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Buenos vientos

El automovilismo colombiano, con Juan Pablo Montoya, tenía reservado un lugar especial en la ceremonia del Deportista del Año de El Espectador. Afortunadamente para quienes amamos esta disciplina, Gustavo Yacamán, conocido en el ambiente como El Tigrillo, ya entró en la lista de candidatos y su tercer lugar, en la categoría juvenil, puede ser un anuncio importante y nos da a entender que está pidiendo pista para estar entre los mejores, como aconteció con el bogotano en su momento.

Editorial
12 de diciembre de 2007 - 06:24 p. m.

Si bien la salida de Montoya de la Fórmula Uno nos dejó un sabor amargo, el hecho de que en la actualidad exista un buen puñado de muchachos buscando su historia en el automovilismo internacional, nos permite soñar con cosas importantes, como lo hicimos en su momento cuando Pablo Montoya vendía la idea de que su hijo tenía las capacidades y el talento para llegar al ‘Gran Circo’.

Eso sí, hay que ser cautelosos y no echar las campanas al vuelo, pues es de todos sabido que el camino hacia la máxima categoría del automovilismo mundial es largo y culebrero.

Yacamán, como piloto oficial del equipo Tec Auto, el campeón de la F3 española, tiene todo servido para cumplir una gran actuación y, como él mismo lo dice, no tiene excusa alguna y debe estar peleando el título de la categoría.

Él, como su padre, deben saber que en Colombia el apoyo de la empresa privada está ligado a los resultados y que el automovilismo colombiano requiere de victorias para llamar la atención de los patrocinadores.

Lo importante es que se están dando las posibilidades de llegar a un equipo de punta, algo que en los deportes a motor es fundamental. Además, El Tigrillo ya cuenta con un año de experiencia y eso debe pesar a la hora de las definiciones.

Y, afortunadamente, no sólo Gustavo Yacamán está escribiendo su historia en el exterior. Sebastián Saavedra es otro de los jóvenes valores que buscan un espacio en el difícil mundo de la velocidad y su objetivo está en la Fórmula BMW en Europa. Él ya ganó en Estados Unidos y en Shangai, y en Europa también puede hacerlo.

Una mención especial merece Óscar Andrés Tunjo, quien a los 11 años es un adelantado en la materia. Frente a su proceso hay posiciones encontradas, pues Júnior, como ningún otro piloto, ha tenido la fortuna de probar Fórmulas desde los siete años de edad y se ha convertido en el piloto más joven en manejar un auto de la Fórmula BMW británica.

Creemos que Óscar Andrés va por muy buen camino y que todos esos kilómetros acumulados en los últimos años pueden resultar definitivos para cuando pueda dar el salto al automovilismo.

Con respeto y humildad, un consejo para padres y pilotos: Cada uno trabaje de la mejor forma y construya su propia historia, pues casi siempre, por andar criticando al vecino, nos olvidamos de hacer las cosas bien.

Material existe, pero hay que ser realistas y saber que cada paso necesita de cifras exorbitantes y que sólo muy pocos llegan por sólo talento.

Juan Pablo Montoya fue un fuera de serie y por eso llegó. Ojalá quienes vienen en camino, algún día puedan ocupar su lugar. Por bien de ellos y por bien del automovilismo colombiano.

Por Editorial

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