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‘Benching’: una práctica afectiva que confunde

Alimentar el deseo y las falsas expectativas también es una forma de irresponsabilidad afectiva.

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Redacción Amor
03 de febrero de 2026 - 01:00 p. m.
‘Benching’: una práctica afectiva que confunde
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Es común preguntarse por qué existen tantos términos para definir prácticas que resultan irresponsables a nivel afectivo. Y la respuesta no es que haya un exceso de nombres, sino que, aunque parezca un discurso reiterativo, cada día identificamos nuevas dinámicas relacionales que antes no sabíamos cómo llamar. Muchas de ellas, creemos, pueden agruparse bajo un mismo concepto, pero no siempre es así.

Hoy hablaremos del benching, una práctica que, en esencia, consiste en no soltar a alguien, pero tampoco elegirlo.

Este tipo de comportamiento, junto con otras dinámicas dañinas que hemos abordado en artículos anteriores (como el love bombing o el pocketing), puede afectar en niveles muy altos la autoestima y generar conflictos emocionales como desgaste, confusión, dolor y ansiedad provocados por la intermitencia afectiva.


Pero, ¿cómo saber si me están haciendo benching?

La primera señal —y quizá la más evidente— es la falta de atención y de compromiso real, que suele traducirse en pequeñas o grandes faltas de respeto. Porque, contrario a lo que solemos pensar, esto no sucede únicamente cuando hay golpes o malas palabras de por medio.

Cuando una persona debe rogar por tiempo de calidad (o al menos por un poco de él), es posible que esté en el lugar equivocado.

Las excusas no deben confundirse con una falta de tiempo genuina: es cierto que cada ser humano tiene prioridades, trabajos y actividades, y que nadie puede absorber por completo el tiempo del otro. Pero la falta de interés suele ser más notoria cuando el vínculo solo aparece por momentos, cuando hay “ganas” intermitentes de verse, o cuando el contacto se reduce, en algunos casos, únicamente a lo sexual.


La segunda señal es la ausencia de compromiso. Nadie sabe con claridad hacia dónde va la relación, no hay avances concretos, pero tampoco voluntad para que se termine. En estas dinámicas es común que exista una falsa esperanza: aunque a veces se diga explícitamente que “no hay nada”, las acciones parecen contradecirlo, lo que termina generando más dolor.

De ahí, como en efecto dominó, se desprende otra señal: los planes, ya sean a corto o a largo plazo, carecen de importancia real. Puede notarse incomodidad, evasivas o cambios de tema que permiten “entender” que la otra persona no se imagina un futuro. Además, pueden aparecer mentiras, infidelidades, minimización del dolor o de la forma de vivir las relaciones o rasgos evidentes de narcisismo.


Entonces: ¿por qué, aun viendo todo esto, el otro no se va? (Una pregunta que ya nos hemos hecho anteriormente)

La respuesta suele estar en la manipulación emocional y en una forma de conformismo afectivo. Es difícil marcharse de un lugar en el que, aunque sea en un porcentaje mínimo, se ha ganado algo a nivel emocional. Además, cuando una persona intenta irse, quien ejerce el benching suele hacer lo necesario para retenerla: deja claras sus condiciones, pero las presenta de manera que parezcan beneficiosas para ambos.


¿Por qué se llama así?

Significa, literalmente, “estar en la banca”. Se utiliza para hablar de suplentes, de segundas opciones, de quienes están disponibles “por si acaso”. Pero, distinto al plano romántico, suele utilizarse en el ámbito deportivo.

Y ser la segunda opción —al menos fuera de los balones, las raquetas o las pistas— es absolutamente dañino para la salud mental.

Poner límites nunca es fácil. En muchas personas, los traumas influyen en la manera de entender y recibir el afecto: existe la necesidad de sentirse escogidos, de intentar cambiar a alguien que claramente no está dispuesto a estar presente. Aun así, los límites son necesarios. Priorizarse duele, salir de estas dinámicas también, pero incluso cuando todo parece un agujero negro, acudir a terapia puede ser una opción.

Como hemos mencionado en otras notas, los daños colaterales de una “guerra emocional” provocan desconfianza, miedo a vincularse de nuevo, dependencia emocional, baja autoestima, ataques de ansiedad o pánico e incluso depresión.


Es importante entender que buscar ayuda psicológica no debilita a nadie. Tener una relación sana no es imposible, pero no es responsabilidad de nadie cambiar al otro: el trabajo empieza por uno mismo.

El benching beneficia únicamente a quien lo practica. Funciona como tener un mazo de cartas: hay variedad en las opciones, todas están a disposición. Esto permite mantener vínculos sexo-afectivos sin nombrarlos y, aun así, disfrutar de sus beneficios. Psicológicamente, se llenan vacíos en ambas partes: una persona que busca afecto ilusionando o confundiendo y otra que intenta encontrar cariño real en lo poco que recibe.


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Por Redacción Amor

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