6 Aug 2015 - 2:52 p. m.

Bogotá, la capital que piensa en verde

La descontaminación de los humedales, el reciclaje de las llantas y hasta la creación del bosque urbano más grande de Latinoamérica son los proyectos que han puesto a Bogotá como una de las ciudades líderes en políticas ambientales.

Redacción Especiales

 

La conciencia ambiental de Bogotá cambió. Después de haber contaminado durante varias décadas nuestras fuentes de agua, de haber provocado una gran polución, de volver todo color cemento, de subir los niveles de ruido hasta más no poder y de otorgar a privados muchas de las riquezas naturales, pasamos de siglo y por fin empezó un cambio, que a fin de cuentas aclamaban todos.

La capital del país se puso las pilas y comenzó a generar proyectos, que no son solo reconocidos em el país, sino también alrededor del mundo. Se empezó a pensar en verde. Se armaron estrategias que mitigarían el impacto de la contaminación y de un fenómeno que, aunque se nombra mucho y algunos incluso lo subestiman, ya no tiene reversa: el cambio climático.

Buses con tecnología híbrida comenzaron a recorrer las calles capitalinas. Techos adornados de vegetación empezaron a ser parte de este paisaje. Los productos que no son orgánicos se tuvieron en cuenta y fueron reciclados, para darles una vida útil más allá del motivo por los que fueron creados. Arrancó el proyecto de crear parques y cuidar las reservas que ya tenían, pero habían olvidado. Y así Bogotá durante este siglo ha estado tratando de establecer normas que contribuyan a mejorar la calidad de vida de sus habitantes, que ahora son conscientes de las ventajas de tener un mejor medio ambiente: se respira mejor, se utiliza el agua potable, que en otros países es tan escasa; se limpian las zonas verdes y se cuidan para que todos les saquen provecho.

Claro, hay también que admitir que falta camino por recorrer, pero los logros ya son pasos de gigante y así lo ha reconocido el mundo, que ha puesto a Bogotá como anfitrión de los más importantes eventos de medio ambiente, como el Diálogo de Alto Nivel de Río+20, y la han galardonado con premios internacionales, como el de Liderazgo Climático y Ciudad, del C40 (Grupo de Liderazgo del Clima de Grandes Ciudades) y Siemens.

La nueva noticia, según la Secretaría de Ambiente, es que en septiembre de este año se llevará a cabo la Cumbre de Bogotá (20 al 23 de septiembre de 2015), que busca convertirse en la alianza latinoamericana, desde la sociedad civil y los gobiernos locales, más importante como preparación para la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP21), que tendrá lugar en París (Francia) en diciembre de este año. Ante este hecho, el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, aseguró que “el diálogo por el cambio climático no puede ser solo entre estados y naciones, sino entre ciudades, que son las que enfrentan sus consecuencias”.

Y aunque todo suena muy bien, es imposible no nombrar el recorrido que falta. El Distrito debe cumplir con las órdenes del Consejo de Estado, que obligó a las autoridades a limpiar el río Bogotá y a proteger lo que queda de los cerros orientales. Una orden que además de complicada resulta costosa, pero que debe ser cumplida por el bienestar de los ciudadanos.

A continuación les mostraremos algunos de los proyectos en los que el Distrito ha avanzado, ha obtenido buenos resultados y con los que ha demostrado que la ciudad puede ser diferente y acoplarse a las nuevas condiciones en las que se encuentra el mundo de una manera novedosa y sostenible.

Por un enorme bosque urbano

La lucha por recuperar los predios de la Reserva Forestal Thomas Van der Hammen, lugar donde se conecta el río Bogotá con los cerros orientales, ha sido ardua. Durante años, estos terrenos les pertenecieron a privados y solo este año, a través de dos resoluciones de la Empresa de Acueducto de Bogotá y la Secretaría de Ambiente, se declararon como suelo de utilidad pública 1.228 hectáreas de las 1.395 que conforman la reserva. Al expedir esta norma, los dueños actuales deberán venderle al Distrito sus lotes, ubicados en las localidades de Suba y Usaquén. Con la adquisición de estos predios se evitaría la expansión urbana sobre la sabana de Bogotá, para contener la conurbación con Chía y Cota, y se logrará llevar a cabo el proyecto que busca convertir esta zona en el bosque urbano más grande de Latinoamérica.

