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¿Por qué el corazón es el símbolo del amor? La historia detrás de su origen

Aunque no se parece al órgano real, el corazón terminó convertido en el símbolo más reconocible del amor en la cultura popular.

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Kevin Stiven Ramírez Quintero
18 de marzo de 2026 - 07:00 p. m.
Hoy aparece en emojis, mensajes y vitrinas, pero la historia del corazón como emblema amoroso empezó mucho antes de la era digital
Hoy aparece en emojis, mensajes y vitrinas, pero la historia del corazón como emblema amoroso empezó mucho antes de la era digital
Foto: Pixabay
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Pensar en amor es pensar en un corazón. Está en tarjetas, joyas, emojis, campañas publicitarias y mensajes de WhatsApp. Pero esa relación, tan instalada en la vida cotidiana, no siempre existió así. La historia del corazón como símbolo amoroso es, en realidad, una construcción cultural larga, cambiante y llena de matices.

Según explica National Geographic, la equiparación entre “amor” y “corazón” fue evolucionando a lo largo de los siglos. Es decir, el corazón no nació como emblema romántico, ya que antes de llegar a representar ese sentimiento, pasó por otros significados y otras formas de ser entendido.

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Antes del romance

Uno de los puntos clave es diferenciar el órgano del símbolo. Según National Geographic, la forma geométrica del corazón puede rastrearse hasta la prehistoria, aunque entonces no estaba asociada al amor romántico. Más bien, remitía a formas vegetales, como hojas, frutos o semillas.

Esa relación también aparece en el mundo antiguo. Un ejemplo son las monedas griegas de Cirene, en la actual Libia, donde se representaba la semilla del silfio, una planta valorada por sus propiedades medicinales y anticonceptivas.

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Ese punto también es mencionado por Columbia Surgery, que retoma la teoría del silfio como una de las posibles raíces visuales del corazón moderno. Allí se plantea que las hojas o cápsulas de esta planta pudieron ayudar a fijar una forma que, siglos más tarde, adquiriría otra carga simbólica.

Mientras tanto, en el antiguo Egipto el corazón tenía un valor distinto, pues era considerado el lugar donde residían el pensamiento y los sentimientos humanos. Por eso su representación estaba más ligada a una forma anatómica, o al menos física, y no a la idea romántica que hoy le atribuimos.

La Edad Media cambió el sentido

El giro decisivo llegó en la Europa medieval. Según National Geographic, habría que esperar al desarrollo del amor cortés para encontrar una relación más clara entre corazón y amor.

Una de las referencias más citadas es “Le Roman de la Poire”, una novela de caballería del siglo XIII en la que aparece un personaje ofreciendo su corazón a la amada. Allí empieza a consolidarse el entregar el corazón como metáfora del amor.

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Con el tiempo, ese motivo se expandió a tapices, manuscritos, naipes y otras formas de arte. El corazón empezó a dejar de ser solo un órgano o una figura decorativa para convertirse en un signo cargado de afecto, deseo y devoción.

De lo sagrado a lo cotidiano

La religión también jugó un papel importante. El Sagrado Corazón de Jesús ayudó a asociar el corazón con sentimientos como la pasión, la entrega y el fervor. No era aún el amor romántico tal como lo entendemos hoy, pero sí reforzó la idea de que el corazón podía condensar emociones profundas.

Ya después, entre los siglos XVII y XIX, el símbolo se fue generalizando cada vez más. La Vanguardia resume que su apogeo llegó a finales del siglo XIX, especialmente con la popularización de las tarjetas de San Valentín en el Reino Unido. Desde entonces, el corazón quedó fijado en el imaginario como el signo por excelencia del amor romántico.

La historia terminó de redondearse en la cultura de masas. El corazón pasó de manuscritos y estampas religiosas a tarjetas, dulces, campañas publicitarias y luego a íconos globales como I ♥ NY.

Hoy vive también en las pantallas con reacciones y emojis. No se parece mucho a un corazón real, pero sí a una idea que la cultura fue construyendo durante siglos, pues se entiende que amar, de algún modo, también es entregar el corazón.

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Kevin Stiven Ramírez Quintero

Por Kevin Stiven Ramírez Quintero

Formado en la Pontificia Universidad Javeriana. Interesado en temas musicales, deportivos, culturales, turísticos, gastronómicos y tecnológicos. Le gusta realizar crónicas, trabajar temas en tendencias SEO y la cobertura de eventos en vivo de alcance internacional. Ganador del Premio Simón Bolívar en 2021.@kevins_ramirezkramirez@elespectador.com

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