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La anarquía relacional, también conocida como anarquismo relacional, es una propuesta que “cuestiona las normas sociales preestablecidas que regulan nuestros vínculos afectivos”. Traducido al español, podría decirse que aquí, en lugar de asumir que el amor debe responder a ciertos modelos (como la monogamia), cada relación está construida a partir de acuerdos entre las personas involucradas.
La cosa es que, como no hay “etiquetas obligatorias”, todo se desarrolla de manera flexible y se rige bajo los deseos, necesidades y límites que cada uno negocia.
¿Es algo nuevo? No, pero no hay un registro exacto de su nacimiento. La anarquía relacional se le atribuye a la comunidad poliamorosa y se cree que fue formalizada en 2006 por la sueca Andi Nordgren, en su Manifiesto sobre Anarquismo Relacional. Desde entonces, ha sido mencionada en series como Machos Alfa, ayudando a que más personas la descubran y también la cuestionen.
La filosofía detrás de la dinámica
Juan Carlos Pérez Cortés, investigador español, es el autor del libro Anarquía Relacional. En él, sustenta que esta forma de amar “se inspira en los principios del anarquismo aplicados a las relaciones personales. Se cuestionan las estructuras tradicionales, la familia nuclear y la monogamia obligatoria. Todo vínculo, incluyendo la monogamia, es válido siempre que sea producto de la autogestión y la reflexión compartida, sin coacción ni autoridad externa”.
Además, asegura que siempre nos hemos movido entre categorías como “pareja”, “amistad”, “relación seria” o “relación secundaria” que no solo describen nuestra realidad, sino que la condicionan, la organizan y la jerarquizan. En teoría, es esto lo que provoca que se generen derechos, obligaciones y expectativas que muchas veces no hemos elegido de forma consciente.
Y sí: parece un poliamor, pero no lo es...
Realmente, hacer parte de este modelo supone dejar de reforzar lo que algunos denominan “dinámicas de posesión, control o dependencia”. Porque, claro, no es algo funcional para todos.
Durante una entrevista para la revista Cosmopolitan, la psicóloga y sexóloga Lucía Jiménez explicó que, a diferencia del poliamor, vincularse con varias personas no es el objetivo de esta práctica, sino una posible consecuencia. Que “no existen normas preestablecidas que indiquen cómo deben comportarse las parejas” y, en cambio, el poliamor si tiene como base las relaciones simultáneas: es su objetivo.
Entonces, ¿igual implica ausencia de compromiso?
La respuesta corta es que no, porque simplemente se resignifica. Independientemente del modelo relacional (sabemos que existen muchas etiquetas para nombrarlos según lo que se desee experimentar), los vínculos que construimos requieren claridad, cuidado y reglas que, en este caso, “no buscan coaccionar”.
Esta fórmula matemática nos da como resultado que, siendo conscientes de lo que queremos, entendemos que las prioridades y la letra pequeña al final del contrato pueden cambiar a lo largo del tiempo. Viéndolo así, romper cualquier trato sigue siendo una falta enorme de responsabilidad afectiva. Fuera de la monogamia existen mil alternativas, pero todas exigen responsabilidad de una u otra manera.
Porque, como hemos dicho en artículos anteriores: ocultar es mentir. Si desde el inicio se acordó hablar todo con claridad y renovar cada tanto los acuerdos, cualquier secreto convierte la relación en algo desigual y poco fructífero. No importa en qué lado del romanticismo estemos.
Históricamente, afirma este historiador español, el anarquismo se ha centrado sobre todo en la organización política y económica, mientras que las relaciones afectivas aparecen más como una consecuencia futura de una sociedad libertaria. Por eso, amar bajo estas no-normas propone invertir esa lógica.
Podría decirse, entonces, que la anarquía relacional o sentimental es el estado —un poco irónico, ¿verdad?— bajo el que logra establecerse una relación abierta. Una alternativa, tal vez incómoda para algunos, que pone en duda “nuestras costumbres” sin que eso signifique caos o desorden.
¿Había escuchado sobre esto antes? Lo leemos en los comentarios.
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