El sector, ubicado en el barrio Primero de Mayo, tiene 75 establecimientos que lo único que comparten es la calle en la que están ubicados, y un policía cada tres rumbeaderos. Pareciera que los dueños de estos lugares se hubieran puesto de acuerdo para ponerse en desacuerdo en cuanto a la estética de sus fachadas y los géneros musicales que brotan de sus parlantes. Las más de 20.000 personas que visitan cada fin de semana la cuadra son custodiadas por 50 hombres de la Policía que desde las 10:00 p.m. se pasean por la cuadra, y por el sector.
El capitán Marín, encargado de la zona, alterna las indicaciones que da por radioteléfono a sus subalternos con sorbos de bebida energizante. Hoy tiene turno de 24 horas. Mientras camina por el puente de la avenida Primero de Mayo con Boyacá lo abordan dos oficiales : "Vamos a detener a dos ladrones que están contando el producido del día aquí cerca".
Dos cuadras más adelante se detiene para separar una riña callejera entre un borracho que empuña una botella y su esposa. "Lo que más me molesta es lidiar con alcohólicos, porque nos irrespetan y porque siempre se desquitan con sus familiares", comenta el capitán.
Después de esta ronda, el capitán regresa a "cuadra alegre". Los vendedores ambulantes se abren paso campantes entre la multitud. En el lugar no está permitida su presencia ni la de carros. Sin embargo, una imponente 4x4 se estaciona en un costado de la calle. Se trata de una excepción porque es el vehículo donde llegó el hijo de Diomedes Díaz. El reloj del capitán marca la 1:30 a.m., es hora de relevar a los 50 hombres que cuidan la zona.