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Un poeta en Barú

Este es Wilner Gómez Rodríguez es un defensor del territorio, del mar y del manglar que vive en Barú.

Lisbeth Fog Corradine*

30 de abril de 2026 - 07:33 a. m.
Foto: Cortesía
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El pueblo de Barú, no las playas sino donde viven los baruleros, los descendientes de la comunidad afro que llegó a esta tierra hace siglos, territorio de pescadores, de artesanos, de artistas y de agricultores, está ubicado en la punta sur de la isla del mismo nombre. Sin agua, menos aún soñar con alcantarillado y un alto porcentaje de informalidad, los baruleros ven cómo su población y su ambiente ya no ofrece lo que se vivió en épocas pasadas. Recientes encuestas hablan de un alto nivel de pobreza. Sin embargo allí están, viviendo y sobreviviendo, con una sonrisa, preocupados por lo suyo, con un corazón grande, un gran sentido de solidaridad y de pertenencia a sus raíces, al suelo que los vio nacer.

Uno de ellos es Wilner Gómez Rodríguez, defensor del territorio, del mar y del manglar, gran observador de aves, líder en su pueblo y un gran poeta que quiero presentarles con este primer poema sobre su familia, Tres flores, un capullo:

Cuando cumplí 20 años

me enamoré de verdad,

siempre quise conquistar

a la madre de mis hijos;

no tenía la intención

que fueran más de dos

pero nació la primera

seguía faltando el varón.

Linda mi primera flor

y siguió sana, qué encanto,

mi esposa quiso el varón

recuerdo lo soñamos,

y nació una nueva flor

tan linda como su madre

seis años dándole amor

para buscar el niño más tarde.

Pero miren qué alegría

el señor dijo ‘aun no’

porque en mi humilde familia

debía nacer otra flor.

Recuerdo que cuando nació

a todos nos confundió

y es que al despertar su llanto

creíamos que era el varón.

Se nos pasaron tres años

que quisimos esperar

rogándole al dios del cielo

por el que me iba a remplazar;

nuestro cuarto hijo llegó,

se habían crecido las flores

el capullo por fin nació

esta es mi historia señores.

Firma como Nerwil. Activo como el que más. Del otro poema, Mis recuerdos del ayer, el que habla de su niñez, extracto algunos de sus versos:

Grandes y tupidos colores se dibujaban en el mar

deditos, gallitos, sargazos, riscos, erizos, lajas, lapas,

estrellas, gusanos, pulpos, cangrejas y hasta calamar

nombres en la región con los que aprendimos a llamar

a esas maravillas que se veían en las costas al bucear.

El embeleso por las piedras se notaba de repente

cuando en los bajos por pescadores bautizados

con una leve brisa, aguas claras y suave corriente

destellaba el arcoíris de colores, crustáceos y peces

que se apreciaban con abundancia en tiempos pasados.

No había en la época actividad más emocionante

que estar sumergido en medio de dos aguas

ver el fondo reflejado de colores y especies abundantes

y arriba en el bote la grandeza por la pesca capturada

sin pensar que en el futuro solo se hablaría de la especie.

Para terminar su escrito recordando lo que los abuelos decían, porque hoy “solo contamos con la fe, la dedicación, el empuje y la esperanza de gozar en la tierra y el mar, la vida que los ancestros vivían”. Sabio. Para usted, su familia, y los baruleros, toda mi admiración.

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Por Lisbeth Fog Corradine*

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