20 Mar 2020 - 3:48 p. m.

Alguien está mintiendo en el caso de Ana María Castro Romero

No cuadran las versiones de quienes compartieron con la joven de 21 años que resultó muerta luego de una noche de fiesta el pasado miércoles 4 de marzo. Fue encontrada en la calle 80 con carrera 69 con un fuerte golpe en la cabeza y posteriormente murió en el hospital Simón Bolívar. Reconstruimos el caso.

Sebastián Forero Rueda - Kelly Rodríguez

Ana María Castro Romero cumplió 21 años el pasado 16 de febrero. Actualmente estudiaba un curso de maquillaje y tenía planes de irse a vivir a Estados Unidos.  / Cortesía
Ana María Castro Romero cumplió 21 años el pasado 16 de febrero. Actualmente estudiaba un curso de maquillaje y tenía planes de irse a vivir a Estados Unidos. / Cortesía

Los últimos mensajes que Ana María Castro Romero envió por WhatsApp se los mandó a su amiga Camila Segura, pocos minutos después de la media noche del pasado miércoles 4 de marzo. En ellos, le decía que estaba tomando con ‘Paul’ y que por favor fuera. Parecía suplicarle. Su amiga no pudo ir al bar donde ella estaba, en la calle 116 con avenida 19, y lo siguiente que supo de Ana María, hacia el medio día del jueves, es que estaba muerta en el Hospital Simón Bolívar. Lo que ocurrió en el lapso en que Ana María envió esos mensajes, a las 12:20 a.m., y luego apareció sin vida en el hospital aún no está claro.

Ese miércoles, cuenta Nidia Romero, madre de la joven que murió esa madrugada, ella salió de su casa en el barrio Mirandela, en el norte de Bogotá, hacia las 4:30 p.m. y le dijo a su madre que se vería con Paul Naranjo, un nombre que Nidia había venido escuchando con frecuencia en los últimos meses. Pasadas más de cuatro horas, Nidia le escribe a su hija a las 8:56 p.m. “Hija, y tú qué, acuérdate que mañana tienes que estudiar’. A las 9:02 p.m. Ana María le responde “no te preocupes, que yo voy a ir a estudiar”. 

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Según relató en entrevista con la W Radio Paula Ramírez, una amiga de Ana María que se la encontró por casualidad esa noche, la joven estaba en el bar Zona 116, en la calle 116 con avenida 19, tomando trago y compartiendo con un grupo de amigos, entre los que se encontraba Mateo Reyes. Después de pasar allí un rato, las dos se separaron y se fueron para bares diferentes en esa misma plazoleta.

Poco antes de las 10:00 p.m., Paul Naranjo llegó a la zona, según le dijo a este diario, por invitación de Ana María. Se encontraron y él le dijo que lo acompañara a comer a la Taquería don Clemente, en la calle de al lado, donde estaba terminando turno su amigo Julián Ortegón, administrador del lugar. Ella fue hasta allí, pero le dijo que tenía que volver a donde sus amigos, que en ese momento ya estaban en Cantina Plaza México Popular.

Luego de que Julián cerró el restaurante, él y Paul se fueron a ese bar y se sentaron en una mesa contigua a la de Ana María y sus amigos, y pidieron dos cervezas. Ella se acercó a ellos y bailó un par de canciones con Paul. Mateo, que estaba con Ana María, se acercó a la mesa y les ofreció dos tragos, dice Paul, de manera agresiva, forzándolos a tomar. Ante la negativa de este último, quien había llevado su camioneta esa noche, Mateo se fue para su mesa. “Después él haló a Ana María hacia el grupo de ellos, empezó a bailar con ella y la besó”, dice Paul.

Naranjo desde hace algunos meses venía sosteniendo una relación muy cercana con Ana María, conversaban casi permanentemente e incluso habían llegado a hablar de tener algo más serio. Esa noche, dice Paul, fue a ese lugar por invitación de ella por lo cual, al verla besar a Mateo en un acto consentido por ella, “se incomodó” y decidió irse del lugar con Julián Ortegón.

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Ambos se subieron a la camioneta de Paul, una Kia Sportage, y cuando se iban a ir vieron que Ana María y Mateo habían salido también del bar y que la joven estaba un poco incómoda, “como quitándosele”. Por ello, Julián la busca y le dice que la pueden acercar a su casa. La joven acepta, pero lleva también a Mateo. “Yo le dije a ella: Ana María, yo no voy a llevar a Mateo, no lo conozco ni siquiera sé quién es”, sostiene Paul. Ella insiste en llevarlo y terminan montándose los dos a la camioneta. Sin embargo, la joven les dice que quiere seguir en el bar y los cuatro regresan de nuevo.

Pasado un rato, Paul se percata que Ana María ya no está y cuando sale a buscarla la ve con Paula – la amiga que ella se había encontrado más temprano esa noche – quien la estaba invitando al bar de al lado. Se van todos para ese bar y continúan la fiesta. Paul y Julián, sin embargo, tenían intenciones de irse a tomar algo en el apartamento de este último, por lo cual en ese bar solo se quedan por un lapso de media hora y salen de nuevo. Para entonces ya era la 1:30 a.m.

