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COP16: tres días para acordar lo que no se logró en dos semanas en Cali

La cumbre más importante sobre biodiversidad, que se suspendió en Cali a inicios de noviembre del año pasado por falta de quorum, se reanuda hoy en Roma (Italia). Durante tres días, los países intentarán llegar a acuerdos sobre temas claves como el fondo que administrará los recursos para lograr las 23 metas para detener y revertir la pérdida de biodiversidad.

César Giraldo Zuluaga

24 de febrero de 2025 - 07:33 p. m.
Plenaria final de la COP16 en Cali, el 2 de noviembre de 2024, que se suspendió por falta de quorum.
Foto: UN Biodiversity

Poco más de cuatro meses después de que en Cali iniciara la 16ª Conferencia de las Partes (COP) del Convenio de Diversidad Biológica (CDB), y luego de 115 días de que la plenaria final tuviera que suspenderse por falta de quorum, en la madrugada de este martes, 25 de febrero, en Roma (Italia) se retomarán las negociaciones finales de la COP16. El tema central, al igual que al comienzo de las reuniones en la capital del Valle del Cauca, sigue siendo el dinero que se necesita para detener y revertir la pérdida de biodiversidad.

Mientras los dos bloques de países que se formaron en torno a esta discusión, que podrían identificarse grosso modo entre ‘países desarrollados’ y ‘países en desarrollo’, avanzan en las discusiones sobre quién debe administrar el fondo del dinero, hay otros tres temas en los que, si bien no hay tanta tensión entre los países, se deben tomar decisiones para que se logre avanzar en las 23 metas que se establecieron hasta 2030.

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Antes de entrar en detalles sobre las negociaciones que se adelantarán durante los próximos tres días en la sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), es importante hacer un recuento de qué es la COP16, qué se logró durante las dos semanas en Cali y qué es lo que se espera concluir en la capital italiana.

La biodiversidad en juego

Durante el inicio de la segunda semana de la COP16 en Cali, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lanzó un informe que permite dimensionar a qué se hace referencia cuando se menciona la pérdida de biodiversidad. Más de 1.000 investigadores y científicos que analizaron el estado de 47.282 especies de árboles encontraron que cerca de 16.000 especies, o el 35 % del total, estaban con alguna amenaza de extinción, de las cuales 700 especies se encuentran en Colombia.

Los árboles, además de ser el hogar de especies de insectos y mamíferos, también ofrecen protección a otras especies vegetales, retienen el agua, aportan la estabilidad del suelo y mejoran el entorno local. Por eso, decía Meghan Barstow, gerente de políticas de conservación del Botanic Garden Conservation International, al proteger los árboles, se previene la extinción de otras formas de vida. Así como con los árboles, los científicos estiman que alrededor de un millón de especies están en peligro de extinción.

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Para hacer la historia más corta, en diciembre de 2022, 196 países que ratificaron el Convenio de Diversidad Biológica (CDB) alcanzaron un acuerdo histórico en el que establecieron 23 metas que buscan detener y revertir la pérdida de biodiversidad: el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal (MMB). Algunas de esas metas buscan, por ejemplo, que el 30 % de las zonas terrestres y marinas estén siendo protegidas, eliminar o reducir las especies exóticas invasoras (como los hipopótamos), y garantizar que las tierras dedicadas a la agricultura se gestionen de manera sostenible.

A Cali, los representantes de cientos de países llegaron con varios objetivos claros: revisar los planes nacionales con los que cada país espera cumplir las 23 metas a 2023 (conocidos como NBSAP, por sus siglas en inglés), encontrar las formas para movilizar los miles de millones de dólares para que los países avancen en esas metas, crear el mecanismo para repartir los beneficios que se obtienen de la biodiversidad, así como discutir cómo hacer para facilitar y aumentar la participación de los pueblos indígenas y las comunidades locales en este tipo de discusiones, entre otros.

