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Amar a la antigua: tradición romántica o mito sentimental

El amor de antes sigue inspirando nostalgia: cartas, flores, serenatas. Hoy parece que la tecnología y las redes sociales han cambiado “radicalmente” cómo nos relacionamos: ¿se puede rescatar lo mejor del pasado sin idealizarlo?

Redacción Amor

03 de marzo de 2026 - 09:57 p. m.
Foto de referencia: La carta de un veinteañero John Lennon a su amor de aquel entonces, que se subastó en la Casa Christie's, en Londres.
Foto: EFE - Guillermo Garrido
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<i>Hoy ya no se escriben cartas para enamorarse</i><i>Hoy ya las flores no se ven</i><i>¿Dónde ha quedado aquel romance?</i><i>Ya no existen los poemas para conquistarse</i><i>Ahora se mandan solo mails</i><i>Ya nadie entrega chocolates</i>

"Amarte a la antigua", de Pedro Fernández

El amor a la antigua. Ese “periodo de conquista” que hoy parece extinto, casi olvidado, como lo retrata la canción del mexicano Pedro Fernández (y que podría aparecer como primer resultado en la búsqueda sobre este tema en su navegador). La idea que suscita es que el amor antes era “mucho más bonito, mucho más sincero”. Que las interacciones humanas eran una realidad (aunque suene catastrófico asegurarlo a la ligera).

Al conversar con personas de generaciones mayores, evocamos la memoria de aquellas cartas escritas a mano, enviadas no solo por un motivo especial sino como parte fundamental de una rutina en medio de los afectos. Hoy en día estamos convencidos de -y algunos han comprobado- que todo se reduce a un mensaje de texto, a la intermitencia de una reacción o de un “me gusta”, a enviar una canción por Spotify y esperar, tal vez no tan pacientemente, a que algo suceda. Esto no significa que esté mal pero sí evidencia que la manera de construir afecto, como el mundo en sí, ha cambiado.

Pero “amar a la antigua” también tiene otra cara. No todo lo que se idealiza del pasado era positivo: las familias podían mantenerse juntas pero no siempre había libertad ni igualdad. Algunas personas no podían expresar su orientación sexual, existían expectativas rígidas sobre roles de género y las decisiones sobre matrimonio o pareja podían estar impuestas por la familia. También implicaba limitaciones que debemos cuestionarnos; reconocer lo valioso del pasado sin idealizarlo y aprender a integrar estas lecciones en el presente.

Pero, para entender si hablamos de un simple mito sentimental que añoramos recuperar, es necesario hablar de la digitalidad y cómo influye directamente en nuestras relaciones. Según Sara Juliana Rivera en La Percepción del Amor en la Era Digital, de Concéntrika Medios (Universidad Central), “hoy estamos insertos en un mundo digitalizado que, si bien nos brinda sensación de cercanía y evolución, actúa como extensión que cambia constantemente nuestra forma de comunicarnos, relacionarnos y habitar los espacios de esparcimiento colectivo. Esta conectividad también se infiltra sutilmente en la vida emocional de las personas, impactando, más específicamente, en la perspectiva del amor mismo y la manera en que se comportan en sus relaciones afectivas”.

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Y recurre a una encuesta de 2022, realizada por .CO Internet junto al Centro Nacional de Consultoría (CNC), que muestra que el 52% de los encuestados considera que las nuevas tecnologías han afectado negativamente sus relaciones de pareja. Según Rivera Cely, este fenómeno explica, de alguna forma, cómo la presencia digital promueve una idealización del amor a menudo distorsionada, ligada al arquetipo del “príncipe azul” en la cultura popular.

Desafiar la vigilancia digital a través de las pequeñas cosas

No es que antes no existiera la comparación o la competencia entre seres humanos. Las inseguridades han existido siempre, pero a través de redes sociales es cierto que han logrado ampliar su efecto. O al menos hacerlo más visible.

En El amor en los tiempos de las redes sociales, publicado por la Universidad de la Sabana, Paola Arbeláez, profesora del Instituto de la Familia, añade que la tecnología facilita la comunicación, el cortejo y el romanticismo con mensajes instantáneos, pero también que “es evidente que estos usos tecnológicos amplían las zonas de observación y vigilancia del otro, replanteando las fronteras entre la autonomía y el control, generando una clara tendencia a invadir el espacio personal, lo cual puede llevar a escenarios de conflictos”.

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Resignificar el amor a la antigua no significa repetir gestos del pasado sino recuperar atención, dedicación y presencia genuina en el ahora. Según la BBC, la profesora Jacqui Gabb, de la Open University del Reino Unido, en su proyecto Amor duradero publicado en Sociology, evaluó a unas 5.000 personas y dio seguimiento a 50 parejas mediante diarios, entrevistas y “mapas de emociones”. Su investigación muestra que lo que más hacía sentir apreciadas a las personas no eran grandes gestos románticos sino acciones que aparentemente son mínimas, como preparar una taza de té, recoger flores para regalar o compartir una sonrisa. Y concluye que “el sentimiento de alma gemela no flota por encima de la vida, se construye poco a poco, en la forma en que la pareja enfrenta las presiones”.

Tal vez debamos apelar a la sensatez para entender que el amor no tiene una sola forma ni un solo tiempo y que, como el lenguaje, está en constante demolición, construcción e inicios infinitos. ¿Qué significa para usted amar a la antigua? Lo leemos en los comentarios.

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Por Redacción Amor

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