Preste atención a esta escena: una fuerte lluvia, un charco profundo y, de repente, la sensación de que el timón ya no responde igual. El carro parece deslizarse sobre el agua y el conductor siente que ha perdido el control.
Ese fenómeno se conoce como aquaplaning y, aunque no es uno de los eventos más pasa en carretera, puede convertirse en una situación de alto riesgo. Ocurre cuando una capa de agua se interpone entre las llantas y el piso, reduciendo o incluso eliminando la adherencia que permite dirigir, acelerar o frenar con normalidad.
Aunque la sensación puede ser alarmante, conocer las causas de este fenómeno y saber cómo reaccionar puede ser clave para evitar que termine en un susto mayor.
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Cuando el carro comienza a flotar
Este fenómeno suele aparecer durante lluvias intensas o cuando se atraviesan zonas con acumulación de agua, especialmente charcos o depresiones de la vía donde el drenaje no es eficiente. Según los expertos de Ford, las condiciones de la carretera juegan un papel importante, ya que una superficie incapaz de evacuar adecuadamente el agua aumenta el riesgo de pérdida de adherencia.
Cabe destacar que la velocidad a la que se conduce es importante. De acuerdo con Michelin, circular rápido sobre pavimento mojado incrementa significativamente las probabilidades de sufrir aquaplaning. A esto se suman otros factores como las llantas desgastadas, una presión incorrecta de inflado e incluso amortiguadores en mal estado.
Aunque suele percibirse como un problema común durante las lluvias, Michelin aclara que las situaciones de aquaplaning total, aquellas en las que las cuatro llantas pierden completamente el contacto con la vía, representan apenas el 1 % de los casos registrados en carretera y están relacionadas con solo el 0,1 % de los accidentes.
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¿Qué hacer si ocurre?
Cuando el vehículo entra en aquaplaning, el principal enemigo es el pánico. Los expertos coinciden en que las reacciones bruscas pueden empeorar la situación.
La recomendación de Michelin es mantener el timón lo más recto posible y permitir que el vehículo atraviese la zona inundada mientras recupera progresivamente la tracción. Ford agrega que, tanto en rectas como en curvas, se debe levantar suavemente el pie del acelerador y evitar movimientos agresivos.
En este punto existe una regla de oro: no frenar bruscamente ni acelerar para intentar salir más rápido del charco. Ambas maniobras pueden desestabilizar aún más el vehículo y aumentar el riesgo de perder completamente el control.
Si el episodio ocurre en una curva, Ford recomienda mantener la trayectoria que llevaba el vehículo, evitando correcciones bruscas de dirección, el objetivo es conservar la estabilidad hasta recuperar la adherencia.
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La mejor maniobra es prevenirlo
Más allá de saber reaccionar, la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz frente al aquaplaning.
Michelin recomienda revisar la presión de las llantas al menos una vez al mes y ajustarla según las especificaciones del fabricante. Para los expertos de la marca, un neumático correctamente inflado evacúa mejor el agua y conserva una mayor capacidad de contacto con el pavimento.
También es fundamental verificar periódicamente el estado de la banda de rodamiento. Tanto Michelin como Ford recuerdan que el diseño de las llantas está pensado para expulsar el agua, una capacidad que disminuye a medida que el neumático se desgasta.
Por último, Michelin aconseja mirar lo más lejos posible sobre la vía para anticipar charcos o acumulaciones de agua, en este caso la prudencia es el mejor aliado cuando las condiciones climáticas se ponen difíciles.