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6 Sep 2020 - 2:00 a. m.

Bogotá, en prueba piloto

La pandemia desnudó una realidad para la que nadie estaba preparado y transformó la cotidianidad de la mayoría. Ahora se vive una “nueva realidad” desde esta semana, pero quedan muchos aprendizajes para lo que viene.
San Victorino, epicentro de la economía popular, es por ahora la zona que más preocupa en cuanto a malas prácticas de bioseguridad.
San Victorino, epicentro de la economía popular, es por ahora la zona que más preocupa en cuanto a malas prácticas de bioseguridad.
Foto: Mauricio Alvarado

Un virus logró lo que no pudo hacer nada ni nadie: frenar en seco el vertiginoso ritmo de la mayoría de los bogotanos, que se resumía en madrugar, despachar a los hijos, salir a pelear codo a codo un cupo en el bus, renegar al entrar, viajar más de una hora, renegar al salir, llegar al trabajo, terminar la jornada, llegar a casa, revisar las tareas de los hijos, cocinar para el otro día y dormir para repetir la operación al día siguiente. Y el fin de semana algunos salían a hacer deporte, a planes culturales o a almorzar en un atestado centro comercial, para luego esperar el lunes.

Las rutinas, el estrés, los trancones, la indiferencia, la automatización… todo lo cambió el COVID-19, que llegó en marzo y derivó en una situación para la que pocos estaban preparados: el confinamiento. Con el tiempo esa situación brindó la posibilidad de, por ejemplo, trabajar y al tiempo acompañar a los hijos en su jornada escolar, o también olvidarse de las horas pico y ver pasar la vida en cámara lenta. Y a pesar de sus bondades, muy pocos se acostumbraron.

Fueron cinco meses de cuarentenas estrictas, restricciones para comprar, zonas de cuidado especial, aislamiento para obesos, ancianos y diabéticos, y este mes, finalmente, los ocho millones de capitalinos tienen las puertas abiertas para salir, adaptarse y, especialmente, reaprender de una nueva ciudad, que está en prueba piloto. En los próximos meses, cada esfera de la cotidianidad estará en evaluación, a la luz de los datos de contagios, hospitalizados y muertos por el virus.

Las cifras siguen siendo altas, con más de 220 mil casos y casi 6 mil fallecidos. Sin embargo, la velocidad del contagio se redujo: hay más recuperados y los hospitales no están con alerta de colapso. Pero lo visto en esta semana de “nueva realidad” demostró la ansiedad de muchos por recuperar el tiempo perdido y que otros no aprendieron la amenaza que representa el virus. Por eso los meses que vienen serán complejos, no solo por las limitaciones, sino porque espantar el fantasma de otro confinamiento depende de la disciplina y el autocuidado de la gente.

Regreso controlado, un desafío

A pesar de que el plan del Distrito, con sus medidas y pruebas pilotos para la nueva normalidad, busca que en las calles no coincidan más de cuatro millones de personas, para nadie es un secreto que no será tarea fácil. Así se evidenció el primer fin de semana de “libertad condicional”, cuando volvieron los trancones, el comercio informal se volcó a las calles y se registraron aglomeraciones en sectores de economía popular, como San Victorino, La Gaitana y el 20 de Julio.

Además de la ansiedad de muchos por abandonar las cuatro paredes, detrás de lo ocurrido está el drama de quienes realmente deben salir. Se trata de un sector anulado de los planes pilotos, pero que resume la crudeza de la pandemia: los desempleados, que vienen en aumento. Bogotá tiene 4,7 millones de personas económicamente activas, de las cuales, antes de la pandemia, 4,2 millones estaban laborando (89 %) y 512 mil (11 %) no. Hoy, la última cifra del DANE dice que el desempleo llegó al 25,1 %, que se traduce en más de 1,3 millones de capitalinos de brazos caídos. Estos ciudadanos se sumarán a los que no tienen impedimentos para salir (servicios esenciales y construcción) y en algún momento desbordarán el aforo en la calle.

