Cuando se habla de comprar un carro usado, hay una cifra que siempre aparece en la conversación: el kilometraje. No es una casualidad. Ese número cuenta, en buena parte, la historia del vehículo. Habla de su uso, de su desgaste y, en muchos casos, de lo que se puede esperar a futuro en mantenimiento.
Sin embargo, quedarse solo con el número puede ser un error. Un carro con muchos kilómetros no siempre es una mala compra, así como uno con poco recorrido tampoco garantiza que todo esté en perfecto estado.
El kilometraje no se mira solo, se interpreta
El kilometraje indica cuánto ha rodado un vehículo desde que salió de fábrica, pero su verdadero valor está en cómo se observa. Según un análisis de J.D. Power, este dato sí es relevante, pero debe leerse junto con otros factores como la cantidad de propietarios y, sobre todo, el historial de mantenimiento.
Un carro bien cuidado puede envejecer mejor que uno con menos uso, pero mal mantenido. Por eso, revisar registros de servicios es casi tan importante como mirar el odómetro.
Aspectos como el cambio de aceite y la sustitución de filtros marcan la diferencia. En la mayoría de los casos, estos mantenimientos se realizan entre los 10.000 y 15.000 kilómetros o al menos una vez al año.
Saltarse estos intervalos es una señal de alerta.
El historial vale tanto como los kilómetros
En los vehículos nuevos, el panorama suele ser más claro. La garantía, que normalmente va de 3 a 5 años, obliga a cumplir con mantenimientos en talleres autorizados. Eso deja un rastro ordenado de intervenciones, con fechas, kilometraje y trabajos realizados.
En cambio, cuando el carro ya ha pasado por varias manos, la historia puede volverse difusa. Y ahí es donde aumentan los riesgos. Más dueños, sin registros claros, muchas veces significa mayor incertidumbre.
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Más kilómetros, pero no siempre más problemas
El kilometraje sí refleja desgaste, es inevitable. Cada kilómetro suma trabajo para el motor, la suspensión, la transmisión y otros componentes. Con el tiempo, las piezas cumplen su ciclo y empiezan a requerir reemplazo. Por eso, este dato tiene un impacto directo en los costos futuros.
Ahora bien, según J.D. Power, un carro moderno y bien mantenido puede superar sin problema los 300.000 kilómetros. La clave no está solo en cuánto ha rodado, sino en cómo lo ha hecho.
- Uso en ciudad: Tráfico pesado, frenadas constantes, cambios de marcha y vías en mal estado. Todo esto acelera el desgaste de frenos, suspensión y transmisión.
- Uso en carretera: Los recorridos son más constantes, con menos interrupciones. Eso reduce el estrés mecánico. Un carro con alto kilometraje en carretera puede estar en mejor estado que uno con menos uso urbano.
- Kilometraje muy bajo: Aunque suene contradictorio, tampoco es ideal. Un carro que pasa mucho tiempo detenido puede presentar problemas por falta de uso, como corrosión o deterioro de componentes.
Entonces, ¿cuándo es demasiado?
No hay una cifra única que marque el límite. De acuerdo con JD Power, el kilometraje alto depende del tipo de uso, del mantenimiento y del cuidado general del vehículo.
Lo que sí es claro es que un número por sí solo no define la compra. Un carro usado se evalúa como un conjunto. Kilómetros, historial, estado mecánico y tipo de uso deben leerse como una sola historia.
Ahí es donde realmente se toma una buena decisión.