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Aunque todos alguna vez hemos sentido dudas frente al amor o al compromiso, para ciertas personas la simple idea de iniciar una relación amorosa despierta miedo, ansiedad y pánico.
Hemos hablado de fobias en otros de nuestros artículos, como la pistantrofobia o la atiquifobia. Hoy es el turno de la filofobia, el miedo a enamorarse o a involucrarse en relaciones románticas, incluso cuando hay deseo consciente de afecto.
Según el blog de la plataforma de salud mental Selia, esta aversión puede manifestarse en ansiedad, pánico o rechazo al contacto emocional, y eso, con frecuencia, lleva a evitar vínculos o sabotear relaciones sin querer.
Este fenómeno no debe confundirse con las dudas pasajeras (y naturales, claro) que tenemos frente a una relación. Quienes experimentan esta fobia sienten pánico de forma tan desmedida que pueden bloquearse emocionalmente. Entonces evitan citas, terminan relaciones al poco tiempo de iniciarlas o, incluso, se aíslan socialmente para no enfrentar la posibilidad de hacerlo.
También pueden aparecer síntomas físicos como sudoración, taquicardia o malestar estomacal ante muestras de afecto, y pensamientos que anticipan dolor o traición incluso antes de conocer a alguien.
¿De dónde proviene este miedo?
Como en otras fobias relacionadas con lo afectivo o el compromiso, la mayoría de las causas recaen en traumas relacionales, como infidelidades, abandonos o conflictos familiares fuertes, que, de forma implícita, generaron una asociación del amor con sufrimiento. También influye que se haya tenido un estilo de apego inseguro durante la infancia, un factor que se repite en la mayoría de estas situaciones: los patrones.
A eso debemos añadirle que existe una presión social sobre lo que significa amar y ser una “buena” pareja. Al no encajar, no sentir las mismas motivaciones o no poder corresponder a estos estándares, puede aumentar la frustración y actuar de forma repelente.
Quienes padecen este miedo, según los especialistas de este espacio de salud mental, suelen mostrar síntomas que afectan emociones, cuerpo y conducta. Entre los más comunes están:
- Ansiedad anticipatoria: sentir malestar intenso ante la idea de comprometerse.
- Evitación: rechazar citas o salidas, distanciarse al iniciar una relación o aislarse socialmente.
- Síntomas físicos (sí, los hay): palpitaciones, sudoración, náuseas o malestar corporal cuando hay muestras de afecto o un pensamiento sobre ellas.
- Pensamientos catastróficos: imaginar que enamorarse siempre traerá sufrimiento o abandono.
Lo que puede ayudar
A diferencia de quienes prefieren estar solteros por decisión propia, las personas con filofobia desean afecto y compañía, pero el miedo bloquea ese impulso de conectar. Romper el ciclo del miedo requiere atención y, en muchos casos, acompañamiento profesional. Selia recomienda terapias que abordan los pensamientos negativos y ayudan a enfrentar el miedo de a poco: la terapia cognitivo-conductual permite identificar creencias distorsionadas sobre las relaciones.
Las técnicas de mindfulness y estrategias de fortalecimiento de autoestima son útiles para manejar la ansiedad, y esto ayuda a abrirle las puertas a la seguridad. Una vez avance el proceso, puede empezar por construir amistades antes de intentar relaciones románticas.
Siempre es importante entender que este miedo tiene raíces y que no son fáciles de identificar. La buena noticia es que trabajarlo —con paciencia— permite que las personas encuentren formas de conectar sin sentir que se exponen a un daño inevitable.
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