12 Mar 2017 - 2:00 a. m.

Segundo llamado por la Ciénaga de San Silvestre

Desde que El Espectador denunció en enero que un basurero está acabando con la mayor reserva hídrica del Magdalena Medio, la situación ha empeorado. La empresa además se extralimitó en el área permitida en la licencia ambiental.

Silvia Margarita Méndez Manosalva - @silviamendez94

Aproximadamente dos meses después de que El Espectador denunciara que a la Ciénaga de San Silvestre, en Barrancabermeja, la está matando el relleno sanitario Yerbabuena, el panorama ha desmejorado. Un levantamiento topográfico documentó que ahora la empresa de recolección Rediba S.A., dueña del basurero, también se pasó de las coordenadas que tenía permitidas en la licencia ambiental, otorgada en 2014 por la Corporación Autónoma de Santander (CAS) bajo dudosas circunstancias. (Lea: Los males que amenazan de muerte a la Ciénaga de San Silvestre)

Entre las anormalidades que se presentaron en la concesión del permiso está el hecho de que el relleno, propiedad del megacontratista santandereano Reinaldo Bohórquez Rueda, fue construido en una zona especial de protección ambiental declarada distrito regional de manejo integrado (DRMI), además de que la CAS omitió el decreto 838 de 2005, el cual prohíbe cimentar este tipo de proyectos en “áreas pertenecientes al Sistema de Parques Nacionales Naturales y demás ecosistemas especiales tales como humedales, páramos y manglares”.

Sin embargo, Yerbabuena, que ya tenía orden de cierre provisional por incumplimiento del Plan de Manejo Ambiental, continúa infringiendo la ley refugiándose en la declaratoria de “emergencia sanitaria” por parte del municipio. La última perla de Rediba es el descubrimiento que hizo un topógrafo contratado por ambientalistas de la Corporación Yariguíes, en el que documentó que la empresa rebasó las coordenadas del área de sustracción autorizada.

En el mapa entregado por la corporación el pasado 12 de febrero, el cual fue enviado a la Alcaldía, la CAS y hasta la Corte Constitucional, sin respuesta alguna, se ve que el basurero utilizó 6 ha 9.500 m² más de las 30,6 que tenía autorizadas. Dicha violación en el DRMI acarrearía consigo tres delitos ambientales más: tala indiscriminada de árboles, intervención ilegal de cauce y daño a recursos naturales en zonas de preservación ambiental registradas como zonas protegidas.

Entre las obras de dispersión ilícitas que realizó Rediba, la intervención u ocupación ilegal de cauce es una de las más delicadas. El basurero, como se puede ver en el mapa adjunto, taponó el cauce del caño El Moncholo, cuya agua bajaba por una amplia zona de bosques, pasaba por la carretera que comunica a Bucaramanga con Barrancabermeja y finalmente desembocaba en el caño El Zarzal, que alimenta a la ciénaga de San Silvestre y era la principal fuente de captación de agua de los habitantes de Patio Bonito, vereda ubicada en frente del relleno. Dicha obstrucción produjo que El Moncholo se represara aguas arriba.

Además, en el estudio se muestra cómo una de las tres piscinas de lixiviados se pasa por completo del polígono de sustracción, mientras que otra de ellas está a la mitad. Igualmente, al norte de la celda, buena parte de los sitios de disposición de basura también se encuentran por fuera del área permitida.

De acuerdo con el secretario de Medio Ambiente de Barrancabermeja, Alejandro Bohórquez, “si esa violación a la licencia llega a ser cierta, inmediatamente denunciaríamos la situación ante la CAS, que es el único responsable. Por ahora sólo es un mapa que está rondando y necesitamos que sea confirmado con un levantamiento topográfico oficial”.

No obstante, los hechos demuestran que la infracción ya se conocía. El 18 de noviembre de 2015, la Corte Constitucional realizó una visita de inspección judicial al relleno por dos tutelas interpuestas por la comunidad de Patio Bonito en las que reclaman el derecho al agua y a un medioambiente digno.

