Trabajando por una pesca sostenible en la cuenca Magdalena-Cauca

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Tres expertos relatan desde sus experiencias y vivencias la importancia de la actividad pesquera en la macrocuenca Magdalena-Cauca y lo urgente que es seguir adelantando acciones de manera articulada entre todos los actores en el territorio.

Colombia cuenta con un sinfín de riquezas en ecosistemas y biodiversidad que, a lo largo de la historia republicana del país, han sido el eje transversal de las dinámicas económicas y sociales.

El río Magdalena es de los sistemas hídrico más relevantes del país, genera dentro de sus caudales caudales el 86% del Producto Interno Bruto (PIB) y dentro de sus aguas se recogen de forma directa el modo de vivir del 77% de la población colombiana, recogida en 19 departamentos y 728 municipios.

Las dinámicas pesqueras son fundamentales en la macrocuenca Magdalena-Cauca, más allá de lo que pueda significar en términos comerciales. En ese sentido, y a la luz de voces de expertos y estudiosos de estos ríos del país, existe una necesidad urgente de aunar esfuerzos desde este oficio, para erradicar, en la medida de lo posible, las actividades ligadas con la deforestación, la minería ilegal y demás técnicas de desarrollo industrial y agropecuario que pueden generarle daños irreversibles a los ecosistemas y a las relaciones socioambientales entre las poblaciones y la macrocuenca.

Específicamente, en las cuencas del Magdalena y el Cauca, se llevan a cabo entre el 45% y el 50% de la pesca continental del país, pero los daños causados por diferentes sectores productivos han hecho que actividades como la pesca artesanal se vea afectada y los mismos pescadores, ejecutores de esta actividad, pierdan la identidad que han adoptado a raíz de su oficio. Esto, además de incidir negativamente en los indicadores comerciales que calculan entidades como Fundación Natura, que implementa acciones para involucrar a las comunidades pesqueras de la macrocuenca a través del Proyecto GEF Magdalena Cauca Vive.

Las voces locales y expertas, que conocen de primera mano las dinámicas de protección de la macrocuenca, son esenciales para divulgar estas acciones y lograr replicarlas, por ejemplo, a través de campañas ambientales que han sido lideradas por organizaciones como: Fundación Natura, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, el Fondo Adaptación, la Corporación Autónoma Regional del Río Grande de la Magdalena – Cormagdalena y el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales, IDEAM.

Algunas de estas voces, relatan desde sus experiencias y vivencias, la importancia de la actividad pesquera en la macrocuenca Magdalena-Cauca y lo urgente que es seguir adelantando acciones de manera articulada entre todos los actores en el territorio, para convertirla en un proceso sostenible que proteja la seguridad alimentaria de estas y las próximas generaciones.

Juan Carlos Alonso

El coordinador del Proyecto GEF Magdalena Cauca Vive, lleva años trabajando y estudiando el río desde una perspectiva biológica y ecológica. A su parecer, para hablar de la pesca en esta macrocuenca, primero hay que hacer un balance sobre esta actividad a nivel nacional. “Dentro de las estadísticas pesqueras que nos ofrece la AUNAP, se reportan cerca de 200.000 toneladas al año que el país produce en pesca y acuicultura. En Colombia el 40% representa la pesca en ecosistemas continentales o de agua dulce y el 60% restante en ecosistemas marinos”.

En relación con estos datos oficiales, la actividad pesquera en el río Magdalena totaliza entre el 45 a 50% (de 20.000 a 25.000 toneladas/año) del total en ecosistemas dulceacuícolas del país., lo que le da aún más relevancia a este sistema hídrico, entendiendo que en los subregistros, según Alonso, habría cerca de 10.000 toneladas más para tener en cuenta, proveniente de la pesca de autoconsumo de todos los pescadores y sus familias, no reportadas como pesca comercial.

Otro de los puntos críticos en los ríos Magdalena y Cauca, como lo señaló Alonso, es la disminución radical de la cantidad de peces en los últimos años, mientras que en registros históricos desde la década de los 70 el indicador de Captura por Unidad y Esfuerzo-CPUE reportaba una pesca en promedio 25 kilogramos por unidad económica por día, “actualmente logramos ver 12 kilogramos por unidad por día, entre bagre rayado, bocachico, y otras pocas especies que son los que más abundan”.

Sin embargo, las riquezas del río no se van. Hay más de 45 especies que siguen en las dinámicas de pesca menor en el Magdalena. Para Alonso, la biología de estas especies “se ha visto expuesta a la degradación de sus hábitats, por pérdidas en sus coberturas vegetales y barreras físicas que impiden la conectividad y continuo de los flujos hídricos y proceso migratorios de los peces en la macrocuenca, lo que ha disminuido la disponibilidad de espacios para pesca, pero, sin acabar las dinámicas reproductivas ni su calidad para que la actividad pesquera continúe”.

Hay retos por delante y, para Juan Carlos, muchos de ellos están ligados a la inclusión de los pescadores en los procesos con las autoridades ambientales y pesqueras. “Pocos están participando, hay bajos niveles de gobernanza y se invisibiliza a muchos grupos de pescadores en el río Magdalena. Si se integran, pueden tener mayor alcance en los proyectos de desarrollo de su gremio y sus familias”, comentó.