Luego de que salieran ellos, salen también Ana María y Mateo. Paul sostiene que ella estaba muy alicorada por lo cual no consideró conveniente dejarla allí con Mateo, quien estaba en el mismo estado. “Yo no quería dejar tirada a Ana María y ella no lo quería dejar tirado a él”. Por ello, dice, aceptó que él también se subiera a su camioneta. “Esa fue la peor decisión que he tomado en mi vida”, sostiene. Según él, antes de que se subieran a la camioneta, Paula le dijo a Mateo que lo hacía responsable si algo le llegaba a pasar a Ana María. Paula, por su parte, sostuvo que le insistió a Ana María en que no se fuera con ellos, pero ante la negativa de ella les dijo, tanto a Mateo como a Julián, que si se la llevaban, le respondían por ella.

Paul, Julián, Ana María y Mateo arrancan hacia el apartamento de Julián, ubicado detrás del centro comercial Titán Plaza. Sobre lo que pasa luego, Paul y Mateo tienen versiones distintas. Según el primero, salen del parqueadero, toman la calle 116, la autopista Norte, la calle 100, la avenida 68 y hacen el giro hacia la calle 80. A la altura de la estación de Transmilenio de las Ferias, Paul se percata que Mateo y Ana María venían atrás besándose y tocándose. “Yo veo esa escena, paro el carro, y les digo ‘oigan ¿es en serio ustedes en eso? No, respétenme. Quédense acá y váyanse para otro lado porque ustedes están es en plan pareja. Miren si se van para un motel’”. Ellos no se bajaron, por lo cual Julián les dijo que no los llevaría a su apartamento, se bajó y los bajó a los dos de la camioneta. Luego se sube y arranca con Paul para el apartamento.

Mateo, por su parte, ha entregado dos versiones distintas a las autoridades y a la mamá de Ana María, que habló con él el jueves. En un primer momento dijo que él venía en un taxi detrás de la camioneta y vio cómo la arrojaron del vehículo, por lo cual se bajó y la auxilió, pero que no la conocía. Después, cuando habló con Nidia Romero luego de que encontraran a Ana María en el Hospital Simón Bolívar, dijo que él también venía a bordo de la camioneta. “Él me dice ‘ellos discuten por celos por mí y nos bajan del carro. Él se vuelve a subir, discuten (Paul y Ana María), y de pronto el tipo arranca muy fuerte, se la lleva, ella da unos giros y cae’. Dice que empezó a metérsele a los carros buscando auxilio, pero que nadie paraba. Llamó a la Policía y finalmente consigue auxilio para ella”, dice la madre de Ana María. Paul sostiene que Ana María quedó de pie, junto a Mateo.

Según le contaron a Nidia las autoridades al día siguiente, la patrullera que acudió al lugar encontró a Ana María en el piso, con los ojos hacia atrás, con un fuerte golpe en la cabeza, sangrando por la nariz y los oídos.

Antes de que Nidia se enterara de lo que había pasado, en la mañana de ese jueves buscó a las amigas de su hija para obtener repuestas. Contactó a Camila Segura – la última amiga a la que Ana María le escribió por WhatsApp a las 12:20 a.m. – y le preguntó por ella. Camila, dice, le escribió a su vez a Paul para preguntarle por su amiga. “Ella se quedó con un amigo, un tal Mateo”, le respondió Paul hacia las 2:00 p.m. Camila insistió y él le dijo que había estado con ella hasta eso de las 2:00 a.m. que después la dejó en la calle 80 con Mateo. La misma versión que ha sostenido hasta hoy.

Entre tanto, Mateo, a través del celular de su novia, contactó a Paula para avisarle que Ana María había tenido un accidente y se había golpeado en la cabeza, y que quería avisarle a la familia. Paula es quien finalmente contacta a Nidia, le comenta sobre lo que pasó y le dice que su hija estaba en el hospital Simón Bolívar, según la información de Mateo.

En ese hospital la encuentra finalmente Nidia Romero. Allí le dicen que su hija había llegado remitida del Hospital de Engativá, que tiene un trauma craneoencefálico severo y que tiene muerte cerebral. Luego, Ana María tuvo un paro cardiorrespiratorio y finalmente murió a las 11:56 a.m. del jueves 5 de marzo.

Ana María Castro acababa de celebrar su cumpleaños número 21, el pasado 16 de febrero. Por estos días, no hacía más que hablar del curso de maquillaje que apenas había iniciado y en el que tenía clase el jueves siguiente a lo que ocurrió. El año pasado había iniciado Psicología en la universidad Manuela Beltrán, pero decidió aplazar el semestre. Entre sus planes estaba o continuar Psicología en el segundo semestre de 2020 o irse a buscar una vida en Estados Unidos, donde una amiga.

La firma de abogados De la Espriella Lawyers anunció que asumió la representación de la familia de Ana María y catalogaron lo sucedido como “un aberrante caso de feminicidio”.

“El dolor que yo tengo por mi hija creo que está guardado en una cajita, encapsulado. Yo misma me digo ‘necesito ser fuerte’. Le pido a Dios que me ilumine, que me deje ver cosas o escuchar, algo que humanamente pueda hacer en pro de ayudar a aclarar la muerte de mi hija, que es lo que yo necesito saber. Pienso yo que después ya viviré mi duelo como se debe vivir”, sentencia Nidia Romero.

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