En dicha visita, la magistrada auxiliar encargada, Claudia Escobar García, confirmó la irregularidad. “En el predio continuo al relleno sanitario se observa una amplia zona intervenida con maquinaria pesada, pero se desconoce si cuenta con licencia ambiental para ello”, dice el acta del registro oficial. Hasta el momento no ha habido un fallo.

Según el médico pediatra y representante de la Corporación Yariguíes, Yesid Blanco Calvete, desde ese entonces la Corte ha guardado silencio bajo la premisa de que están en período de recolección de pruebas. 

Cuando El Espectador se comunicó con el alto tribunal para conocer el porqué de la demora, el magistrado Luis Guillermo Guerrero Pérez aseguró que “el proyecto de sentencia respectivo será registrado a finales de marzo por la Sala Segunda de Revisión, quien dará el fallo definitivo. El año pasado la Corte consideró que una decisión sobre el cierre del relleno sanitario sólo podría adoptarse en el fallo final, puesto que se encontraron serias inconsistencias entre las versiones de los habitantes, autoridades y organizaciones civiles involucradas”.

Luego de que la corporación compruebe lo que la Corte ya había descubierto hace más de un año, el siguiente paso es iniciar un procedimiento sancionatorio ambiental, en donde Rediba tiene las siguientes opciones estipuladas en el decreto 1333 de junio de 2009: “cierra definitivamente, o restituye las zonas invadidas, o las devuelve o compensa, o bien solicita una modificación en la sustracción que hace la misma CAS”.

Pero las omisiones no paran. El pasado 3 de febrero, el juez segundo administrativo del Circuito de Barrancabermeja, estuvo a cargo de otra visita de inspección judicial ordenada por el Tribunal Administrativo de Santander, en donde se encontró un nacimiento de agua a sólo 38 metros del basurero. La CAS, en cabeza del inspector Willington Angarita, lo confirmó. “Se documentaron nacimientos de agua en el relleno. Dichos acuíferos fueron documentados en el expediente”, dijo el funcionario.

Si la situación se contextualiza, en 2016, por ejemplo, le cancelaron la licencia ambiental a la empresa Hupecol porque su actividad petrolera estaba a 68 kilómetros de la zona de recarga hídrica, es decir, los acuíferos de Caño Cristales. ¿Será que con 37 metros no tenían que haber revocado la licencia de Rediba?

La respuesta la dio la Secretaría de Medio Ambiente. “Nosotros podemos cerrar el relleno y nuestro jefe puede levantar la emergencia sanitaria, eso es cosa de días. También podemos mandar la basura a La Dorada o a Barbosa (Antioquia), pero… ¿quién va a pagar el excedente? Eso hay que ponerlo a consideración de la comunidad de estratos 1, 2 y 3, a ver si ellos están dispuestos a pagar”, dijo Bohórquez.

Mercurio en el agua, ¿tragedia camuflada?

Al poco tiempo de haberse construido el relleno, el registro de peces, manatíes y tortugas que aparecieron muertos en la Ciénaga alarmó a la comunidad aledaña, que también comenzó a tener problemas respiratorios y, poco a poco, por el vertimiento de lixiviados, perdió otros animales para sustento como gallinas, vacas y pollos.

Ahora el turno, al parecer, es para los bebés y cachorros recién nacidos de la capital petrolera. El pasado 15 de febrero, en la clínica Magdalena, nació sin vida un bebé con una patología conocida como anencefalia, enfermedad que impide la formación del cerebro y que puede ser causada por contaminación ambiental (exposición a metales pesados), malformaciones genéticas o descuidos en el embarazo.

Sin embargo, la mamá, que tenía 24 semanas de gestación, ha vivido toda su vida en Barrancabermeja y toma agua de la pluma, manifestó que hizo sus controles prenatales desde muy temprano y que, inclusive, estaba siendo tratada con ácido fólico (vitamina que se necesita en el embarazo para asegurar que este tipo de desórdenes no ocurran). “A los dos días de conocer el diagnóstico me vio un perinatólogo y me dijo que no había nada que hacer. También me preguntó si yo trabajaba en algo que me expusiera al contacto con metales pesados o químicos y le dije que no”, expresó la madre en entrevista con Caracol Televisión.

