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Conocer a alguien por internet, en realidad, nunca es conocerlo del todo. Es cierto que vemos un perfil, un par de fotos, intercambiamos mensajes, pero todo eso ya ha pasado por un serie de filtros que seguramente no podríamos utilizar en la vida real. Pues esa incertidumbre es el “terreno fértil” para las mentiras y las exageraciones.
Cuando hablamos de catfishing nos referimos a alguien se hace pasar por otra persona en internet. Esto, a través de una serie de engaños, como presentar datos alterados (nombre, de qué ciudad es, cuántos años tiene), utilizar fotos que no son suyas o que están editadas en mayor o menor proporción e, incluso, suplantar a otra persona en su totalidad.
Pero esta práctica no siempre significa inventarse un personaje de cero. El engaño parcial que mencionamos tiene por nombre kittenfishing: mentir sobre el trabajo, la familia, la ubicación. Únicamente se falsifica lo que parece interesar para gustar o generar confianza en el otro.
¿Y qué sucede si seguimos hablando o incluso construyendo una relación con alguien que en realidad no existe?
¿Cómo funciona el catfishing?
En aplicaciones como Grindr o Tinder no es raro que esto ocurra. Existen muchos casos en donde las personas crean perfiles falsos para atraer a otros por interés romántico, por curiosidad sexual, por diversión o por dinero. Las charlas para “irse conociendo” pueden prolongarse durante semanas o meses, pero, claramente, sin verse frente a frente.
Grindr explica en su página web que detrás del catfishing hay diferentes motivos. Algunos se relacionan con inseguridades, baja autoestima y con la dificultad de mostrarse tal cual, porque se cree que nadie gustara de la persona que se es realmente.
Otros buscan manipular, robar o acosar. Pueden aprovechar la confianza para pedir dinero, regalos o acceso a información financiera, e incluso pueden chantajear con contenidos sexuales que se compartan en los chats. Según Fortinet, la empresa de software de seguridad, esta modalidad representa un riesgo adicional, pues después de un tiempo largo de interacción ya se ha generado un vínculo emocional: la víctima tiende a confiar más, lo que facilita la manipulación.
También existen quienes se refugian en perfiles falsos y cuyo objetivo es molestar, acosar, lastimar. Generalmente, pueden ser personas conocidas que buscan vengarse o simplemente causar confusión y daño. Y, por último, hay personas que usan el anonimato simplemente para explorar su identidad sexual o de género sin exponerse, lo que les permite experimentar.
Pero el resultado, sin importar la intención o el fondo, es el mismo para la persona que recibe el engaño: una relación construida sobre mentiras que genera desconfianza, confusión y “tusa” o desamor si la interacción fue prolongada.
¿Qué hacer si se es víctima de esta práctica?
Aunque la culpa recae en el catfisher, Grindr comparte un par de precauciones que pueden tenerse a la hora de interactuar con alguien de forma virtual.
La primera es tomarse el tiempo necesario, ir despacio en las interacciones. No es raro que las emociones nos aceleren en ese proceso, pero hay que detenerse y conocer a la persona poco a poco para evitar involucrarse en una relación falsa.
Otra recomendación es evitar dar información sensible o privada demasiado rápido. Los datos como fechas de cumpleaños, lugares que visitamos muy seguido, nombres de familiares o fotos (personales o con contenido sexual) pueden ser usados para reforzar la mentira o para chantajear más adelante. Fortinet asegura, además, que los atacantes utilizan este tipo de detalles para construir un perfil más creíble y debilitar a la víctima.
También conviene intentar comprobar la identidad de la otra persona siempre que sea posible. Proponer videollamadas, encuentros presenciales en lugares seguros (públicos o con alguien cuidándonos) y revisar que las fotos sí coincidan con otros perfiles en línea que lleven el mismo nombre. Aunque no deberíamos partir de la desconfianza y sabemos que es incómodo, se debe asegurar que quien está detrás del chat realmente sea quien dice ser.
Al invertir tiempo y emociones en un vínculo falso, es normal sentir culpa y cuestionarse cómo se pasaron por alto tantos detalles. Pero es preciso recordar que estas situaciones ocurren porque el catfisher construye intencionalmente una fachada, y no porque se haya hecho algo mal.
La idea no es poner a prueba a la otra persona o no volver a entablar algún vínculo a través de las aplicaciones, sino protegerse y reducir riesgos físicos y emocionales. Que el amor, el deseo y la curiosidad no nos hagan ignorar los peligros que corremos en internet.
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