¿Qué pueden hacer los bogotanos con el agua lluvia que cae sobre la ciudad?
Hace dos años, tres estudiantes de ingeniería industrial de la Universidad Manuela Beltrán se hicieron la pregunta. Y se la hicieron, en particular, luego de ver cómo, en diciembre de 2011, numerosos barrios de interés social de Bosa y Kennedy, construidos bajo la cota del río Bogotá por Metrovivienda, terminaron inundados por aguas negras durante la última ola invernal que padeció la ciudad.
“Resultaba irónico que estas familias, no solo estuvieran padeciendo por culpa de las lluvias, sino que en pocas semanas les fuera a llegar el recibo del agua por parte de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá”, asegura el ingeniero Luis Villarreal López, director del programa de Ingeniería Industrial de esta universidad.
El raciocinio de Ana María Mora, Karen Maldonado y Leidy Monroy respondía a una reflexión: si la ciudad tuviera la capacidad de recoger y utilizar el agua lluvia, no solo reduciría los riesgos de inundación a los que miles de familias se enfrentan, sino que además se les podría proveer, a esas mismas familias, agua potable a muy bajo precio.
Con esto en mente y acompañadas por el profesor Diego Fernando Sánchez, las estudiantes se dieron a la tarea de diseñar un sistema de recolección de agua lluvia que, eventualmente, pueda ser utilizado en un hogar, en un conjunto de propiedad horizontal o incluso en el sector privado.
El proyecto aún es incipiente y, hasta ahora, el grupo de trabajo en la Manuela Beltrán tan solo ha desarrollado el prototipo de un tanque recolector que aún no ha sido construido a escala real. Sin embargo, el proyecto ha servido de oportunidad para comenzar a establecer la potencialidad de un recurso que, hasta el momento, no ha sido utilizado en Colombia para otra cosa que para la generación de energía eléctrica en los embalses del país.
Hasta el momento, las investigaciones realizadas por estos ingenieros arrojan datos que, cuando menos, son curiosos y provocativos. “En Bogotá, según datos del IDEAM, llovió el año pasado 688,2 litros por metro cuadrado”, explica Villareal. “Bogotá tiene una superficie aproximada de 300 kilómetros cuadrados, es decir, que el año pasado llovieron aprox. 206.460 millones de litros”.
Si uno llevara esas cifras al extremo de la imaginación –y por extremo Villarreal quiere decir que se cubra la totalidad de la superficie de Bogotá para recoger cada gota que cae anualmente sobre ella-, los resultados del ejercicio serían extraordinarios, ecológicos y y en extremo bondadosos para el bolsillo. Asumiendo que Bogotá tiene 7.5 millones de habitantes, a cada habitante de esta ciudad le corresponderían 27.528 litros por año de agua lluvia (¡550 días de abastecimiento!, si se tiene en cuenta un consumo mínimo vital de 50 litros diarios).
Más aterrizado a lo realizable, el equipo de la Manuela Beltrán ha llegado a conclusiones igual de interesantes. Según sus cálculos, si un hogar cualquier instala un recolector de agua lluvia de 500 litros, por un precio de 684 mil pesos y una vida útil de 35 años, podría llegar a reducir en un 30% la cantidad de agua que le compra a la Empresa de Acueducto y Alcantarillado. Para una familia de estrato 3, con un consumo de agua regular, podría implicar un ahorra mensual de $24 mil pesos.
Villarreal explica que el proyecto aún está en sus primeras etapas. Ahora sus alumnas en el programa de Ingeniería Industrial, que ya están por graduarse, enfrentan el verdadero desafío: lograr que el tanque funcione y que sea comercializable, para lograr que, algún día, una oleada invernal no sea vista como una maldición para miles de barrios en Bogotá.