“Un día me insultó por ponerme una falda, una pollera. Me dijo que claramente estaba buscando estar con otro tipo. Y lo peor de todo es que yo me siento muy culpable. Yo le creo cuando me dice esas cosas”, cuenta Victoria*, seguramente una paciente que alguna vez atendió Marina Mammoliti o un testimonio representativo de personas que le han compartido su experiencia en consulta.
Este fragmento forma parte del episodio Te cuida o te controla del pódcast argentino Psicología al desnudo, del que la psicóloga Mammoliti es creadora. También hemos recurrido a su blog de divulgación en algunos artículos, utilizándolo como fuente de consulta. Y fue precisamente en medio de estas exploraciones, que quisimos hablar de un tema más bien frecuente: que hemos normalizado comportamientos que creemos románticos cuando en realidad son perjudiciales, y que nos llevan a caer en ciclos repetitivos de relaciones abusivas, narcisistas o desestabilizadoras.
La violencia y el control, explica en el episodio, pueden aparecer en cualquier contexto humano. Y más importante que el amor en sí, están la autonomía y la estabilidad (al menos a nivel de pareja o vínculo sexo-afectivo). Según la RAE, la autonomía se define como la “capacidad de actuar libremente, sin depender de nada o de nadie”. Un concepto que se aleja completamente de esa sensación de pérdida de control sobre el otro, de obsesión, de golpes o de palabras que justifican inseguridades o necesidad de poder.
El segundo “ingrediente", como ella lo llama, es esa pizca de seguridad que permite que, aún en medio de la distancia o el silencio, el otro esté seguro del vínculo que se ha construido; que se sienta saludable, y no como un espacio en donde haya que dudar constantemente de lo que se dice o se vive. Aunque pueda parecer un cliché, podríamos resumirlo en esa frase que circula desde hace años en redes como Pinterest, el ya desaparecido Tumblr o X: “Quiero que seas completamente libre y en esa libertad me elijas”.
Las señales de alerta
En el artículo Celos, control y red flags: cuando el amor deja de ser sano, Paula Andrea Ramírez, de la Dirección de Bienestar Universitario de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, explica que los celos son una emoción natural, pero su manejo determina si afectan la relación. Quien tiene buena autorregulación puede sentirlos sin intentar controlar a su pareja, mientras que los celos obsesivos o extremos son señales de alerta que pueden indicar la necesidad de apoyo psicológico. También señala que la idea de que los celos son una demostración de amor proviene de patrones culturales que durante años normalizaron el control en la pareja. Patrones que hoy es posible cuestionar.
El amor no es mayor ni menor porque el otro nos codicie. Solemos confundirlo porque creemos que la necesidad y el deseo se complementan, pero no es así. Mammoliti explica que “en la necesidad deja de haber elección”. Si no hay elección, no hay posibilidad de respirar, de pensar o de entender que, aunque los conflictos también son parte de la cotidianidad, lo que no es normal es buscar sostener la relación a toda costa para llenar un vacío propio.
Para aprender a diferenciar estos vínculos...
A veces nos enamoramos del control o del deseo enfermizo. Los comportamientos se van “instalando” a través de acciones pequeñas, casi imperceptibles, que nos hacen confundir la preocupación con cuidado, cuando en realidad es una forma de violencia.
“Una manera de darnos cuenta de que efectivamente se trata de control es cuando el otro no nos da opciones o hace todo lo posible para que las cosas pasen como él quiere”, afirma la experta. Son imposiciones, órdenes disfrazadas de amabilidad. Es diferente un “no te preocupes, puedo pasar por ti a la hora que me digas, si quieres, así estás más segura” a un “no, tu amigo no tiene por qué traerte; para eso estoy yo y te recojo, y no tienes por qué buscar a otros”.
Pero, más que quedarnos en la teoría, queremos brindar respuestas. Mammoliti menciona, por ejemplo, que el violentómetro es una herramienta útil para estos casos, pues nos ayuda a entender que aquello que incomoda no es una exageración, y que las acciones, entre más se permiten y se repiten, pueden derivar en consecuencias graves.
Según Féministes En Action, OSC francesa, este funciona como una escala en la que se ubican desde conductas iniciales, como burlas o gestos de desprecio, hasta actos más graves, incluyendo agresión física o sexual. Cada comportamiento se relaciona con un color que indica su nivel de intensidad, de menor a mayor:
La explicación en Psicología al desnudo sugiere que algunas experiencias que pueden estar de fondo del control excesivo —que, igual, no justifican ningún acto de violencia— son:
- Cuando en la niñez los cuidadores no ofrecen seguridad —apareciendo y desapareciendo—, el niño o la niña aprende a vivir en un estado de alerta permanente. Esa sensación de incertidumbre puede mantenerse con los años, llevando a intentar asegurar que las personas cercanas permanezcan siempre a su lado, a través de conductas controladoras. Es esa la repercusión en la adultez.
- La baja autoestima, que hace que la persona busque aprobación y confirmación de su valor por parte del otro.
- Si hemos sido engañados o traicionados, es común que surjan inseguridades que nos lleven a intentar controlar a nuestra pareja actual, como forma de protegernos de volver a sufrir.
Fortalecer la relación sin asfixiarla implica construirla sobre la confianza, el respeto y la libertad, permitiendo que la otra persona exista tal y como es, mientras del otro lado se recupera la autonomía.
De acuerdo con el portal de salud mental Psicología y Mente, si bien el deseo de control en la pareja no se resuelve de un día para otro, puede empezar a trabajarse observando lo que ocurre dentro de nosotros: reflexionar sobre nuestros miedos e inseguridades para comprender por qué sentimos la necesidad de influir (o invadir) el mundo del otro y, así, comenzar a tomar decisiones conscientes. La terapia, aunque pueda retarnos en ese aspecto, permite expresar las emociones de forma honesta y dar lugar a los intereses y tiempos propios de cada uno.
Como dato extra, les compartimos el episodio que mencionamos de Psicología al desnudo, que nos sirvió como punto de partida para elaborar este artículo:
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