‘Operación Jaque’, un año después

A PESAR DE LOS DETRACTORES A ultranza o de las versiones que aseguran que fuerzas extranjeras participaron en su planeación y ejecución, no cabe duda de que la ‘Operación Jaque’, que hace un año permitió la libertad de 15 secuestrados de las Farc, incluyendo a la ex candidata presidencial Íngrid Betancourt, fue una acción maestra de las Fuerzas Armadas de Colombia.

Sin disparar un solo tiro y en un impecable trabajo de inteligencia, se le propinó a la extrema organización guerrillera el golpe militar y político más contundente en su historia de violencia contra el Estado y la sociedad.

De principio a fin, la ‘Operación Jaque’ es digna de elogio. La apuesta era de altísimo riesgo e incalculables consecuencias, pero la disciplina y el profesionalismo de un grupo de oficiales de las Fuerzas Armadas, sumados a la decisión política de creer en el rescate militar como opción para regresar a la libertad a los rehenes, permitieron que la acción concluyera exitosamente. Un año después, en la medida en que se conocen pormenores de la misma, se ratifica su trascendencia y queda claro que incluso un puñado de hombres del Ejército expuso su propia vida por la libertad de 15 cautivos.

Lástima que por razones de seguridad, los ejecutores de la ‘Operación Jaque’ no hayan recibido el homenaje público que la sociedad colombiana debería tributarles. La mayoría son héroes anónimos que sólo en su intimidad portan orgullosos la insignia al valor que les seguirá refrendando la historia. Lo anterior sin dejar de reconocer que desde la cúpula de las Fuerzas Militares, el Ministerio de Defensa y la Presidencia de la República se aprobaron las decisiones que resultaron cruciales. Esta combinación de sigilo y carácter permitió los resultados fructíferos que hoy el país recuerda.

Seguramente hubo equivocaciones, como el indebido uso de los emblemas de la Cruz Roja Internacional que afeó el acontecimiento, pero en términos generales el saldo de esta operación fue y sigue siendo determinante en el devenir del conflicto armado que se libra en Colombia. No sólo las Farc perdieron a cuatro de los secuestrados más importantes de su propósito extorsivo —Íngrid Betancourt y tres norteamericanos—, sino que constataron cómo el Estado penetró sus más férreas estructuras y en su propio terreno, con más sagacidad que fuerza, los derrotó 15 veces.

Con el curso de los años aparecerán más detalles, pero la ‘Operación Jaque’ seguirá referenciada, no sólo en Colombia sino en el exterior, como una de las acciones más ejemplarizantes en rescate de rehenes en poder de grupos ilegales. En plena zona selvática, en carrera contra el reloj, con el riesgo de que a la menor revelación los rehenes serían ejecutados, con la opinión pública fustigando la alternativa del rescate militar y abogando por una solución negociada con las Farc, el Gobierno se la jugó y salió avante. La victoria fue de la sociedad que constató cómo la libertad fue exaltada.

Como reza un aforismo popular de raíz caribeña, “nadie te quita lo bailao”. Vendrán otros desafíos y nuevas acechanzas para el Estado, porque aún son muchos los colombianos víctimas del secuestro, por botín político o exigencia económica. Pero de la ‘Operación Jaque’ del 2 de julio de 2008, que regresó a sus hogares a 15 colombianos que llevaban cinco o más años pudriéndose en la selva, se seguirá hablando con orgullo. Fue una acción legítima, su acierto reafirmó la confianza ciudadana en sus Fuerzas Militares y se les demostró a las Farc que la sociedad y el Estado seguirán luchando hasta que no quede un solo cautivo en Colombia.

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