Las iniciativas impulsadas por el proyecto GEF Magdalena-Cauca Vive, si bien han sido focalizadas en diez áreas de intervención distintas a lo largo y ancho de la macrocuenca, han fortalecido el monitoreo pesquero participativo en zonas como la ciénaga de Zapatosa, donde los mismos pobladores están desarrollando su monitoreo pesquero participativo, liderando además acciones de cuidado medioambiental.

“Se espera que al finalizar el proyecto podamos ver acuerdos entre pesqueros, comercializadores y autoridades pesqueras, que generen gestión ambiental integral de los ecosistemas acuáticos en sectores focalizados de la macrocuenca”, concluyó.

Gabriel Arrieta

Para el pescador de Tamalameque (Cesar) conocedor de las aguas de la macrocuenca Magdalena-Cauca, la tala indiscriminada de árboles ha sido un factor negativo determinante para que la calidad de la pesca en la zona no esté en su mejor momento.

“Ahora solo pesco los domingos, porque el resto de la semana me uno a un proyecto que impulsó la Fundación Natura en el que nos incitan a los líderes locales, a quienes conocemos cómo se comporta el río, a adelantar un proyecto que produzca una estación de árboles en la macrocuenca, cuyo fin sea recuperar las partes deforestadas, ayude a los humedales de la zona y den vida… porque sin árboles eso se nos apaga de a pocos en la cuenca”, dijo el pescador.

Arrieta es consciente de que en este momento el río y la cuenca en general, mantienen un nivel bajo de pesca. Sin embargo, resalta que una técnica que les ha funcionado para mantener el registro de lo que deben producir en el año, especialmente en los meses álgidos de producción, es el monitoreo pesquero participativo. Mediante esto, Gabriel Arrieta y sus compañeros logran saber cuándo es o no es conveniente la actividad pesquera, cuántos peces se sacan del agua y cómo se podría llegar a un punto de equilibrio que dinamice las economías locales y sea beneficioso para los que trabajan el río.

“De enero a marzo hay buena producción del bagre rayado y cuando esto pasa nos sentimos felices porque el río es una reserva hermosa que mantiene a los peces sanos. Los vecinos viven contentos porque la producción en esos meses, de la mano con los proyectos para fomentar la siembra de árboles, le da mayor versatilidad al ecosistema; cuestión que vuelve más rentables nuestras actividades durante todo el año y nos permite hacer de nuestra pesca artesanal, un sello de calidad que no se ve en todos lados”, concluyó el pescador.

Carlos Barreto

Desde la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (AUNAP), el consultor Carlos Barreto ha hecho un registro exhaustivo sobre temas asociados al ordenamiento pesquero y demás técnicas que ayuden en la preservación de las aguas y la pesca del río Magdalena.

Dentro de su análisis no existe posibilidad de que los pescadores sean los actores que más afectan a la macrocuenca Magdalena-Cauca. De hecho, los considera como el grupo que menos daño le hace a sus aguas y sus recursos naturales. “Es un grave error pensar que el pescador es el problema de la cuenca. Hay dificultades en las definiciones técnicas, porque los líos se desataron varios años antes de que comenzara la explotación pesquera, por medio de técnicas industriales rudimentarias si las llevamos a nuestras fechas, que en pocas palabras dieron inicio a los problemas ambientales que vemos actualmente en el país, como la malversación de agroindustrias, la minería ilegal y la deforestación, principalmente. Lo que hace la actividad pesquera, sostenible y de largo aliento, es generar estabilidad en los cauces de la cuenca y del río siguiendo una tradición de más de 50 años, tiempo en el cual el Magdalena ha sido increíblemente fértil y beneficioso para todos los colombianos”, afirmó el consultor.

Dentro de los registros que maneja en la AUNAP, Barreto indica que las técnicas pesqueras pueden seguir mejorando y estando a la vanguardia en las economías que deja el río, si se cambia la lógica en su técnica. Es decir, “cambiar la idea de que la pesca es una caza de mamíferos, eso no es así porque los peces tienen dinámicas diferentes y su trato debe ser diferencial desde antes de sacarlos del agua”, insistió.

Carlos Barreto dice que entidades como la suya trabajan con menos recursos y personal que varias corporaciones regionales, pero que esto no es excusa para detenerse en su labor de hacer persistir los buenos hábitos de las comunidades pesqueras, que se especialicen hacia una buena dinámica comercial y socioecológica con especies emblema como el bagre rayado de la cuenca y que permita al pescador ser un actor vital en el desarrollo del río. “Si seguimos promoviendo el monitoreo pesquero participativo, más pescadores estarán informados sobre la actualidad del sector. Claro, nos falta logística y recursos, pero el trabajo está en firme para recuperar nuestras aguas y para enviar el mensaje de que debe haber un plan de ordenamiento pesquero que le lleve a toda Colombia el mensaje de que la pesca debe estar en un nicho consolidado, más no debe ser vista solo cuando se busque conveniencia”, concluyó.

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