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Si usted es fanático del tejo, una de las actividades más tradicionales y queridas por los colombianos, existe un lugar que debería estar en su lista de destinos por visitar. Se trata de Turmequé, en Boyacá, un municipio donde el sonido de la pólvora y el golpe del metal contra el barro hacen parte de la cotidianidad.
Entre montañas, calles tranquilas e historias que se remontan a la época muisca, este pueblo conserva el origen de un juego que con el paso del tiempo se convirtió en un símbolo de la cultura popular del país.
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¿Por qué se destaca Tumerqué?
Ubicado a unos 45 kilómetros al sur de Tunja y a aproximadamente 128 kilómetros de Bogotá, Turmequé es uno de esos pueblos donde la historia, la tradición y la cultura siguen presentes en cada rincón. Rodeado por paisajes andinos, cerca del páramo de Guacheneque y junto al cerro Pozo Negro, este municipio conserva la esencia de los pueblos boyacenses y una profunda conexión con sus raíces indígenas.
Su nombre proviene de la lengua muisca y significa “jefe vigoroso” o “padre fuerte”, una herencia que refleja la importancia que tuvo este territorio mucho antes de la llegada de los españoles. En la época precolombina fue uno de los principales centros de comercio de la región y una aldea estratégica vinculada al Zaque de Hunza. Allí se realizaban mercados periódicos donde circulaban productos como sal de Zipaquirá y cerámicas provenientes de otros territorios.
Sin embargo, si hay algo que ha convertido a Turmequé en un referente nacional, es ser la cuna del tejo o turmequé, uno de los juegos más tradicionales y representativos de Colombia. Su importancia cultural ha sido tal que en el año 2000 fue reconocido como deporte nacional por el Senado y, años más tarde, mediante la Ley 1947 de 2019, recibió un nuevo reconocimiento al ser declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación, consolidándose como una de las expresiones más auténticas de la identidad colombiana.
Según la Universidad Tadeo Lozano, su origen se remonta a las prácticas recreativas y ceremoniales de las comunidades indígenas asentadas en la región, quienes realizaban competencias como parte de celebraciones y encuentros entre caciques.
Según relatos históricos, los indígenas practicaban este juego lanzando discos de oro conocidos como “zepguagoscua”. Con el paso del tiempo estos elementos fueron reemplazados por discos de piedra y, posteriormente, por los tejos metálicos utilizados actualmente. Hoy el objetivo sigue siendo similar: lanzar el disco hacia un bocín incrustado en un cajón de arcilla y rodeado por pequeñas mechas con pólvora que explotan al impactar.
Pero Turmequé va mucho más allá del tejo. Conocido también como el “Valle de las Trompetas” —nombre surgido porque durante la Conquista los españoles utilizaron estos instrumentos para intimidar a las comunidades indígenas—, el municipio reúne patrimonio colonial, riqueza agrícola, gastronomía tradicional y una comunidad reconocida por su hospitalidad.
¿Qué puede hacer aquí?
Según Viajala, un metabuscador de vuelos y hoteles en América Latina, uno de los primeros lugares para visitar es la plaza principal, considerada el corazón del municipio. Allí se encuentra la iglesia conocida como la “Sixtina boyacense”, llamada así por la gran cantidad de murales y pinturas religiosas que conserva en su interior, elaboradas entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII.
Pero la experiencia estaría incompleta sin conocer el deporte que hizo famoso a Turmequé. En el Coliseo de Tejo, visitantes y habitantes se reúnen para practicar esta tradición, observar partidas locales o aprender las reglas básicas del juego. Más que una competencia, el tejo se convierte en un espacio de encuentro donde se mezclan conversación, risas y el característico sonido de las mechas al explotar.
Otros planes interesantes son:
- Museo Religioso: Ubicado en la antigua casa cural, este espacio conserva piezas coloniales y documentos históricos que permiten entender la evolución del municipio y algunos episodios importantes relacionados con las comunidades indígenas y la historia local.
- Cueva de la Antigua: ubicada en la vereda Gunzaque, un sitio tranquilo donde nacen varias quebradas que abastecen la región.
- Laguna Verde: un paisaje típico del altiplano boyacense cuya tonalidad cambia con la luz y que se ha convertido en un lugar ideal para descansar y tomar fotografías.
- Monumento al cacique Turmequé: creado en chatarra por el maestro Omar Santamaría, rinde homenaje a las raíces indígenas del municipio y al origen ancestral del tejo, uno de los principales símbolos culturales de la región.
Pero ningún recorrido estaría completo sin probar la gastronomía local. Según el Sistema de Información Turística de Boyacá (Situr Boyacá), entre los sabores más representativos se encuentran el tradicional cocido boyacense, las arepas de maíz pelao, las almojábanas recién horneadas y las garullas, amasijos típicos que conservan el sabor campesino y la tradición culinaria de la región.
Por último, para los amantes del ciclomontañismo y la aventura, una de las experiencias más llamativas es la ruta de biciturismo de 48,7 kilómetros que conecta Villapinzón con Turmequé. El recorrido atraviesa antiguos caminos relacionados con la historia de los caciques muiscas y el origen del tejo, pasando por paisajes rurales, veredas y puntos cercanos al páramo de Guacheneque, donde nace el río Bogotá.
¿Cómo llegar?
Turmequé se encuentra a aproximadamente 128 kilómetros de Bogotá, unas 2 horas y media o 3 horas por carretera, y a cerca de 45 minutos de Tunja.
- En vehículo particular, la ruta más utilizada es por la Autopista Norte hacia Tunja, tomando el desvío en Ventaquemada hacia el municipio.
- En transporte intermunicipal desde Bogotá, hay buses que salen desde la Terminal del Norte o mediante rutas hacia Tunja y conexión desde Ventaquemada.
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