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¿Por qué no puedo olvidar a mi ex si ya pasó tanto tiempo? Así funciona el duelo congelado

Seguir funcionando no siempre significa sanar. A veces una ruptura tarda en doler porque el duelo quedó en pausa.

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Kevin Stiven Ramírez Quintero
26 de mayo de 2026 - 11:00 p. m.
Pensar en una expareja no necesariamente habla de querer volver, sino de una pérdida emocional que sigue pendiente.
Pensar en una expareja no necesariamente habla de querer volver, sino de una pérdida emocional que sigue pendiente.
Foto: Pixabay
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Me dio tusa un año después de terminar con mi exnovia. No fue cuando cortamos, ni cuando dejamos de hablarnos. Fue después, cuando yo ya estaba convencido de que había hecho lo correcto y de que el asunto estaba más o menos resuelto.

Eso sucedió ya hace unos años. Yo estaba terminando la universidad y empezando mi primer trabajo. Así que en vez de sentir, me ocupé. Acepté turnos largos, tareas, favores. Me prestaba para lo posible y para lo que no me correspondía.

Mientras menos espacio quedara para quedarme solo, mejor. El trabajo no curaba nada, pero hacía algo muy útil: no dejaba tiempo para pensar de más.

También salí. Conocí personas. Intenté nuevas relaciones. Y cada vez que alguien preguntaba por ella, respondía lo mismo: “Estoy bien, ya la olvidé”.

Pero no era verdad.

Todo se derrumbó cuando cambié de trabajo y empecé a tener más tiempo para mí. Ahí apareció lo que había quedado debajo de la productividad: las preguntas, los recuerdos, la tristeza que no había querido mirar.

Quedarme solo dejó de ser un descanso y empezó a parecerse a una conversación pendiente, pues lo que yo creía superado empezó a salir por donde pudo. La tusa no se había ido; estaba aplazada.

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El duelo congelado

Eso que muchas personas resumen como “no puedo olvidar a mi ex” no siempre habla de un amor vigente. Tampoco de debilidad, falta de voluntad o intensidad mal gestionada. A veces habla de algo más incómodo: una pérdida emocional que se siguió cargando por debajo, mientras la vida aparentemente continuaba.

El psicólogo clínico Iosu Cabodevilla Eraso, de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital San Juan de Dios de Pamplona, España, define el duelo congelado o retardado como una forma de duelo inhibido o pospuesto.

Es decir, una situación en la que la persona no muestra al inicio señales claras de dolor, pero después aparece una dificultad para reaccionar o expresar lo que siente.

Las señales de una tusa aplazada

El psicólogo Jesús Sagrario describe en su blog el duelo congelado post ruptura como una “pausa emocional” ante un dolor que se percibe como demasiado intenso para enfrentar en ese momento.

Según su explicación, esa anestesia puede permitir que la persona siga funcionando: trabajar, salir, hablar con amigos o mantener cierta normalidad. El problema aparece cuando esa pausa deja de proteger y empieza a bloquear el procesamiento emocional.

Ese bloqueo puede verse así:

  • Decir que todo está bien, aunque la ruptura siga ocupando demasiado espacio mental.
  • Evitar la soledad porque ahí aparece lo que durante el día se consigue esquivar.
  • Revisar redes, fotos o conversaciones antiguas.
  • Llenarse de trabajo, planes o nuevas citas para no detenerse.
  • Sentir rabia, culpa o tristeza en momentos que parecen desconectados de la ruptura.
  • Mantener objetos, recuerdos o expectativas que impiden cerrar del todo.

Sagrario también menciona señales como la ambivalencia (querer acercarse y luego tomar distancia), aferrarse a objetos de la relación mientras se evita mirar hacia adelante, o experimentar emociones que aparecen fuera de contexto, como irritación, culpa o melancolía.

La psicóloga Sara Losantos, de la Fundación Mario Losantos del Campo, plantea algo parecido al hablar del duelo demorado: “en el proceso de duelo a veces las apariencias engañan“. Que una persona no llore, retome rápido sus tareas o parezca estable no significa necesariamente que esté mejor. A veces solo está conteniendo el dolor.

Por eso seguir funcionando no siempre significa sanar. A veces es apenas una forma de aplazar el golpe.

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Además, el psicólogo Juan Armando Corbin, en un artículo publicado en Psicología y Mente, aclara que el desamor no es un proceso lineal y que una persona puede recaer emocionalmente en distintos momentos, incluso cuando pensaba que ya había avanzado.

La trampa está en creer que olvidar es borrar. Cabodevilla plantea que, en el duelo, no se trata de eliminar una relación significativa de la historia personal, sino de encontrarle un lugar emocional que permita continuar viviendo y abrir espacio a nuevos vínculos.

El trabajo, entonces, está en aceptar con tiempo que esa historia existió, que dolió, que dejó preguntas, pero que no puede seguir ocupando el centro de la vida.

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Kevin Stiven Ramírez Quintero

Por Kevin Stiven Ramírez Quintero

Formado en la Pontificia Universidad Javeriana. Interesado en temas musicales, deportivos, culturales, turísticos, gastronómicos y tecnológicos. Le gusta realizar crónicas, trabajar temas en tendencias SEO y la cobertura de eventos en vivo de alcance internacional. Ganador del Premio Simón Bolívar en 2021.@kevins_ramirezkramirez@elespectador.com

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