La muerte del bebé hubiera pasado desapercibida de no ser porque al siguiente día de presentarse el caso, un veterinario de la ciudad reportó la misma enfermedad en una camada de cachorros píncher.

Conforme lo expresó el médico genetista y profesor titular de la Universidad Javeriana, Ignacio Zarante, “a pesar de que la anencefalia es una patología frecuente en la población y es muy difícil con tan pocos casos presentados encontrar la causa, en esta ocasión tampoco podemos decir que la muerte del bebé no fue por contaminación por mercurio. Habría que hacer una frecuencia de base para ver si los casos están aumentando. Esta enfermedad aparece por alteraciones cromosómicas, causas ambientales o déficit de ácido fólico”.

Sin embargo, en un estudio financiado por la Alcaldía, la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB) confirmó la elevación de mercurio en el agua de la ciénaga, reserva hídrica que surte al acueducto del municipio encargado de abastecer a cerca de 300.000 habitantes.

La investigación, que incluyó un muestreo realizado en diciembre de 2014 y abril de 2015, reveló el antes y el después del relleno. Los valores quedaron registrados así: en el 2014 el mercurio resultó imperceptible en todos los puntos menor a 0,00027 mg por litro, mientras que en el año siguiente el valor del metal fue de 0,002 mg por litro positivo en los puntos de captación de agua conocidos como Rincón Sábalos, bocatoma de Ecopetrol y Rincón de Brujas.

Palabras más, palabras menos, el estudio demostró que para el cuarto mes de 2015 los niveles de mercurio se elevaron 26 veces, valor equivalente a un aumento del 2.600 %. Yerbabuena comenzó a operar el tres de enero de 2015.

Contrariamente, el gerente de Aguas de Barrancabermeja, Sergio Amaris, aseguró que el agua potable tratada no tiene mercurio, bajo el argumento de que una cosa es el agua de la ciénaga (cruda) y otra muy diferente el agua tratada que llega a las casas de los barramejos.

“Las conclusiones de la UPB dicen que el agua es apta para el consumo humano bajo un tratamiento convencional como el que maneja el acueducto. Los análisis que se han hecho del agua cruda en bocatoma son negativos por debajo del límite de detección”, indicó Amaris.

En contraste, el experto en medioambiente, Heyner Mancera Rincón, dijo que a pesar de que efectivamente en el Sistema de Información de la Vigilancia de la Calidad del Agua para Consumo Humano (Sivicap), el resultado en Barrancabermeja es agua potable sin riesgo, “el problema es que este estudio sólo toma en cuenta algunos contaminantes, presencia de bacterias, turbiedad del cuerpo hídrico, color, etc. Es decir, sólo evalúa propiedades organolépticas, pero no la medición de metales pesados como el mercurio”.

En conclusión, a pesar de que el acueducto trata el agua de la Ciénaga con el sistema convencional (alumbre, sulfato de plata y cloro), aún no se puede conocer a ciencia cierta si el líquido está contaminado o no con mercurio.

De acuerdo con cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la exposición al mercurio, incluso en pequeñas cantidades, puede causar graves problemas de salud y es peligrosa para el desarrollo intrauterino en las primeras etapas de vida. Además, este es uno de los diez grupos de productos químicos que plantean especiales problemas de salud pública.

“Que les pase a los peces y no digan nada, que les pase a las tortugas y no digan nada, que les pase a los manatíes y no digan nada, pero que les pase a nuestros bebés y a nuestros cachorros y quieran ocultar esta terrible realidad, es una enorme e histórica irresponsabilidad”, cuestionó el médico Blanco Calvete.

Por ahora, el municipio anunció que están próximos a conformar un comité interinstitucional que monitoreará la Ciénaga con la presencia de la Gobernación de Santander, ministerios y los diferentes actores involucrados, mientras que por otro lado animales, plantas y bebés de la ciudad, mueren silenciosamente por contaminación.

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