundo”, explica el paper.

Hamilton explica que, en otras palabras, “ la Unión Europea está generando enormes cantidades de contaminación en otros países al consumir productos importados sin tener que lidiar con las consecuencias de ello”.

Para solucionar el problema, sugiere Hamilton, además de un enfoque global, los países más contaminantes deberían trazarse metas de reducción de su huella así como fomentar y acelerar la transferencia de tecnología a aquellos países en donde se están produciendo los bienes contaminantes.

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