Hacia un transporte sostenible

Bogotá ha buscado de todas las formas ser una ciudad que quiere, a corto plazo, intensificar el uso de los medios de transporte sostenibles y amigables con el medio ambiente. Por eso, una de sus estrategias ha sido la adquisición de 209 buses con tecnología híbrida, que circulan por la carrera Séptima y que funcionan con motor eléctrico a diésel, evitando la contaminación del aire. Otro medio de transporte que se ha impulsado es la bicicleta. Este año hubo un hecho sin precedentes: por primera vez Bogotá tuvo dos días Día sin Carro en menos de seis meses, en los que se incluyó a las motos dentro de la restricción. Durante esos días se redujeron las emisiones de monóxido de carbono en un 60% y se aumentó el uso de la bicicleta a un 175%.

Rescatar los humedales

Durante años, los humedales de la ciudad fueron maltratados por algunos ciudadanos y olvidados por el Distrito. Muchos de ellos fueron víctimas de las basuras, los escombros y los vertimientos industriales que contaminaron sus espejos de agua y afectaron a decenas de especies que habitaban allí. Aunque tarde, las autoridades se dieron cuenta de los beneficios ecosistémicos que ofrecen y decidieron recuperar 69 kilómetros, con una inversión de $63.000 millones. Córdoba, Amarillo y Salitre fueron algunos de los intervenidos por el Distrito. Pero este no ha sido el único esfuerzo. Todos los actores de la sociedad se han juntado para declarar varias zonas como parte del grupo de humedales de la capital, como el Tunjo y la Isla.

Más techos verdes

Ahora es usual ver que desde los paraderos de los buses hasta los techos de los edificios están cubiertos de vegetación. En Bogotá hay 14.021 metros cuadrados de techos verdes y jardines verticales, que no solo adornan la ciudad, sino que también cumplen con la función de mitigar los efectos del calentamiento global. Estos absorben dióxido de carbono y filtran partículas de polvo, mejorando así la calidad del aire. También retienen el agua lluvia y disminuyen la cantidad de líquido que llega hasta las alcantarillas. Por estos beneficios, la Secretaría de Ambiente decidió liderar un programa que les diera un giro a las prácticas urbanísticas y sobre todo creara una nueva cultura, en la que el eje central es el cuidado del medio ambiente, así sea en la ciudad.

Propuesta para las llantas usadas

Desde hace tres años se ejecuta en Bogotá un plan piloto que obliga a todas las personas o empresas que ejecuten la construcción de obras de infraestructura del transporte urbano a utilizar las llantas usadas, en un porcentaje no inferior al 5% de metros cuadrados por cada contrato. La decisión se tomó después de que el Distrito realizara un diagnóstico en el que se determinó que en la ciudad hay alrededor de 2,5 millones de llantas usadas y muchas de ellas están tiradas en las calles, produciendo una grave contaminación ambiental.
Por los buenos resultados, el Gobierno Nacional decidió incluir esta iniciativa en la nueva reglamentación para todas las ciudades del país.

Recuperación de quebradas

Son al menos 44 las quebradas que han sido intervenidas por el Distrito para ser recuperadas. No cabe duda de que es tal vez una de las más arduas labores ambientales, si se tiene en cuenta que su rescate se puede tardar hasta cinco años y cada kilómetro cuesta entre $1.500 y $7.000 millones. La técnica que se utiliza es conocida como la renaturalización, que consiste en no canalizar o entubar, sino liberar las quebradas de los residuos sólidos y líquidos y recuperar su corredor ecológico, para que la ciudadanía pueda realizar actividades de recreación pasiva. Según la Secretaría de Ambiente, la meta es recuperar 57 kilómetros de quebradas capitalinas.

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