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Algunos de ellos se lograron y otros quedaron en vilo. En una rueda de prensa ofrecida en la mañana del lunes, Astrid Schomaker, secretaria ejecutiva del CDB, y Susana Muhamad, ministra de Ambiente de Colombia y presidenta de la COP16, repasaron algunos de los logros que se obtuvieron durante las dos semanas de reuniones en Cali.

En la primera parte de la COP16, por ejemplo, se logró concretar una vieja promesa que se venía trabajando desde hace ocho años: que las comunidades locales y pueblos indígenas sean un grupo de trabajo permanente del CDB. En Cali, la propuesta de Colombia y Brasil de un reconocimiento explícito del trabajo de las comunidades afrodescendientes como protectores de la biodiversidad también prosperó.

También se avanzó en un plan de acción para trabajar los vínculos entre la biodiversidad y la salud humana y se acordó un marco para identificar y actualizar las áreas marinas de importancia biológica o ecológica. Justo antes de que la plenaria final, que se extendió hasta las primeras horas del sábado 2 de noviembre del 2024, se suspendiera, se tomó una de las decisiones más esperadas: la creación del Fondo de Cali. Con este mecanismo, que no ha estado exento de críticas, se busca que las compañías farmacéuticas y de agroquímicos, que por décadas han obtenido ganancias por el uso gratuito de los recursos genéticos digitales (DSI, por sus siglas en inglés), empiecen a repartir los beneficios, en gran medida con las comunidades locales y los pueblos indígenas.

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Sin embargo, hacia las 8:30 de la mañana de ese sábado, mientras se discutía la financiación —la “papa caliente” de la COP16—, la plenaria final tuvo que ser suspendida por falta de quorum. Otros temas, también importantes, pero sin tantos reflectores encima, como el monitoreo y evaluación de las 23 metas del Marco Mundial de Biodiversidad, también quedaron en un limbo, al no tomarse decisiones al respecto. Aunque Schomaker aseguró que no hay otra alternativa más allá de ser exitosos durante estos tres días de negociaciones, algunas personas, como Óscar Soria, director de la Organización Common Initiative, que le hacen seguimiento a las reuniones en Roma, temen que estas concluyan sin un acuerdo claro “lo que podría afectar la implementación efectiva de los objetivos de biodiversidad a nivel global”.

El eterno debate sobre la financiación

“La movilización de recursos ha sido históricamente uno de los temas más complejos en las negociaciones”, señala desde la capital italiana Ximena Barrera, directora de Relaciones de Gobierno y Asuntos Internacionales de WWF Colombia. Sucedió, por mencionar un ejemplo adicional al de la COP16, en la última cumbre de cambio climático (COP29), que se celebró en Bakú (Azerbaiyán), a finales de noviembre del año pasado. Allí, los países desarrollados adoptaron una meta de $300.000 millones de dólares por año para 2035, muy lejos de los $1,3 billones de dólares que pedían los países en desarrollo.

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En la cumbre de biodiversidad, el problema no es tanto por la cantidad del dinero —aunque se estima que la brecha es de US $700.000 millones al año—, sino por quién debe administrar el fondo que recauda ese dinero. De un lado, están los países desarrollados que consideran que el Fondo Marco Global para la Biodiversidad (GBFF, por sus siglas en inglés) debe seguir siendo manejado por el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF, por sus siglas en inglés). Mientras tanto, un segundo bloque, integrado en su mayoría por países en desarrollo, piden que se cree uno nuevo.

Al cierre de la COP15, se decidió, de manera provisional, que el GEF estaría encargado de administrar los US $200.000 millones que necesitamos de acá a 2030 para cumplir con las 23 metas. La decisión no dejó satisfechos a los países en desarrollo, que durante años han señalado que bajo el GEF han tenido problemas para acceder a la financiación, acusan a los órganos que toman las decisiones de no ser imparciales y denuncian demora en el acceso a los recursos.

