Jaime R. Echavarría (1923-2010)

A LA EDAD DE 86 AÑOS FALLECIÓ la semana pasada en Medellín el Maestro Echavarría, el mismo que años atrás compuso la canción Traicionera, inmortalizada por el mundialmente conocido Alci Acosta.

De sus éxitos musicales, reconocidos entre quienes gustan de la música andina,  pueden recordarse sentidas canciones como Cuando voy por la calle, Serenata de amor, Noches de Cartagena y Muchacha de mis amores. Con su partida,  el mundo de las letras y las serenatas está de luto.

No era Jaime erre,  como algunos le conocían, un músico convencional. Pese a no haber recibido mayores enseñanzas en el plano académico, sus obras, acaso incentivadas por la la experiencia que extrajo de su madre, que tocaba el piano, y su tío, que conocía a fondo el acordeón, fueron interpretadas por una variedad bastante representativa de artistas. Entre otros, cabe mencionar el Trío Los Embajadores, el Dueto Fortich y Valencia, el Trío América, Berenice Chaves, el Grupo Nueva Gente, María Isabel Saavedra, Alfonso Ortiz Tirado, Armando Manzanero y Helenita Vargas.

Quienes le siguieron los pasos calculan que compuso cerca de  60 canciones en sus  más de 50 años de carrera artística. Inició sus actividades con el sello Sonolux, en 1961, interpretando él mismo el piano junto a la guitarra del maestro Luis Uribe Bueno. Desde entonces, aun cuando su obra no es realmente extensa, la riqueza lírica de sus canciones lo convirtió en un referente obligatorio de la composición nacional. Se le distinguió en vida con premios como la Cruz de Boyacá, la Distinción al Mérito Artístico, la Medalla del Congreso en la Categoría de Caballero y el escudo de Antioquia Categoría Oro.

La música, que lo acompañó inclusive con un piano en el centro de adulto mayor El Ciruelo, en el que vivió sus tres últimos años, no fue su única y más decisiva pasión. Con seguridad que en el tiempo se le recordará por su aporte e interés en este campo, pero no debe obviarse que la suya fue una existencia igualmente volcada al mundo empresarial, de la política y las letras.

Jaime erre, ingeniero Químico de la Universidad Pontifica Bolivariana, incursionó en la política a la edad de 41 años cuando el gobierno del presidente Guillermo León Valencia le ofreció desempeñarse como Embajador Extraordinario ante la Conferencia de las Naciones sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) en Ginebra, Suiza. Su siguiente trabajo en estas lides lo ejerció como director del Incomex, en 1967, y llegó a desempeñarse como embajador de Colombia en Etiopía. Más adelante, en 1974, ejerció como Gobernador de Antioquia. Su afinidad con el partido conservador, que nunca en este tiempo ocultó y antes supo defender, no lo privó de hacerse columnista de un periódico liberal como El Espectador.

 Su columna, Pensando pensamientos, fue tribuna de temas tan variados y no exentos de polémica como el manejo de la economía en el país, el gobierno del presidente estadounidense Ronald Reagan o las políticas de planificación familiar implementadas por Profamilia.

Celebró, en su momento, la llegada al poder de un presidente Liberal como Virgilio Barco por considerar que el intercambio partidista practicado por el Frente Nacional agonizaba y el partido conservador requería de los aires refrescantes de las labores fiscalizadoras de toda oposición política. Se interesó por lo que consideraba los grandes temas del país, que en una columna sintetizó en la tríada justicia (“ella es la base de todo en la sociedad”), educación (“concentrémonos en la primaria y dejemos que la secundaria y la superior se defiendan, por el momento, como puedan”) y  producción (“estimular a quien produce cualquier cosa”). Y, en todo momento, mostró  apego y respeto a las reglas y el espíritu de la democracia.

La muerte de Jaime R. Echavarría es, sin duda, un momento de tristeza para el país.

 

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