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La magia del Dakar

Carlos Sousa, el piloto de Haval, quien terminó sexto en 2013, habla sobre una de las pruebas más exigentes del mundo y de sus experiencias dentro del habitáculo.

El Espectador
27 de febrero de 2013 - 12:30 p. m.
La magia del Dakar

ara entender lo que significa verdaderamente el Rally Dakar sería necesario adentrarse en el interior del mismo y vivir la crueldad de cada uno de los kilómetros que hacen de esta aventura uno de los desafíos más difíciles del mundo de la velocidad.?

ara entender lo que significa verdaderamente el Rally Dakar sería necesario adentrarse en el interior del mismo y vivir la crueldad de cada uno de los kilómetros que hacen de esta aventura uno de los desafíos más difíciles del mundo de la velocidad.?

Pero de igual manera, unos cuantos metros y una vista del horizonte, permiten una aproximación apasionante y dejan al descubierto parte de la magia de una competencia que, por sus exigencias, se ha convertido en el referente en materia de velocidad en el preludio de cada año. Ser testigo de una parte de un tramo quizás es un momento efímero que no da la posibilidad de entregar un análisis profundo, pues es un instante que apenas permite aprender a leer, a través de las estelas de polvo, si lo que está por pasar es una motocicleta, una cuatrimoto, un vehículo o los imponentes camiones, que hacen de esta prueba algo especial. ?

El Rally Dakar, que se realizaba en África, era una competencia de referencia dentro de la actividad del mundo a motor para la región, pero quiso el destino que desde hace cinco años el ‘gran circo’ se trasladara a tierras Latinoamericanas, surcando lugares paradisíacos, imponentes y difíciles de Perú, Argentina y Chile.?

Un cambio que le ha permitido a los habitantes de Suramérica sentirlo como un evento más cercano y posible, y no parte de la utopía y de sueños irrealizables. Incluso, ya las marcas de los vehículos aprovechan la cita para realizar actividades especiales, como lo hizo Derco, empresa que representa en Colombia a la marca china Great Wall, que fue una de las protagonistas con una Haval, pilotoda por el portugués Carlos Sousa y su navegante Miguel Ramalho, consiguiendo por segundo año consecutivo la sexta posición.?

Una de las intenciones de Derco es demostrar la calidad de sus productos y el porqué en China y en diferentes mercados han logrado excelentes resultados y consideran que el Dakar, en el que hacen presencia marcas de gran importancia e historia en la industria automotriz, es un buen laboratorio y la mejor vitrina para sus modelos, ya que los resultados de esos 15 días se van a ver representados en imagen de marca.?

Por eso se fueron en la búsqueda de un experto, el portugués Carlos Sousa, quien había contemplado el retiro en 2010, tras haber transitado con éxito con Mitsubishi, Nissan y Volkswagen, logrando incluso una cuarta posición en el año 2003. Él, un hombre sencillo, con nexos con Colombia (tiene negocios en Cartagena), de igual manera, con sus palabras claras, ayuda a entender qué se esconde detrás de una competencia de estas características. “Definitivamente hay que estar loco para enfrentarse todos los años a una prueba tan exigente. Siempre me pregunto, qué estoy haciendo acá, con este calor, y arriesgando mi vida”, dice el corredor.?

Enfrentado al peligro, Carlos Sousa cree que si bien el talento, una buena capacidad física y el entendimiento con el copiloto son fundamentales para llegar a la meta, una clave importante es adelantarse a lo que puede suceder, pues afirma que “en muchas etapas de un tramo la visibilidad es nula y tengo que decirlo, gran parte del Rally Dakar se hace a través de la intuición”.?

Entonces, ¿qué es lo que anima a estos hombres a seguir adelante? Carlos tiene la respuesta: “La pasión. Lo hago porque me gusta y quizás porque me atraen los riesgos. No hay otra explicación. Quizás podría jugar golf y ganar más dinero, pero esto es lo que me gusta y lo que hago bien”.?

El hecho de haber competido tanto en África como en Latinoamérica le permiten hablar con juicio de las diferencias. “Las hay entre un lugar y otro. En África las dificultades eran mayores, pues acá en América Latina uno tiene la posibilidad de dormir en hoteles y comer bien, mientras que allá es muy duro, pues nos toca quedarnos en el campamento. Además, uno sabe que acá, si tiene algún inconveniente, siempre llega alguien a ayudarlo, porque es muy común ver pobladores en diferentes lugares de la jornada. En cambio, en África, había a que tener raciones, pues fácilmente uno podía quedar una o dos noches en medio del desierto”.?

Un aspecto fundamental es la convivencia con el copiloto y Souza explica muy bien qué es lo que sucede dentro del habitáculo, en jornadas tan extensas, en las que no hay espacio para la conversación. “En el carro solo hablamos lo esencial. Él lee las notas y yo le pido la comida y agua para hidratarme. Uno no puede estresar al copiloto, pues como los tramos son secretos, una mala lectura del libro de ruta nos puede llevar a perdernos o causar un accidente. Lo que sí es importante es motivarlo siempre, pues la armonía es fundamental dentro de la cabina”. ?

La llegada de la competencia a la región les ha permitido a más latinoamericanos tener acceso a la competencia y prueba de ello fue que diez colombianos llevaron la bandera este año. Marta Mariño y Carlos Bustamante, a bordo de una Can-Am, terminaron en el puesto 87 de la clasificación general en este tipo de autos, a 50 horas, 48 minutos y 35 segundos de los ganadores, los franceses Stephane Peterhansel y Jena Paul Cottret. En motos, la bandera colombiana se vio en la meta en Santiago, Chile, tras 8.423 kilómetros, gracias a Mateo Moreno, quien finalizó en el lugar 89; Juan Esteban Sarmiento, puesto 100; Marco Antonio Saldarriaga, 103; y Juan Esteban Echeverri, 104.?

No terminaron Luis Fernando Jaramillo, quien se retiró en la segunda etapa, y Juan Sebastián Toro, quien le dijo adiós a la aventura en la séptima fracción. Juan Manuel Linares y Andrés Campuzano, quienes competían en la categoría de autos, dejaron la competencia y el sueño de poder terminar en la tercera jornada.?

Competir en un Dakar se ha convertido en el objetivo de muchos pilotos, pero para hacerlo de manera profesional, Carlos Sousa tiene un concepto contundente y un mensaje para quienes así lo desea. “Primero que todo deben concientizarse de que no van a dormir bien y que hay muchos riesgos y accidentes mortales, sobretodo en la motos. Es mejor, cuando se viene, pensar en lo peor y estar preparado para todo. Además, hay que tener en cuenta que los costos son muy altos y que esto no es posible para una persona cualquiera. Además de una buena preparación física, se necesita una chequera muy grande, estamos hablando entre 650 mil a un millón de euros”.?

Sobre la posibilidad de que el Dakar llegue un día a Colombia, Sousa la tiene clara: “Eso es imposible, pues no habría manera de conectarlo, algo que sí se puede hacer con Bolivia”, afirma, antes de terminar deiciendo que “cuando cruzo la meta siempre me digo, por fin terminó esto”. ?

Por El Espectador

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