La felicidad es natural y necesaria en los seres humanos, pero no siempre es bien recibida por muchos de nosotros, pues para algunos puede resultar incómoda o incluso inquietante. De hecho, se manifiesta en un pensamiento recurrente como: “es que no es normal que las cosas estén saliendo tan bien”.
Adelante con el resumen gráfico:
Y esta fobia, como muchas otras, no tiene un solo origen. Existen casos en donde se forma a partir de vivencias que hicieron asociar sentirse bien con algún tipo de riesgo o consecuencia negativa. Como si disfrutar de un momento feliz pudiera traer problemas después o no se fuera merecedor de dicho estado de ánimo.
Pero en otras, por ejemplo, el miedo se produce gracias a las ideas internas sobre lo que está “permitido” sentir o sobre cómo hay que comportarse frente a la alegría. Que “hay que mantenerse sobrios”, que “alegrarse mucho es exagerado, imprudente o inapropiado”.
No siempre hay un evento traumático que explique esta reacción; muchas veces es algo más sutil, como un patrón que lleva a limitar conscientemente los propios momentos de bienestar, como una manera de protegerse y sentirse seguro. Un escudo que, internamente, igual lastima.
El miedo a sentirse bien, a cumplir metas o a disfrutar -incluso descansando- también está relacionado con la exigencia de nuestro mundo actual, uno que valora más la productividad que el bienestar.
Identificar la querofobia es el primer paso para manejarla
Y eso implica notar cuándo evitamos disfrutar algo o cuándo surge ansiedad en situaciones placenteras (más allá de la connotación sexual que pueda tener la palabra). Ser conscientes de esto permite reflexionar sobre las creencias internas que generan el miedo y empezar a cuestionarlas.
Una aclaración válida y oportuna es que vivir con querofobia no significa que una persona sea infeliz permanentemente, sino que hay una tendencia a restringir o sabotear la propia felicidad. Superarla es un proceso gradual que requiere paciencia y constancia.
¿Y qué podría funcionar además de la terapia conductual?
- Explorar pequeños placeres diarios: dedicar tiempo a actividades simples que generan hormonas de la felicidad. Puede ser escuchar música, leer un capítulo de un libro o caminar al aire libre para reconectar.
- Registrar esas experiencias positivas: anotar al final del día situaciones que generaron alegría ayuda a entrenar la mente para enfocarse en lo bueno, para no huirle a los momentos de tranquilidad.
- Permitir la celebración de logros: aunque sean mínimos, reconocer el propio esfuerzo fortalece la relación con la felicidad.
- Crear rutinas de autocuidado como practicar un deporte, meditación o hobbies que aumenten la creatividad también facilitan estas tareas.
- Compartir emociones positivas y conversar con alguien de confianza sobre momentos felices refuerza la sensación de seguridad.
Aceptar la felicidad como parte de la rutina transforma la relación con uno mismo y con los demás. La querofobia puede limitar experiencias y relaciones, sí, pero con conciencia y hábitos sencillos es posible vivir y valorar los momentos positivos que antes se pasaban por alto.
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