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En Cali, se esperaba que los países lograran llegar a un acuerdo, fuera la creación de un nuevo instrumento, o que el GEF siguiera administrando los dineros de la biodiversidad. Pero, tras días enteros de negociación, las discusiones, que fueron calificadas por algunos negociadores y observadores como “polarizadas”, no mostraron avances. A la plenaria final, llegaron los mismos dos bloques de países que se formaron desde el inicio de las negociaciones. Ante la salida paulatina de los negociadores que debían tomar los viajes de regreso, la reunión final se quedó sin quorum para decidir sobre este asunto.

Como explicó la presidenta de la COP16 en un documento que publicó hace algunos días, desde diciembre del año pasado empezó a adelantar consultas regionales para acercar las posiciones de los bloques alrededor de la movilización de recursos. Entre enero y febrero de este año, llevó a cabo reuniones bilaterales y aportes escritos con el mismo fin. Este trabajo, aseguró Muhamad en la rueda de prensa de este lunes, “ha permitido acercar más a las partes”.

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La aún ministra de Ambiente de Colombia se mostró optimista al respecto: “El mensaje es que aun con un panorama geopolítico fragmentado podamos lograr acuerdos sobre aspectos fundamentales como proteger la vida”. Barrera, de WWF, tiene una percepción similar. “Si bien aún hay diferencias, las consultas entre los países han permitido acercar posiciones. La expectativa es que en Roma se logren avances concretos en la estrategia de financiamiento y en la estructura de gobernanza de los fondos disponibles, lo que daría mayor claridad y confianza a los países en desarrollo sobre los recursos que recibirían de los países desarrollados, para el cumplimiento de la meta de los US $20.000 millones anuales para antes del 2025”.

Mientras tanto, Soria, de Common Initiative, reconoce que dado el “estancamiento previo”, es posible que las reuniones en Roma concluyan sin un acuerdo claro sobre el fondo que administrará los recursos de la biodiversidad. Si esto sucede, la decisión quedaría aplazada para la COP17, que se llevará a cabo en Armenia en 2026, siendo el peor panorama posible para la mayoría de las personas que participan en las negociaciones. “Dependerá del talento de todos los delegados para no perder esta oportunidad histórica”, concluye el argentino.

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Monitorear lo prometido, otra de las deudas

Otro de los temas que quedó en stand-by en Cali, pero que no suele atraer tanta atención como el financiamiento, es del monitoreo y seguimiento de las metas del Marco Mundial de Biodiversidad. “Este punto es clave porque sin un buen sistema de monitoreo no podremos medir si realmente estamos avanzando en la implementación del marco”, apunta Barrera, de WWF. La ausencia de este seguimiento, a criterio de varios expertos, explicaron en gran medida el fracaso de las Metas Aichi, las antecesoras de las metas de Kunming-Montreal.

Actualmente, explica Soria, “las conversaciones sobre el seguimiento se centran en establecer mecanismos transparentes y eficientes que permitan a todas las partes involucradas reportar sus avances. Además, se discute la creación de indicadores claros y la asignación de responsabilidades específicas para asegurar una rendición de cuentas efectiva”. Esto, en palabras de Schomaker, es clave dado que se espera que en la COP17 de Armenia se pueda realizar el primer análisis del cumplimiento de las 23 metas. “Para eso, concluía la secretaria ejecutiva del CDB, “tenemos que terminar nuestro plan de monitoreo y el mecanismo de revisión”.

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Con estas dos decisiones claves en mente, y otras tres que incluyen la cooperación con organizaciones internacionales, el programa de trabajo de la COP y la administración del convenio, delegados de más de 100 países empezarán a reunirse desde las 10:00 a.m. en Roma (4:00 a.m., hora en Colombia) de este martes para, en tres días, intentar ponerse de acuerdo en temas que no lograron concretar durante dos semanas en Cali.

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