Nueva dinámica del transporte

Con muchas personas en las calles, la movilidad poco a poco será la de antes. En primer lugar están quienes deben viajar en transporte público (uno de los focos de contagio) y especialmente en Transmilenio (TM), columna vertebral del transporte. Hasta principios de marzo, el sistema movía 2,5 millones de pasajeros al día. El hacinamiento en horas pico (siete personas por metro cuadrado), derivaba en poca cultura ciudadana, robos y acoso sexual. Con la reapertura, el sistema y sus dinámicas se reactivan, pero con diferencias. Para empezar, como los tres componentes del sistema (TM, SITP y cable) deben operar al 50 %, ahora es más difícil viajar sentado en un bus. En teoría, los biarticulados solo podrán transportar a 125 pasajeros y los articulados 80, para garantizar el distanciamiento.

Por ahora, lo que se ha visto es que en las mañanas el sistema de ingreso escalonado a los sitios de trabajos ha permitido que esa hora pico se diluya, así como la incomodidad de la gente, con lo que temporalmente se sofoca una de las principales críticas contra el sistema. Incluso, en un gran porcentaje se respeta el distanciamiento y ya no hay peleas por puestos. Por la noche las cosas cambian, pues muchas empresas siguen dejando que la salida coincida con las horas pico, y de ahí las múltiples imágenes de buses llenos.

Pero el aforo sigue controlado y, suponiendo que siga así, sería la oportunidad para tratar de moldear el comportamiento de los pasajeros. Por ejemplo, hasta el momento se ha logrado ordenar el ingreso y la salida de los buses, que podría reducir hurtos y abusos. No obstante, con menos de 2 mil policías en el sistema, en cualquier momento las concentraciones se trasladarán fuera de las estaciones, con lo que llegará la imposibilidad de controlar el aforo, los colados y que todos cumplan las normas de prevención.

Cambia el trabajo

La nueva dinámica laboral también será un aprendizaje. Todas las empresas tendrán que distribuir de nuevo el personal, además de implementar todos los protocolos de prevención, con control de temperatura y aumento de zonas de desinfección y lavado de manos. Por su parte, los empleados estarán obligados a portar tapabocas en la jornada, mantener el distanciamiento, por muy amigos que sean, y a la hora de almuerzo establecer horarios para evitar aglomeraciones.

Quienes salen a almorzar sí que encontrarán una nueva realidad. Ahora las plazoletas de comidas tendrán que reducir el aforo y disponer las mesas de tal forma que la gente tenga espacio suficiente. Y habrá que comer con más rapidez, eliminando las largas tertulias del almuerzo, no solo para dar paso a otros que buscan mesa, sino para que se puedan desinfectar.

Los nuevos fines de semana

Los amantes del deporte y las actividades al aire libre tienen de nuevo su espacio con la reactivación de la ciclovía y las actividades que se desprenden de esta. También se evidenció que un grupo grande extrañaba salir a pedalear, patinar o trotar, pues casi dos millones de personas estuvieron en el primer día de ciclovía. Los parques de nuevo se vieron concurridos y en total recibieron 732.600 visitantes. Por su parte, hace ocho días subieron a Monserrate 5.200 personas.

Esto evidencia la falta que a muchos les hacía salir a tomar aire, pero a pesar del balance positivo es importante que los amantes de estos planes recuerden que el principio sigue siendo la autorregulación debido a que son actividades que se hacen en grupos familiares o de amigos. “Estamos felices de ver la acogida con la reapertura de los parques, el sendero de Monserrate y la ciclovía. Solo podemos dar gracias a los ciudadanos, pero es clave no bajar la guardia. Debemos cuidarnos al disfrutar de estos espacios”, dijo la directora del IDRD, Blanca Durán.

Ensayos a cielo abierto

Los amantes de los centros comerciales y de salir a comer tuvieron su espacio con el piloto de restaurantes a cielo abierto, que inició el jueves y se extenderá hasta diciembre. Por ahora hay 4.500 puntos que reabrieron, lo que significó la reactivación de 33 mil empleos, en una experiencia que evidenció que es posible redistribuir los espacios públicos de la ciudad para dar lugar no solo a una nueva experiencia de gastronomía, sino a actividades de arte y cultura.

