Durante las últimas dos décadas, las poblaciones de la mariposa saltarina de Poweshiek (Oarisma powesheik) han disminuido considerablemente. De acuerdo con la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), este insecto se encuentra en peligro crítico de extinción y ya ha desaparecido en algunos lugares donde era nativo. Se ha extinguido en su totalidad en los estados de Indiana e Illinois y, posiblemente, en Iowa, Dakota del Sur y Dakota del Norte, en Estados Unidos.
Para 2022, según documentaron investigadores de la Universidad Estatal de Michigan (MSU), solo quedaban nueve ejemplares de esta especie en todo el país norteamericano. Es por ello que los científicos de dicha universidad se aliaron con el zoológico John Ball, el zoológico de Minnesota, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos y el Departamento de Recursos Naturales de Michigan, con el fin de rescatar a esta mariposa de la extinción.
Los socios conservacionistas diseñaron y crearon invernaderos que recrean las condiciones de humedad que necesitan las orugas de esta especie, donde comenzaron a criarlas. En un punto, de acuerdo con la MSU, llegaron a cuidar en cautiverio un número mayor de estos animales a los que se podrían encontrar en estado salvaje en cualquier parte del planeta.
El objetivo de los investigadores era evitar que este insecto se extinguiera en el estado de Michigan, por lo que, tras la metamorfosis, cuando las orugas se transformaban en mariposas, las liberaron en su hábitat natural. Pero antes, los científicos “durmieron” a cada individuo para poder marcarlo con un rotulador permanente, hacerle el respectivo seguimiento y poder rastrearlo en el futuro.
“Utilizamos una cantidad muy pequeña de isoflurano (que se usa frecuentemente para anestesiar a humanos y animales durante procedimientos médicos) en un recipiente cerrado que duerme temporalmente a las mariposas para poder marcarlas de forma segura antes de liberarlas”, dijo a IFLScience David Pavlik, asistente de investigación en la Estación Biológica WK Kellogg de la MSU y en el Zoológico John Ball. “Las mariposas se despiertan muy poco después, normalmente entre 30 segundos y un minuto”.
En total, declaró Pavlik, se liberaron 102 mariposas en 2022 y más de 1.300 en 2025. En un principio, la estrategia funcionó para fortalecer los pocos grupos fragmentados que quedaban, pero, incluso, ya se han logrado establecer nuevas poblaciones. “Estas liberaciones ya están contribuyendo a que las poblaciones silvestres comiencen a prosperar”, comunicó la MSU. “Los investigadores ya no liberan mariposas para evitar su extinción, sino para expandir una población en recuperación”.
Para alcanzar ese logro, apuntó Pavlik, fue necesario restaurar algunos de los ecosistemas de donde no solo habitan estos insectos, sino otros animales silvestres, cuya degradación a acelerado su desaparición. “Se ha perdido más del 99 % de las praderas y turberas en los Estados Unidos. Al mejorar el hábitat de la mariposa saltarina de Poweshiek, también estamos mejorando el hábitat de todas las especies que viven allí, desde las más comunes hasta las más raras”, dijo el investigador.
Las mariposas, además, son consideradas indicadores de la salud del ecosistema. En otras palabras, su ausencia es una señal de alerta de que algo anda no está bien en su entorno. El programa de la MSU y sus socios conservacionistas se ha extendido a tal punto que científicos de investigadores del laboratorio Haddad y el zoológico John Ball están criando y reintroduciendo a otras dos especies de mariposas en peligro de extinción, la mariposa sátiro de Mitchell y la mariposa azul de Karner, para así restaurar sus poblaciones en el estado de Michigan.
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