¿Cuál es su diagnóstico del año pasado en materia de seguridad?
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En Bogotá, nueve de once delitos de alto impacto están mejorando. Eso no es una opinión, son los datos. Hay desafíos de seguridad en la ciudad, eso es claro. Unos desafíos que se construyeron durante los últimos seis años: desde la pandemia y posteriormente. En el primer año en la Secretaría de Seguridad llegamos a ordenar, y en el segundo a empezar a dar resultados, y estamos cumpliendo. Y el esfuerzo que ha significado lograrlo en este contexto nacional ha sido enorme. Bogotá no se puede analizar como si fuera un planeta en otro sistema solar. Esta ciudad está inmersa en un país con problemas muy graves de seguridad.
Sin embargo, persiste la idea de que Bogotá vive una crisis de seguridad...
Cuando revisamos los indicadores no aparece esa crisis de la que todo el mundo habla. El año pasado, cuando faltaban apenas horas para cerrar el año, no había un solo policía muerto en Bogotá. No hubo atentados terroristas. Mientras aquí bajaron nueve indicadores, en otras ciudades como Cali los homicidios superan los 100 casos adicionales. Entonces, cuando se dice que Bogotá está en crisis, pregunto: ¿comparada con qué?
¿Cómo se explica entonces esa brecha entre cifras y percepción?
La percepción en las encuestas es una fotografía en el tiempo que se construye sobre cuatro variables. La primera es la impunidad, que no depende del gobierno distrital. La segunda es la drogadicción, entendida como el consumo visible de drogas en el espacio público, que la gente rechaza desde hace más de 30 años. La tercera es el vandalismo asociado a protestas y bloqueos, y la cuarta es el hurto, que, aunque es un problema histórico, incluso ese lo hemos logrado bajar durante dos años consecutivos.
En términos concretos, ¿qué delitos de alto impacto registran reducción?
Hoy tenemos 52 homicidios menos que el año pasado. Eso es una reducción real, no discursiva. En hurto, llevamos dos años consecutivos a la baja. Además, este es el período entre 2020 y 2025 con las mejores reducciones en indicadores de seguridad. Todo esto, además, con el menor número de policías desde 2012.
¿Cuáles son los delitos que no han logrado reducir?
Violencia intrafamiliar y lesiones personales. Son delitos con raíces sociales muy profundas. Están relacionados conl consumo de alcohol, incapacidad de resolver conflictos y pérdida de normas básicas de convivencia. Ahí, más que reducir, lo que hacemos hoy es contener. Para bajarlos se requieren transformaciones sociales que van más allá del sector seguridad.
En 2025 también se habló de un aumento en los secuestros en Bogotá. ¿Qué está pasando con ese delito?
El incremento que aparece en los registros no corresponde a un aumento real en la ocurrencia de secuestros, sino a un cambio en la forma de clasificación. Lo que hicimos fue tomar una decisión técnica: los llamados paseos millonarios, que antes se contabilizaban como hurtos calificados, pasaron a ser registrados como secuestros, porque en la práctica lo son. Eso, automáticamente, mueve los números. Cuando uno hace la comparación correcta, es decir, comparando secuestro con secuestro, los casos bajan. En 2024 tuvimos seis secuestros y en 2025, cuatro. A eso se le suman 22 casos adicionales que antes estaban en hurto y hoy están correctamente tipificados como secuestro.
¿Y la extorsión?
La extorsión es un delito muy sensible a la denuncia. Cuando la gente denuncia más, los registros suben; cuando denuncia menos, bajan.
En este momento las denuncias han disminuido, pero eso no significa que estemos desestimulando la denuncia. Lo que hemos hecho es golpear las estructuras de extorsión. Capturamos a extorsionistas, los llevamos ante la justicia, pero mientras no cambien las reglas de juego, es decir, las leyes, el control carcelario, este seguirá siendo un delito que exige una acción constante.
¿Qué avances hubo en tecnología y capacidades?
Entraron en funcionamiento 80 cámaras LPR para identificación de placas. Mejoramos la disponibilidad del sistema de cámaras existentes y fortalecimos el C4. Antes de comprar más tecnología, nos concentramos en hacer funcionar bien lo que ya había, porque sin conectividad no sirve de nada comprar miles de cámaras.
¿Qué pasó con las cámaras LPR que faltan por instalar?
Es un problema de conectividad que seguimos resolviendo. Ese es un contrato que heredamos, que es muy complejo de ejecutar. La ciudad carecía de redes para conectar los dospositivos, adicional a la falta de planificación de la ubicación de las mismas, hemos tenido que ajustar, pero ya estamos a punta de terminarlo y pasar a una nueva compra de cámaras.
De cara a 2026, ¿cuáles son los retos?
2026 es un año complejo: elecciones, riesgos de inestabilidad, presión de grupos criminales y eventos masivos como el Mundial. Estamos planeando desde ya. Llegaron 1.000 policías adicionales y esperamos 700 más en marzo. No es todo lo que necesitamos, pero mejora sustancialmente la capacidad de respuesta.
¿Cree que Bogotá sí camina segura?
Bogotá camina segura no significa que sea una ciudad sin problemas ni que aquí no pase nada. La capital tiene retos de seguridad grandes y presiones muy fuertes que vienen del país. Lo que significa es que la ciudad dejó de deteriorarse, revirtió la tendencia y hoy está construyendo un camino de mejora que es sostenible en el tiempo. No es una solución mágica ni inmediata, pero sí es una evidencia de que Bogotá está construyendo un anticiclo. Eso está probado con datos.
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