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La teoría triangular del amor: por qué las relaciones cambian con el tiempo

El modelo propuesto por Robert J. Sternberg explica cómo se combinan distintos componentes del amor y qué ocurre cuando uno de ellos se debilita con el tiempo.

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Redacción Bienestar
09 de enero de 2026 - 01:15 a. m.
La teoría triangular del amor: por qué las relaciones cambian con el tiempo
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Uno de los modelos planteados desde la psicología para entender cómo se construye el amor es el del estadounidense Robert J. Sternberg, que propuso que las relaciones amorosas no funcionan gracias a un sentimiento, sino que se alimenta de tres componentes que pueden variar con el tiempo: la intimidad, la pasión y el compromiso.

En el artículo Las ideas del amor de R. J. Sternberg: la teoría triangular y la teoría narrativa del amor, la investigadora Alba Almeida Eleno, de la Universidad Pontificia de Salamanca, explica que, según la teoría, estos tres elementos forman los vértices de un triángulo y que su presencia —o ausencia— da lugar a distintas formas de amar.

Así, al menos pedagógicamente, esa idea logra organizarse en un esquema y es posible observar cómo se transforma una relación según el peso que adquiere cada uno.


Intimidad, pasión y compromiso: tres experiencias que son distintas

Hablemos de los tres elementos que el psicólogo estadounidense presentó en su postulado. Eleno explica que el primero, que es la intimidad, no está relacionada ni con la intensidad en la que se viva el deseo ni con la voluntad que alguien tiene de permanecer juntos. Reducirlo así deja la mesa “cojeando”.

Realmente, se trata de cómo nos sentimos cerca, de la estrechez. De cuando podemos contarnos lo que pensamos y sentimos, de apoyarnos en los momentos difíciles y sentir que nos entendemos, incluso en la diferencia. La intimidad también significa respetar los espacios, mantener la independencia, mostrarnos tal como somos y aceptar al otro en la misma medida.

En el segundo vértice tenemos la pasión, que responde a una lógica distinta. El mismo artículo señala que se trata de “un estado de deseo intenso de unión con el otro producido por una excitación mental y física”. Ahora, aunque suele asociarse a la sexualidad (y sí existe una relación), no se trata sólo de eso. Incluye la necesidad de estar con la otra persona, la idealización y la intensidad que es propia del enamoramiento que se experimenta al inicio de un vínculo.

Claro: a diferencia de la intimidad, la pasión tiende a ser más inestable, puede disminuir con el tiempo, y esto último ocurre, especialmente, cuando la relación se vuelve predecible o monótona.

Y el compromiso, por último, nos introduce en la dimensión de la decisión. Bien lo explica la investigadora: es tanto “la decisión que uno toma de amar al otro”, como el acuerdo —explícito o implícito— de mantener ese amor a largo plazo. De los tres, es el que más se relaciona con la lealtad. Y la manera de ponerlo a prueba es, por supuesto, cuando la relación atraviesa crisis o cambios significativos que ponen todo en un limbo.

Pero no: los tres elementos no evolucionan al mismo ritmo ni al mismo tiempo. Mientras la pasión suele ser intensa al inicio y luego se estabiliza o disminuye —cosa que no es obligatoria o rígida en todas las relaciones—, la intimidad crece de manera gradual y el compromiso se va haciendo más fuerte.


¿Qué formas de amar surgen de las combinaciones en el triángulo?

Sternberg plantea que no existe una sola forma de amor:

  • Amor romántico: surge cuando hay cercanía y atracción. Todo es muy intenso, pero sin planes a futuro. Podría sonar bien en la teoría, pero en la práctica estas relaciones, a pesar de ser muy apasionadas y tener mucha conexión, pueden ser inestables por esa falta de compromiso.
  • Amor fatuo: ocurre cuando la pasión lleva rápidamente a tomar decisiones de futuro, aunque la relación aún no tiene una base de confianza y cercanía suficientes. Esto puede hacer que la pareja avance con rapidez, pero con un vínculo frágil se desestabiliza si aparecen conflictos o cambios en las expectativas que se tenían sobre el otro.
  • Amor compañero: se da cuando la relación está construida sobre intimidad y compromiso, pero la pasión ha disminuido o ya no existe. Suele encontrarse en relaciones o matrimonios largos: la pareja comparte proyectos y se apoya, aunque la atracción ya haya cedido. De tanta estabilidad, puede sentirse más como amistad que como enamoramiento.
  • Amor consumado: combina los tres elementos equilibrados. Es la relación que muchos buscan: cercana, apasionada y proyectada a futuro. Sin embargo, Sternberg advierte que mantener este equilibrio es difícil; cualquier cambio en uno de los componentes puede transformar la relación hacia otra forma de amor.

Sobre esto, el artículo Teoría triangular del amor, publicado por la Universidad Sergio Arboleda explica que, cuando nuestra relación se sostiene solo por una necesidad —ya sea emocional o física— es más fácil que surjan problemas cuando si de repente deja de estar presente.

Por ejemplo, si solo estamos juntos por compañía o por deseo, podemos sentir frustración, distancia o rabia cuando las expectativas cambian o uno de los dos deja de cumplir lo que el otro espera. En cambio, cuando hay varios motivos que nos mantienen conectados, la relación suele ser más estable y resistente a los altibajos.

Además, nos introduce a algo importante: el papel del cerebro en el enamoramiento. Según el artículo, neurotransmisores como la dopamina, la serotonina y la noradrenalina, junto con la oxitocina, influyen en la sensación de euforia, apego y bienestar que acompaña las primeras etapas del amor, lo que ayuda a explicar varias de las nociones que compartimos aquí.

A propósito, tenemos una nota que habla sobre eso y puede leerla aquí: 🗞️ La química del corazón: las hormonas que hacen que nos enamoremos


La teoría triangular permite entender que muchas crisis de pareja no surgen por falta de amor, sino por el desequilibrio entre sus componentes. Y, aunque entenderla o aplicarla no nos da la receta del amor perfecto, sí puede ayudarnos a pensar en qué es lo que verdaderamente nos une, qué nos mueve y qué nos falta para vivir las relaciones sin depender solo de lo que sentimos en el momento.

La persona que te merece es aquella que, teniendo la libertad de hacer lo que quiere, te elige a ti en todo momento.

Daireth Winehouse


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Por Redacción Bienestar

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