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El amor de la vida no siempre es una pareja: ¿qué significa realmente?

Crecemos con la idea de que estamos incompletos y por tanto debemos encontrar una persona que logre darnos sentido.

Mariana Álvarez Barrero

14 de mayo de 2026 - 01:00 p. m.
Puede ser la relación con uno mismo, el aprendizaje que deja una experiencia, la capacidad de sanar o incluso la manera en que alguien decide vivir el presente.
Foto: pixabay
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Películas, libros, canciones y creencias sociales han reforzado la idea de que existe una sola persona destinada a completar la vida de alguien más. Sin embargo, especialistas y autores que han reflexionado sobre el amor, coinciden en que esta visión resulta limitada e incluso dolorosa.

Gabriel López, autor de Yo soy amor, explica que las personas creen que necesitan tener a alguien a su lado para sentirse completas, una idea que también proviene de enseñanzas religiosas. “El amor no está afuera, está dentro de cada persona”, sostiene.

Desde su perspectiva, el verdadero amor tiene más relación con el autoconocimiento y con la capacidad de conquistarse a uno mismo que con encontrar a una pareja ideal. Por eso considera que muchas personas pasan la vida buscando afuera algo que en realidad deberían construir internamente.

La psicóloga Eva Murillo, fundadora y directora del centro de inteligencia emocional Ekilibrat-e, comparte una visión similar. Para ella, “el amor de la vida no existe. Es solo una idea romántica más”. Lo que realmente existe, explica, es el amor que alguien se permitió vivir en determinado momento de su vida.

La especialista afirma que pensar que solo existe una persona destinada para cada individuo puede convertirse en una carga emocional muy fuerte.

“El amor no es un único tren que pasa una vez y si no lo coges ya lo perdiste todo”, explica. Más bien, considera que las relaciones dependen de los momentos vitales, de quiénes son las personas en ese instante y de cómo deciden encontrarse.

El amor también es la familia

La idea de que el amor de la vida debe ser necesariamente una pareja deja por fuera muchas otras formas de amar. Para López, el amor no se limita a lo sentimental, sino que engloba distintas experiencias humanas, como la relación con uno mismo, el vínculo con la familia y la amistad.

En ese sentido, insiste en que aprender a valorarse es fundamental. En su libro habla de cómo perderlo todo puede convertirse en un punto de reinicio para reencontrarse con el amor propio. Según explica, el primer paso consiste en observarse realmente y tomar conciencia de quién se es.

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El autor también considera que muchas personas viven en automático, desconectadas de lo que sienten, piensan o expresan. Solo cuando alguien empieza a mirarse con honestidad, puede reconocer sus errores y trabajar en ellos, puede comenzar a vivir de manera más consciente y centrada en el presente.

Murillo también advierte sobre el riesgo de pasar la vida esperando a “la persona correcta”. Según señala, esa espera puede convertirse en una trampa emocional porque deja a las personas inmóviles, convencidas de que lo mejor todavía no llega, mientras la vida continúa ocurriendo.

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Además, sostiene que reservar el corazón únicamente para un supuesto gran amor puede provocar una sensación profunda de vacío cuando una relación termina. “El amor no se acaba. Cambia, se transforma, y muchas veces vuelve de formas distintas y hasta más sanas”, explica.

Las rupturas y la necesidad de reconstruirse

Uno de los puntos en los que Gabriel López más insiste en su libro es en que cualquier pérdida genera duelo. No solo ocurre con la muerte de un ser querido, sino también después de una ruptura amorosa, de la pérdida de un trabajo o de cualquier cambio que transforme profundamente la vida de una persona.

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Según explica, uno de los errores más comunes es intentar aparentar fortaleza y no expresar el dolor. Para él, reprimir las emociones termina generando bloqueos emocionales y una sensación de estancamiento. Por eso considera necesario llorar, hablar y permitir que las emociones salgan. También recomienda escribir como una herramienta para desahogarse y liberar sentimientos.

También señala que muchas relaciones se vuelven poco saludables cuando existe dependencia emocional. Según afirma, en ocasiones las personas buscan en su pareja aquello que no recibieron emocionalmente durante la infancia.

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Cuando alguien no sana heridas emocionales o permanece aferrado al pasado, termina repitiendo patrones constantemente. Por eso considera que muchas experiencias difíciles en el amor funcionan como aprendizajes que la vida obliga a enfrentar una y otra vez hasta comprenderlos.

El amor de la vida no necesariamente tiene el rostro de una pareja. A veces puede ser la relación con uno mismo, el aprendizaje que deja una experiencia, la capacidad de sanar o incluso la manera en que alguien decide vivir el presente.

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El amor parece tener menos que ver con encontrar a una única persona perfecta y mucho más con aprender a vivir, sentir y conectar de forma consciente con los demás.

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Por Mariana Álvarez Barrero

Periodista de la Universidad del Rosario. Apasionada por la agenda global, la literatura y la economía. Además, presentadora de Moneygamia, formato audiovisual de finanzas fáciles de El Espectador.malvarez@elespectador.com

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