Si una relación nació en la clandestinidad, ¿todavía existe la traición? ¿Podría considerarse una infidelidad adicional en ese caso? Aunque suene un tanto contradictorio (o incluso descarado), la pregunta es válida, aunque no hay respuesta única.
Este artículo no parte de la idea de juzgar qué está bien o qué está mal, y no se aborda desde la moral, sino desde la racionalidad, la duda que puede surgir como cualquier otra y, por supuesto, la psicología. Valentina Ospina, psicóloga clínica que ha acompañado otros de nuestros artículos, explica que, aunque suene incómodo decirlo, esto se contesta dependiendo del vínculo que exista y de las condiciones que se tengan dentro de él.
Sí, incluso cuando se trata de un/una amante.
Comencemos entendiendo que en una relación de pareja existen pactos de exclusividad que, de entrada, excluyen cualquier forma de infidelidad. Ese acuerdo es el punto de referencia. “Pero la infidelidad es un concepto abstracto en psicología: más allá de su definición general, cada persona establece acuerdos y la entiende de manera diferente“, explica. Por ejemplo, para algunos, eso incluye ocultar mensajes, mantener relaciones sexuales o relacionarse amorosa o seductoramente con otros.
En una relación monógama, si no hay un arreglo que permita terceros, la presencia de otra persona ya incumple el pacto de exclusividad. “Desde ahí aparece un factor que no debería: la existencia de un o una amante”.
Entonces, veámoslo como si fuera un contrato...
“Si existe una relación clandestina, ya sabemos que uno de los dos decidió transgredirlo. A partir de ahí, la pregunta es qué acuerdos se establecen dentro de ese nuevo vínculo, aun cuando surge de un compromiso inicial que ya se está quebrantando”, explica Ospina.
Es curioso, pero incluso si esa segunda relación nace de una mentira o un “desliz”, también tiene condiciones. El otro puede trazar límites, puede tener expectativas o puede acordar pactos que, si se irrespetan, generarán otro conflicto: “Si lo quieres ver así, es como tener un contrato indefinido en una empresa y, al mismo tiempo, aceptar uno por prestación de servicios. El primero te sostiene y te da estabilidad; el segundo funciona de vez en cuando”.
“En el caso de un amante, esta persona puede decirle al involucrado: ‘solo puedes estar con tu esposa, con nadie más’. Es un tema complejo cuando se mantienen vínculos paralelos”, continúa explicando la psicóloga.
¿Cómo se definen los límites?
Según Ospina, en la percepción de la fidelidad influyen muchos factores: la crianza, la familia, la ciudad donde crecimos y las dinámicas culturales. Por ejemplo, si alguien creció viendo infidelidad en casa, puede normalizar que su pareja tenga deslices y permitirlos. Así como alguien con experiencias totalmente contrarias, que puede considerar inaceptable lo que para otros no es un problema.
“Por eso, si no puedo lidiar con ciertas conductas, no debo tener una pareja que las practique, porque rompe mis propios no negociables sobre la fidelidad, pierdo mi respeto y me lastima”, afirma.
Así que, en efecto, la respuesta es sí: es posible que haya múltiple traición.
Es importante revisar que la infidelidad tiene muchas causas; ninguna la justifica, pero si se busca mejorar de forma honesta, hay que ir a la raíz del problema. El amor no es un juego. Todo lo que ocurre dentro de una relación, incluso los deslices, hieren y afectan la salud mental de las partes involucradas.
Recuerde que establecer un vínculo con alguien, independientemente de las circunstancias, aceptadas o no, implica que cada persona tiene sentimientos, pensamientos y decisiones que querrá trazar y, aunque suene contradictorio, respetar.
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