Carolina Durán, secretaria de Desarrollo Económico, celebró los primeros resultados del piloto, pero enfatizó en que la corresponsabilidad y el civismo son el 50 % del éxito de la estrategia, lo que obliga a los ciudadanos a regularse y, por más que estén con su pareja o sus hijos, no quebrantar los protocolos. Asimismo, quedan en el aire las múltiples críticas que ha recibido el programa por enfocarse en zonas de estrato alto, pero la explicación es que esta iniciativa solo es posible en sectores con amplios espacios públicos, que no es precisamente una característica de la mayoría de los barrios populares.

Las plazas de mercado también retornan de a poco, con un piloto que lidera la plaza de La Perseverancia. Allí se reactivaron 18 restaurantes, con innovaciones de limpieza, de cocina, de servicios y de domicilios, que luego se extenderán a otras plazas. Sin embargo, así no esté habilitada la plaza de mercado más cercana a su casa, es válido recordar que siguen funcionando mediante domicilios.

Comercio informal, control pendiente

El Distrito dispuso los lineamientos para que los vendedores informales, que tanto reclamaron retomar sus actividades, volvieran al espacio público. Para hacerlo, se establecieron días, zonas y horarios (entre miércoles y domingo, de 5:00 a.m. a 9 p.m., en 21 sectores de 14 localidades). Una de esas zonas es la de San Victorino, donde trabajan 1.500 comerciantes en 52 centros comerciales, y además mil vendedores informales.

El miércoles, cuando coincidía la reactivación con las otras actividades, fueron noticia las aglomeraciones en el sector, además del incumplimiento de temas que son básicos, como el uso adecuado del tapabocas. Libardo Asprilla, director del Instituto Para la Economía Social (IPES), señaló que “accedimos a una apertura casi total, pero bajo el compromiso de que todos debían autorregularse y no había necesidad de ejercicios coercitivos. Desafortunadamente el miércoles todos quedamos sorprendidos con las aglomeraciones”.

Por eso, el Distrito llamó a los comerciantes formales e informales a una nueva mesa de diálogo, para revisar la necesidad de volver a actuar conforme a lo planteado en los compromisos. “Deben entender que tienen que aplicar las medidas de autocuidado y por eso se va a reforzar la presencia institucional, para verificar el cumplimiento de las medidas acordadas”, agrega Asprilla, a quien le preocupa, además de San Victorino, zonas como San Cristóbal, La Gaitana, 20 de julio y La Victoria, donde también hubo problemas, pero fue más fácil llegar a acuerdos para garantizar el buen comportamiento.

La velocidad de la ciudad en lo que resta del año será la de un carro recién reparado: con cautela y sin llevarla a fondo. Aunque se puede salir, la recomendación es que, si puede seguir trabajando desde casa, hágalo. Convierta su hogar en su búnker unos meses más y siga acompañando a sus hijos en el proceso educativo, pues el regreso a clases se demorará. Aunque se habla de planes para un regreso, maestros, sindicatos y padres coinciden en que no es una medida prudente, menos cuando se pronostica un nuevo pico de contagios para noviembre.

Pero si debe salir, hágalo en los días establecidos y con todas las medidas de protección. No olvide que el virus sigue siendo una amenaza, y la idea es evitar que más de cuatro millones estén al tiempo en las calles. Ahora, más que nunca, acostúmbrese al tapabocas, a lavarse las manos y a aplicar las sugerencias que vienen martillando las autoridades desde el comienzo de la emergencia. Seguro algunas medidas podrán incomodar, como cuando se disminuyó la velocidad máxima de las principales avenidas de Bogoá a 50 kilómetros. No obstante, a la larga el efecto es el mismo: salvar vidas.

Éxodo de viajeros, bajo observación

Desde que inició la reactivación, en Cundinamarca hay alerta por un posible éxodo masivo de capitalinos hacia municipios turísticos con baja afectación por el virus. Se han hecho mediciones para evaluar posibles medidas como pico y placa. Esta semana se registró una movilidad aproximada de 564.000 vehículos por vías del departamento, lo que representa un incremento del 15 % respecto a la semana pasada.

Solo el viernes, a pesar de que no era festivo, salieron 57.000 vehículos, es decir que hubo un incremento del 9 %, que aún no es suficiente para tomar medidas. En cuanto a las terminales, salieron 63.545 pasajeros en 11,468 buses.

Redacción Bogotá

Por Redacción Bogotá

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